Una épica amarilla. La construcción del relato PRO

"Gisela Brito"
Visiblemente tenso. Así inició Mauricio Macri su discurso de apertura del año legislativo en Argentina. Intervenciones largas y que requieren precisión y manejo de gran cantidad de información no es el formato en el que el presidente se siente más cómodo, pues tiene como es sabido escasas habilidades oratorias y argumentativas. De ahí que tuviera que recurrir a la lectura en casi la totalidad del acto, el cual incluyó además varios tropiezos, el más notable de los cuales fue la re-lectura de una página traspapelada cuyo contenido ya había sido pronunciado; y de vuelta la tensión al intentar con “humor forzado” enmendar el error.
Pero en este caso, lo más importante no fueron las formas sino el contenido –y el objetivo- del discurso. Se trata de una intervención clave porque inauguró el relato del PRO en el poder, la lectura en versión oficial de la escena política.
Una cosa es hacer campaña siendo oposición, donde se cuenta con la ventaja de que la no-responsabilidad pública permite prometer con liviandad sin que esas promesas requieran un correlato real, y otra muy diferente es sostenerse indemne –o intentarlo- habitando el barro de la gestión en la que el PRO lleva tres escasos –aunque intensos – meses. Macri necesita justificar las agresivas políticas de ajuste económico implementadas que van desde despidos masivos en el sector público hasta incrementos desmesurados en las tarifas de servicios públicos. Quizá por eso, desoyendo los consejos de sus asesores electorales, dedicó el primer bloque del discurso a describir la “pesada herencia” del kirchnerismo. Pero además este bloque, que abarcó casi la mitad del tiempo, estuvo dirigido a consolidar al núcleo duro del PRO, la porción del electorado más reactiva ideológicamente al kirchnerismo. Un núcleo militante que acuerda con la impugnación total del proyecto de gobierno anterior y que está dispuesta a todo con tal de arrancar de raíz al kirchnerismo a cualquier costo –incluso si eso le resta beneficios materiales-. Esta porción constituye alrededor del 25% del electorado (contemplando padrón electoral y no porcentaje obtenido en primera vuelta que se calcula sobre votos emitidos).
Si Cristina Fernández –como sostenían sus detractores- diseminaba un relato de un país idílico en el que nadie habitaba, Macri pintó un país en llamas al borde del colapso que en absoluto se corresponde con la realidad material de los ciudadanos. El caos descripto hizo eje en la corrupción y la inseguridad, el clientelismo y el despilfarro de los recursos públicos. Así el pro dio su versión de la realidad a partir de la siguiente construcción argumentativa: el anterior gobierno negó sistemáticamente una realidad (inflación, corrupción, inseguridad, manejo fraudulento del Estado) y mantuvo a la población bajo el velo del relato de un país –inclusivo- inexistente.