La Policía tiene un ‘ángel’ que ayuda a niños y ancianos

Franz Luna es reconocido por los Premios Maya.

Lionel Magne

Sin tener poderes mágicos, el suboficial Franz Luna hizo realidad los sueños de un niño y tres adolescentes, cuyas historias de vida son bastante difíciles. A fuerza de tenacidad, el oficial de la Patrulla de Auxilio Ciudadano (PAC) se convirtió en el ‘ángel del verde olivo’.

La promulgación de la Ley del Sistema de Seguridad Ciudadana, en 2012, le permitió acercarse como nunca a los más pequeños.

Con la creación de las Brigadas Escolares a nivel nacional, el suboficial Luna se hizo cargo de una de las brigadas, situada en el Distrito 5  de la zona Huayna Potosí, El Alto. Allí inició su proyecto de trabajar con los niños.

“Tenían casi la misma edad de mis hijos, entre 8 y 9 años. Llegamos a convocar a 400 brigadistas, niños y niñas del nivel primario y secundario, y pasábamos las instrucciones los días lunes, miércoles y sábado”, cuenta.

Franz Luna Calle es parte de la Policía Boliviana, nació el 25 de agosto de 1960 en La Paz y tiene 27 años de servicio dentro de la institución del orden. 

Egresó de la Escuela Básica Policial, luego se casó y hoy es padre de dos hijos, Amilcar y Bayron. Su padre es Ilarión Luna y su madre era Melchora Calle, quien murió, pero en vida no dejaba de inculcarle valores de solidaridad y amor por el prójimo para que Franz rija su vida bajo esos preceptos de vida.

La muerte de su madre, producida en 2004 a raíz de un cáncer de útero, marcó a fuego a Franz, que desde ese momento asumió como norma de vida honrar todo lo que le enseñó. 

Brigadas escolares 
“Me encomendaron implementar las brigadas escolares y fui designado como instructor del Distrito 5, era un primer paso”, cuenta el policía, que vió una oportunidad de trabajar por el prójimo en la organización de estos equipos.

Allí tuvo el reto más difícil: lograr que los vecinos confíen de nuevo en la Policía, ya que hace algún tiempo efectivos de esa unidad fueron denunciados por abuso.

Luna fue capacitado en seguridad ciudadana y junto con sus camaradas hizo propaganda a través de afiches y visitas escolares para informar a los estudiantes que pueden ser parte de las brigadas. 

“Me sentí muy feliz al ver a 400 niños en el patio de la unidad; los veía como a mis hijos porque cada uno de ellos son tiernos, inocentes y muy vulnerables en relación a los peligros, porque estaban aprendiendo con nosotros acerca de seguridad ciudadana”, comentó.

Pero el trabajo de Luna no solo era el de incentivar a los niños, sino también a sus camaradas y a la comunidad. 

Cuenta como anécdota que los niños le decían: ‘Se está difundiendo por los medios de comunicación que va a haber un terremoto, ahora qué vamos a hacer mi suboficial’, por lo que el uniformado se ocupó de buscar alguna institución o persona que pueda brindar información sobre como actuar en situaciones de desastre natural. 

Sueños realizados: Rilver
Después de su paso por El Alto, fue destinado a Radio Patrulla 110 y —como él dice— “el destino quería que conozca a Rilver”, un niño afectado por el cáncer, que deseaba con todo el corazón ser policía, sueño que Franz Luna hizo realidad. 

Conoció a Rilver en uno de sus recorridos y visitas al Hospital del Niño, donde Rilver Aramayo estaba internado, en la unidad de Oncología. 
Cuando el menor de 10 años le confesó su anhelo más profundo Franz no dudo en mover cielo y tierra con tal de cumplir ese deseo infantil. 

El policía no quiere detallar todas las piedras que se le presentaron en el camino, pero su cara refleja que tuvo que luchar mucho para lograr que Rilver reciba el grado de subteniente de policia, en septiembre de 2004. 

Un acto en la Academia Nacional de Policías (Anapol), donde Rilver recibió su estrella policial fue el premio a los esfuerzos. “Ver a ese niño con el traje de policía y recibiendo su primera estrella para mí fue una satisfacción enorme”, afirma Luna casi con lágrimas en los ojos.

Pero su labor no se detuvo allí, pues su objetivo era cumplir todos los deseos del pequeño Aramayo, por eso se movilizó para que conosca al Papa Francisco en persona, cuando llegó a La Paz, en julio de 2015.

Dulces 15 años 
Su trabajo también le permitió acercarse a hogares de acogida, uno de ellos es el de la Fundación Cuerpo de Cristo, donde conoció a Doris, Nayeli y Noemí, tres muchachas que estaban a poco de cumplir 15 años, y que hace años que viven en el lugar, pues son huérfanas. 

Entonces Luna, como la mejor hada madrina de los cuentos de hadas se puso manos a la obra y buscó el apoyo de la institución del orden, empresas privadas y de vecinos para realizar una fuesta de 15 años para las adolescentes. 

Incluso los amigos personales de Franz se movilizaron para realizar el sueño a las jovencitas. Fue así que consiguieron el local de fiestas “Carioca”. La telefónica Viva donó el servicio de amplificación y el grupo electrónico Los Brothers, aceptaron tocar en el evento.

La Policía Boliviana se hizo cargo de la confección de los tres vestidos para las quinceañeras, y su arreglo personal corrió por cuenta del estilista Rodolfo Paz.

Cadetes de la Anapol se organizaron para ser los pajes. Solo faltaban los invitados, pues las muchachas no conocian a más personas que los niños que estaban albergados en el hogar de acogida. 

El suboficial Luna subsanó ese problema invitando a todos los estudiantes del cuarto de secundaria del colegio Jesús Obrero, que asistieron al 15 Años. 

“Fue una tarde de ensueño. Todos nos alegramos más que todo por ellas, por ver sus caritas felices. Hubo regalos de los jefes policiales y de otras empresas. Todo salió bien”, comenta Luna.

Consuelo en la soledad
German Poma, de 75 años, pasaba sus días aguardando que la muerte le llegue y lo reuna con su esposa, Casimira, que era su compañera de vida y que lo dejó en 2014, cuando falleció. 

El anciano cumplía religiosamente las visitas a la tumba  de su compañera, en el cementerio de Mercedario. En los trayectos conoció al policía Franz Luna, con quien congenió, pues cuando joven uno de sus deseos era ser un uniformado verde olivo. 

Cuando llegó el Día del Adulto Mayor, el 26 de agosto, Luna quiso hacer algo para honrar a su amigo Germán, y darle una alegría en medio de su soledad.

Fue entonces que decidió cumplir el sueño de convertirlo en Policía por un día. Con el previo permiso de sus superiores fue en busca del anciano para vestirlo con el uniforme de la Patrulla de Auxilio Ciudadano (PAC) y llevarlo en los recorridos. 

El anciano no se cambiaba por nadie, sobre todo cuando Luna lo llevó a un colegio alteño, donde recibió el homenaje de los estudiantes. 

Luna señalo que alegrar a los ancianos también es otra de sus misiones, pues al igual que los niños son los más desprotegidos de la sociedad.