Tierra Jalq’a, la cultura viva en el Distrito 8 de Sucre

Foto: Melina Valencia Achá
Los pliegues circulares del Sinclinal de Maragua, que puede ser vista a plenitud desde varios miradores del Distrito 8.

(7Días).- Tejidos, formaciones geológicas y restos fósiles de diferentes eras son los tesoros que resguardan los pobladores de la cultura Jalq’a en el Distrito 8 del municipio de Sucre, al noroeste de la ciudad capital.
 
En esta región rural, descendientes del señorío quechua (hace 350 años) ostentan tejidos de tonos oscuros, casí siempre rojo y negro, que expresan el inframundo (mundo de abajo) que sueñan las tejedoras, por ejemplo figuras de animales denominados Khurus.

Los jalq’as se caracterizan por la vestimenta blanca de los hombres, con franjas negras en las magas de su camiseta y el poncho oscuro. La mujer siempre con axsu negro (vestido tejido a mano) con franjas coloridas bordada en los bordes. Ambos llevan un solo tipo de sombrero blanco, en forma de bombín.

Se dedican a la agricultura y la crianza del ganado ovino (ovejas y cabras) principalmente, algunos cuentan con vacas para las tareas del arado y otros tienen caballos. 

Para recorrer el territorio de los jal’qas (que están en el municipio de Sucre) existen dos rutas, la primera ingresando por Chataquila, por el camino que dirige hacía Ravelo; la segunda opción es por la ruta sudoeste, camino de tierra y curvas cerradas de subida y bajada. 

La primera parada es el pueblo de Quila Quila, a 27 kilómetros de Sucre, donde las casas con techo de paja combinan con las terrazas agrícolas. En el trayecto ya se visibiliza las formaciones geológicas en los cerros con tonos morados, violetas, rojizos, resultado de la oxidación de minerales existentes en el lugar. 

El trinar de los pájaros, que vuelvan en bandadas, entre ellas de la especie torcaza, y alguno que otro colibrí, acompañan el recorrido hacia Irupampa, unos 20 kilómetros más. Allí se observa la construcción de casas con piedra caliza que tienen la forma casi cuadrada. Se cree que este material existe desde hace más de 3.000 millones de años, desde la era precámbrica.

Desde Irupampa es visible el Sinclinal de Maragua o Cráter de Maragua, denominado así para el turismo, una formación geológica natural de la era cretácica y la terciaria. Tiene una extensión de ocho kilómetros de diámetro.“Se ha formado hace 50 millones de años, cuando se unió la placa de Nazca y la placa Sudamericana y empieza a surgir Los Andes. En este lugar (Maragua) también empieza a haber transformaciones que hacen al hundimiento y las formas circulares (del sinclinal) por la erosión que hubo en ese tiempo”, explica el presidente de la Sociedad Científica, Universitaria de Paleontología (Sociupa), y en la oportunidad guía de la Dirección de Turismo del Municipio de Sucre, para el recorrido de 7Días, en el Distrito 8. 

La extraordinaria vista panorámica del cráter se hace cada vez más visible a medida que uno avanza hacia la comunidad de Maragua —que está enclavada en la formación geológica—,  a simple vista parece una especie de concha marina. 

“Dicen que es ombligo del mundo, seguramente vivieron animales de agua hace miles de años, estuvieron los dinosaurios”, comenta Crispín Ventura un comunario jalq’a que nos recibe en su modesta casa, donde se encuentra un museo rústico de piezas arqueológicas y algunos objetos típicos del lugar. 

En el ingreso a su casa, un letrero  que reza “Museo Apus” con figuras de los khurus (animales míticos) da la bienvenida. “Aquí producimos trigo, papa, maíz, trigo, quinua, arveja, haba, solamente no tenemos grandes terrenos, así vivimos. Somos 75 afiliados, la mayoría ya está viviendo en la ciudad, unas 48 familias nomás están viviendo”, manifiesta Crispín, mientras demuestra su hospitalidad y comparte con los visitantes un plato de maíz, mote y papas hervidas. 

Relata que desde niño, cuando se quedó sin padre y madre, se interesó por la investigación, empezó preguntando a los curanderos del lugar sobre las plantas medicinales, luego se introdujo en el mundo de los tejidos y se formó con antropólogos de la Fundación para la Investigación Antropológica y el Etnodesarrollo -Antropólogos del Surandino (ASUR).

“Sin estudiar conocí la base de la arqueología y la antropología, así me forme y trabaje. Hacíamos excavaciones, ya no era como cavar papa, sino detalle por detalle”, recuerda Crispín.  

Su formación autodidacta y los conocimientos que adquirió desde niño le permitieron viajar a otros países; anuncia que en agosto un periódico europeo publicará una entrevista con él. “Así tenemos que hacer conocernos y hay que levantar nuestra sabiduría a todo el mundo”, dice.

Los turistas llegan a su casa para conocer el museo y también compartir con Crispín, quien interpreta todo tipo de instrumentos, por lo que ya ha formando un grupo musical con algunos familiares y amigos de Irupampa. 

Al son de un jatun charango, quena, flauta y otros instrumentos con melodías de la región ofrece su repertorio, en medio de una pequeña fogata, a los turistas que pernoctan en las cabañas de Maragua. 

En el museo que funciona hace tres años se exponen restos de cocodrilos prehistóricos, conchas marinas, instrumentos de arado antiguos, algunos tejidos, topos (prendedores) de la vestimenta de mujer, además de fósiles que fueron recolectados en los alrededores. 

De allí, los visitantes pueden acceder a las cabañas de Maragua, que cuentan con habitaciones, cocina, salas y servicios básicos construidos con piedra caliza. Allí también se ofrece alimentación con productos típicos del lugar como trigo, ají y buñuelos que se elaboran con harina de maíz. 
Los comunarios de la región se turnan para la administración del albergue. Los costos son económicos. 

“Yo veo que llegan turistas todos los días, creo que les atrae la geografía que tiene, ellos buscan el cráter, yo les explico, ‘estás en el centro del cráter, en Maragua’”, manifiesta en director de la Unidad Educativa, Virgilio Enríquez. Allí hay 186 estudiantes que se preparaban para el descanso pedagógico, en época de invierno. Un bus escolar los esperaba para llevarlos a sus comunidades. 

El profesor está hace cinco meses y asegura que, según la Ley 70 Avelino Siñani-Elizardo Pérez, aplican la enseñanza y fortalecimiento de su cultura. Es así que en la fachada de la infraestructura educativa se pintan a los khurus característicos de la cultura Jalq’a en sus tejidos. 

MÁS HUELLAS

Nos alejamos de Maragua para seguir el recorrido a la localidad de Potolo, en una curva del camino de tierra, en la ladera de un cerro se encuentran estampadas las huellas de terópodos, saurópodos, ornitópodos y saurópsidos que fueron descubiertas en 1998 por la Sociedad Científica de Paleontología de la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca.

“Son cuatro grupos de huellas similares a las que se encuentran en Cal Orko”, asegura Daza. 

Señala que desde la Dirección de Turismo se está trabajando en la revalorización de las zonas paleontológicas del Distrito 8, que debido a la erosión van aumentando la visibilidad de las huellas, que todavía a simple vista no es posible detectarlas. 

UN CENTRO DE INTERPRETACIÓN 
Sigue el camino de tierra y continúa el viaje hacia Potolo, que se encuentra emplazado en medio de hermosas serranías  y rodeada por el río que lleva el mismo nombre. El pueblo está más poblado que en otras comunidades, su pintoresca y amplia plaza 15 de Agosto recibe a los visitantes, en el medio se erige el monumento a los líderes Alejandro Cabero Bernal y Mariano Mostacedo Vasquez por su lucha sindical para el desarrollo de la cultura Jalq’a, señala la placa recordatoria. 

A un costado de la plaza, en la puerta del Centro de Interpretación, reposan piedras con huellas de dinosaurios incrustadas. Fueron rescatadas de un cerro donde se construye una represa, hace una semana fueron trasladas al pueblo. 

Esperanza Mostacedo Cruz es la guía y reposansable del lugar, y nos invita a conocer un poco de la cultura, y como se inscribe en toda la región siempre están presentes la simulación de tejidos tanto de la mujer como del varón Jalq’a, que teje con colores vivos las figuras de animales grandes o seres extraños que visionan en lugares de neblina o solitarios.
 
En otro espacio, se conoce de las danzas tradicionales como la Liberia, que se baila entre agosto y septiembre para la fertilidad del ganado menor, para ello se utiliza la flauta, la curva y el tambor. 

También se rescata la danza de Los Monos, que es interpretada por algunos músicos y actores cómicos que salen a bailar para las fiestas de algunos santos, hacen bromas y divierten a los asistentes, nadie puede enojarse con ellos, aunque entre sus travesuras está entrar a las casas y robarse los huevos. Visten con dos colores contrarios, asociados con la ruptura del orden. 
Allí mismo se tienen un pequeño consultorio y un museo de Medicina Natural donde se aprecia las bondades curativas de la flora de la región como la cola de caballo, la muña, cedrón y otros. 

Para los jalq’a, según explican en el museo, el origen de muchas enfermedades es misterioso. La concepción tradicional de la salud no distingue entre males de tipo mágico o sobrenatural y otras de tipo natural, es unitaria como un sistema de relaciones entre el cuerpo, sus varias almas, la sociedad y el cosmos llenos de seres tan vivos y reales como partes inseparables que componen un todo. 

“Al día vienen dos o a veces una persona, pero esperamos que lleguen más”, dice Esperanza. “Quiero que el museo mejore más para que llegue más gente, el ingreso es solo 10 bolivianos”, añade.

Esperanza revela que también abrirán una tienda de tejidos, en Potolo son más económicos, asegura, sin embargo advierte que las tejedoras tardan hasta seis meses porque se dedican a otras actividades, y su obra de arte es herencia de sus ancestros, por ello cada pieza es singular, ninguna se repite. 

CAMINO DEL INCA 
Pasando por la localidad de Chaunaca, rodeada de los ríos Potolo y Ravelo, se puede acceder al camino del inca, que tiene una extensión de cuatro kilómetros; una persona puede demorar dos horas en recorrerla (de bajada), desde Chataquila hasta Chaunaca, a 3.600 msnm. Fue el camino prehispánico por donde se transportaba productos en llamas, que fue restaurado hace 10 años sin cambiar el empedrado que se conserva hace miles de años. Se dice que Chataquila fue un antiguo adoratorio prehispánico.  

Un poco antes de llegar a Chataquila, existe un mirador, desde donde se puede visualizar la vista panorámica de Maragua, Potolo y Chaunaca, además de las terrazas agrícolas. 

En Chataquila fue encontrada una piedra con la imagen de la Virgen María o Virgen de Chataquila, para la cual se construyó una capilla en 1949, desde esa fecha la devoción va creciendo y es el lugar donde se realizan grandes ofrendas. 

Al frente de la capilla se erige el monumento a Tomás Katari, el líder indígena que fue asesinado en esas serranías por los españoles. “En es aparte de la montaña lo despeñan, lo hieren a Katari, y después de dos días muere en Chaunaca, y es enterrado en Quila Quila”, indica Daza. 

Por estos antecedes Chataquila tiene mucha importancia religiosa e histórica, por ello se construyó un pequeño teatro al aire libre donde se realizan festivales culturales. Se encuentra a 35 kilómetros de la ciudad de Sucre. 

Esta localidad puede ser el inicio del recorrido para llegar a Potolo, Maragua y Quila Quila o viceversa. 

Estas comunidades son las que guardan las reliquias del tejido, riqueza arqueológica y paleontológica de Sucre. 

“Estamos difundiendo las culturas vivas que están en el Distrito 8 donde que se caracteriza la cultura Jalq’a por su tejidos, y sus atractivos como los caminos prehispánicos, pinturas rupestres, formaciones geológicas, además del patrimonio paleontológico”, señala el director Municipal de Turismo de Sucre. 

Por: Melina Valencia Achá