Aquí no se rinde nadie y la lucha continúa

Mario Hernández

Cien mil personas marcharon desde la Iglesia de San Cayetano, patrono de los trabajadores ocupados y desocupados, hasta la histórica Plaza de Mayo a lo largo de 18 kilómetros. La CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), acompañada de Barrios de Pie y la Coordinadora Clasista y Combativa fueron las que produjeron esta acción de masas. 

Participaron trabajadores y trabajadoras ocupadas y desocupadas, campesinos, estudiantes universitari@s y secundarios, amas de casa, sacerdotes y misioneros de Francisco (con fotos del Papa y de los curas asesinados en los ‘70 como Carlos Mugica y Monseñor Angelelli). Además un largo listado de organizaciones sociales y populares como el Movimiento Evita y la Confluencia que agrupa al Movimiento Popular La Dignidad y otras organizaciones y la presencia de numerosos trabajadores y desocupados inmigrantes, sobre todo bolivianos y bolivianas, que marcharon y hasta bailaron un tinku con sus trajes típicos de fiesta. Como suele pasar en las últimas convocatorias, también se hizo evidente la presencia de muchísimos autoconvocados y de varios dirigentes de la CGT y las dos CTA, además de corrientes sindicales combativas. 

En el palco, montado de espaldas a la Casa de Gobierno, estaban el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, el sindicalista estatal Víctor de Gennaro, y un representante de la lucha de los petroleros salteños, encabezada por ‘Pepino’ Fernández. Pero el momento estelar fue cuando trepó al palco la Madre de Plaza de Mayo —Línea Fundadora— Nora Cortiñas, que se ganó los aplausos de la Plaza y a la que saludó con el puño en alto, vivando a los 30.000 desaparecidos y desaparecidas, “que hoy también están aquí, con todos nosotros y nosotras”.