La mítica tierra de plata, sangre y saqueo insaciable

Jackeline Rojas H. 

Desde mi cerro vengo Potosí Chirihuayrita con sabor a copajira, Potosí colque llajtita... es parte de la letra de Chirihuayrita, compuesta por Savia Andina y dedicada al majestuoso Sumaj Orcko, la gran montaña de plata, el Cerro Rico de la Villa Imperial.

Muchos nombres han formado parte de la historia, las letras y el mundo cultural y artístico de la tierra mítica potosina, entre ellos y en concordancia con el volumen Uno del Diccionario de Archivistas, Guardianes de la Memoria, escrita por Luis Oporto Ordóñez, se menciona por ejemplo que Potosí fue el destino preferido por los más grandes administradores de su época, entre ellos Francisco de Toledo, el más grande de los virreyes que tuvo España en sus territorios de ultramar, como denominaban eufemísticamente a sus colonias. 

Gaspar de Escalona y Agüero, padre, pidió y logró el Corregimiento de Potosí, engendró a su hijo, a quien llamó como él, y al que la historia le deparó las más grandes glorias al haber entregado a España y al mundo el Gazofilacio Real de Perú, el único tratado financiero de la época colonial que hoy por su valía forma parte de la Memoria de la Humanidad. Toledo gobernó el Virreinato de Perú mirando su imperio desde la cima del gran cerro de Potosí. El más grande de los historiadores de la Colonia que nació en la Villa Imperial de Potosí, G. Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela, deslumbró al mundo con las historias que superan la fantasía, al extremo de tejerse una leyenda negra que calificó a sus anales como mera imaginación. Arzans  se unió en matrimonio el 2 de mayo de 1701 con doña Juana de Reina, mujer quince años mayor que él. Se dice que fue autodidacta “con poca academia formal, que llenó la mente con vasta ilustración antigua y moderna”. Potosino leal como ninguno, fue austero y solidario a la vez, pues no escatimó recursos para ayudar a enfermos y enterrar algunos de los 20 mil muertos que provocó la epidemia de 1719. Llegó a ser maestro de escuela, ordenó los anales de Potosí, revisando cuanto libro se publicó en esa época, así como archivos y manuscritos de toda índole, con los que escribió su Historia de la Villa Imperial de Potosí, monumental obra que le tomó 30 años. La inició en 1705 y la terminó en 1735. El manuscrito fue enviado al Rey y reposa actualmente en la Biblioteca del Palacio del Rey en Madrid. Una copia llegó a manos del librero parisino Chadenal, en 1905, que fue adquirido por George E. Church, célebre por el empréstito que gestionó en Inglaterra en 1874, del que ni un penique llegó a Bolivia. Church donó el manuscrito a la Universidad de Brown, en Rhode Island, donde fue estudiado por Lewis Hanke y Gunnar Mendoza, que lo editaron en tres tomos en 1965. 

Un grito profundo emerge de las entrañas de la tierra y recorre por socavones, por cada bocamina, es la vida ahogada, la voz del minero entregado en cuerpo y alma a la muerte  a cambio  de la fecundidad de la tierra en su semilla. Generaciones de sangre y sudor que han nutrido al mundo con sus riquezas. Es Potosí, la Colque Llajtita, tierra de sangre y plata.

Eduardo Galeano afirmó, metafóricamente, que con toda la plata que se extrajo de las entrañas del cerro  se podía erigir un puente de plata desde la Villa Imperial de Potosí hasta la capital del Imperio español.