Pasiones que hacen historia: el cine y la cultura ancestral

Jackeline Rojas Heredia

Guillermo Ruiz, cineasta, docente e hijo de Jorge Ruiz, se emociona cuando escucha el nombre de su padre o el de su tío, Luis Ramiro Beltrán, a quien conoció desde niño y con quien trabajó y compartió la vida. 
“Fueron mis dos papás. Yo lloré y sentí el mismo dolor por ambos cuando fallecieron”, recuerda. 
Entre sonrisas y gestos imita situaciones y modos de hablar de aquellos dos  grandes hombres. “Mi papá no tenía una noción clara de cuánto tenía que cobrar, en eso nos ayudaba Luis Ramiro Beltrán y siempre nos retaba porque decía que no valorábamos nuestro trabajo. Hoy seguro que estarían muy felices”, opinó en referencia al reciente Premio Gunnar Mendoza que se otorgará a la actriz y gestora cultural Sebastiana Kespi.
“Lo valioso del premio no es el monto en sí porque el dinero nunca es suficiente, lo que realmente importa es la huella que está dejando al país esta persona”, aseguró.
Como una especie de hermano mayor, Guillermo Ruiz jamás dejó de estar en contacto con Sebastiana y de ayudarla en todo según su posibilidad. 
Ella es la representante, el patrimonio vivo de su cultura ancestral, la de los uru chipayas. Con sus escasos 11 o 12 años protagonizó el filme Vuelve Sebastiana, y a partir de entonces se convirtió en líder de su comunidad y embajadora de su cultura, entre los suyos la llaman ‘La vuelve Sebastiana’

Nacido para hacer Cine
Con el mismo titular escrito por el íntimo amigo de Ruiz, Luis Ramiro Beltrán, rememoramos  el trabajo del llamado ‘Padre del cine indigenista’.
Jorge Ruiz Calbimonte nació en Sucre en 1924 y pasó su infancia en La Paz. En Argentina estudió Agronomía (1944), período en el cual conoce por primera vez una cámara de 8 milímetros, hace sus primeras tomas y de ahí pasa a dedicar su vida entera a la realización de películas.
Junto con su amigo Augusto Roca realiza la que hoy en día es la primera película sonorizada en Bolivia, Virgen India (1948), una cinta de 15 minutos en blanco y negro sobre la Virgen de Copacabana.
Pionero también del cine a color en 1949 realiza el filme Donde nació un imperio. El rodaje se realizó en la Isla del Sol, esta primera cinta documentó, por primera vez, la existencia de indígenas bolivianos. Para Ruiz es el inicio de otra pasión, una que supo combinar con el cine, la de conocer y documentar las culturas ancestrales.
Las películas más sobresalientes son Los Urus (1951), su primer documental antropológico; La Villa Imperial de Potosí (1952); Vuelve Sebastiana (1953), el testimonio sobre la vida de los chipayas en Oruro que llegó a ser considerada  su máxima realización; y Voces de la Tierra (1956) una bien lograda revista del folklore pluricultural de Bolivia. 
Otras producciones: Bolivia busca la verdad (1950), la primera traducida al quechua y al aymara; Miles como María (1958) y La Vertiente (1958), un largometraje  dirigido a promover la educación sanitaria en el trópico, que llegó a países tan lejanos como China o Rusia.
En 1954 hizo en Ecuador el documental educativo sobre la lucha contra la malaria Los que nunca fueron, considerado el filme precursor del género en ese país. En 1960 produjo en Guatemala Los Ximul, una película sobre el desarrollo rural. En años posteriores haría muchas más películas educativas en Ecuador por encargo de Usaid y algunas en Perú y Chile.

Los Seres de la Aurora y del Agua
El comunicador, docente e investigador, Premio McLujan Luis Ramiro Beltrán hace referencia a la milenaria cultura uru chipaya en un resumen escrito.
“Es una de las tres más antiguas  entre las 5.000 autóctonas existentes en el mundo, según la divulgación de una investigación difundida en 1999 por la revista National Geographic”.
Beltrán explica que la etnia, al ser minoritaria, es poco conocida al interior de Bolivia. Los chipayas habitan una aislada e inhóspita zona de la provincia Atahuallpa del departamento de Oruro. Al norte del lago y salar de Coipasa. La principal localidad es Santa Ana de Chipaya, vecina del pueblo aymara de Sabaya y próxima al nevado Sajama.
Narra Beltrán que los chipayas se consideran descendientes  de los legendarios chullpas y se sienten más que humanos, son los primigenios “seres del alba”, que fueron desplazados desde 1760 por los aymaras que llegaron después. En su lengua Jasshoni, ellos se llaman a sí mismos “hombres del agua o Kot’ suñs’.

ENCOMIO DE JORGE RUIZ
Dice Octavio Paz que los pueblos adolescentes se miran en el espejo del agua y por primera vez sufren una crisis de soledad. Esto tal vez ocurrió después de la revolución de 1952, precedida de un vasto movimiento campesino e indígena, obrero y de clase media que culminó en la derrota y destrucción del ejército de la oligarquía. Debió ser un nacimiento porque aprendimos a mirarnos, y Jorge Ruiz fue uno de los protagonistas en una época en que se filmaba en cintas de celuloide destinadas menos al despilfarro que al ahorro, y la fotografía era puramente manual, era una percepción lúcida de luces y de sombras sin ninguna ayuda automática o digital. 
De esa sensación inaugural nació Vuelve Sebastiana, quizá la primera aproximación a la profundidad cotidiana del país en que vivíamos y que no ha cambiado mucho, pese a nuestros saltos cuando el suelo está parejo. A este sentimiento debemos atribuir la excelencia de la fotografía de Jorge Ruiz, la sensibilidad de sus guiones y la pureza emocional de ese movimiento de los años 50 que nació y murió con la revolución. 

RAMÓN ROCHA MONROY 
Cronista de la Ciudad
(Resumen especial elaborado para acompañar la exposición de 400 fotos de Jorge Ruiz en el espacio cultural mARTdadero de Cochabamba a pedido de Magda Rossi.)