Discriminación y racismo

En Bolivia continúa existiendo discriminación y la más fuerte es la racial. Se podría decir que la discriminación en nuestro país adquiere rango de “costumbre” desde la llegada de los invasores y continuó en la república, aunque fue disminuyendo gradualmente su incidencia, conforme se sucedieron gobiernos populares que implementaron políticas para disminuir este problema.
A principios de los años 50 se eliminó el pongueaje que era una forma de esclavismo y redujo en parte la discriminación pero con la llegada de un indígena al poder en 2006, se puede decir que se rompieron todos los paradigmas que colocaban al quechua, al aymara, al guaraní, etc. como ciudadano de tercera clase en este país.
Este hecho histórico posibilita a todo habitante, de cualquier departamento, sentirse igual con sus congéneres. El aspecto a destacar es que el pueblo en general, y el pueblo indígena-mestizo en particular, se han permitido romper con viejas estructuras que promovían la discriminación en diferentes ámbitos.
En Bolivia aún se observa discriminación racial en función del color de piel; de género sobre todo hacia la mujer y hacia las personas con discapacidad. Uno de los hechos que nos recuerda la pervivencia de la discriminación racial en nuestro país es lo sucedido en Sucre el 24 de mayo de 2008, cuando se obligó a un grupo de campesinos a semidesnudarse, quemar sus banderas y avanzar de rodillas negando sus convicciones.
Esa humillación a la que fueron sometidos mostró la existencia de numerosos bolivianos y bolivianas con fuertes concepciones racistas. Esperemos que ahora, más de ocho años después de lo sucedido, luego de incluso haber aprobado una ley en Contra del Racismo y Toda Forma de Discriminación, se hayan superado estas maneras de ver a los demás y no tengamos que vivir nuevamente ese tipo de episodios lamentables.