La memoria como arma

"Idón Moisés Chivi Vargas"
El 24 de mayo de 1862, mientras los preparativos para el festejo del 25 eran materia de elites criollas en Bolivia, fallecía Doña Juana Azurduy de Padilla: La Juana de América. Moría pobre, acompañada de unos cuantos indios y un cura. Era amiga, muy amiga de los indios, por ellos había luchado y vivido luchando, ese era su pecado.
Y los que nunca dieron nada son esos “doctores dos caras con cerebros retruécanos”, como los categorizó acertadamente René Zavaleta Mercado (1967), esos “doctores” hoy como ayer, dicen lo que no hacen, hacen lo que no dicen, pregonan como fariseos cuando anuncian lo que anuncian.
Sí, efectivamente, eso ocurrió entre el 24 y 25 de mayo de 1862, Juana de América se enterraba el 25, los doctores dos caras, ni siquiera presenciaron el sepelio, estaban demasiado ocupados en celebrar una victoria ajena. Festejaban una victoria de indios.
146 años después: indios las víctimas de siempre. Allá por los días de 2007 en que la Asamblea Constituyente sesionaba en la “Culta Charcas” -al igual que en 1826, se pudo percibir con absoluta claridad, la aversión neocolonial a lo indígena, lo hicieron de modo burdo y grosero. Sacando su español ficticio y negando a la india o indio que llevan en su sangre, que todos llevamos en nuestra sangre, y que no es la mitad como algunos ilusos se lo imaginan.
24 de mayo de 2008, es la evidencia histórica de que el racismo, como expresión del conservadurismo, sigue vigente. Es la evidencia histórica de que el racismo vive en la psicología de quienes se sueñan “sangre española”, purísimamente española. 18 indígenas flagelados, obligados a pedir perdón de rodillas en plena plaza de la libertad, una libertad que la conquistaron indios levantiscos.
Lo ocurrido en Sucre, es una pregunta abierta a todos los científicos sociales, ¿no será que América Latina transita dolorosamente la apertura mental de relaciones sociales igualitarias y emancipatorias?, o tal vez la pregunta sería ¿cómo se derrumban mecanismos coloniales que marcan las relaciones sociales y con ello tratan de construir sociedades verdaderamente democráticas, igualitariamente democráticas?
La derecha, los comités cívicos, las prefecturas de la media luna, prensa escrita, radio y televisión -de por medio-, han ido construyendo mediáticamente una realidad donde lo indígena es sinónimo de perversidad, salvajismo, alcoholismo, atraso.
Sucre ha sido víctima de este imaginario social construido desde las poderosas usinas ideológicas transnacionales. En Bolivia contra los indios, y un indio en especial: Evo Morales Ayma. No por lo que es sino por lo que significa.
Ese es el fondo de la colonialidad que hoy sufren nuestras naciones, no solo es Bolivia, en Ecuador, Perú, Colombia, Chile, Venezuela, la India o el África.