21F: Legalidad vs. Legitimidad

Foto: Gonzalo Jallasi
Carlos Valverde Bravo denunció la relación de la CAMC con Gabriela Zapata.

Katu Arkonada

El 21 de febrero de 2016 se produjo en Bolivia un atentado contra la democracia, una operación destinada a manipular la voluntad de la ciudadanía e influir en el sentido de su voto en el referéndum.

Esta manipulación, realizada desde algunos medios de comunicación privados, no fue ajena a la situación de la región, donde pudimos ver como desde los medios masivos se construían matrices de opinión en base a informaciones falsas, con el fin de desgastar a los gobiernos progresistas de la región y especialmente a sus principales liderazgos.

Un año después del referéndum del 21 de febrero podemos afirmar sin ningún género de duda que el pueblo boliviano fue engañado. Un año después sabemos que no existió ningún hijo (tal y como sentenció una jueza), que no hubo tráfico de influencias (tal y como demostró la comisión de investigación de la Asamblea Legislativa), y que el paraperiodista Carlos Valverde fue el detonante de una conspiración perfectamente diseñada en Washington (tal y como publicó Atilio Borón en La Jornada  de México), que tuvo el apoyo del Encargado de Negocios de Estados Unidos en Bolivia (tal y como denunció  el propio Evo Morales) y a la que se sumaron de manera entusiasta la mayor parte de medios de comunicación bolivianos. 

Es por todo lo anterior que podemos considerar el resultado del referéndum del 21F legal (en la medida en que aunque fuese por escasos 136.000 votos, la opción del No se impuso), pero no legítimo, pues esa victoria electoral fue fruto de las mentiras y el engaño, y ninguna victoria conseguida mediante mentiras puede considerarse legítima.

De hecho, si observamos todas las encuestas de los meses previos, podemos ver que en todas ellas la opción del Sí se mantiene varios puntos por delante del No, hasta el 3 de febrero que Valverde lanza la mentira. El timing era perfecto, sembrar el desconcierto en un tema delicado que tenía que ver con la vida personal del presidente Evo Morales, a menos de tres semanas para la realización del referéndum.

El objetivo de la mentira era claro, erosionar la imagen del presidente Evo, sembrando la duda entre las clases medias urbanas, y detonando un clasismo y racismo que había quedado soterrado desde los años 2007-2008, y la aprobación de la nueva Constitución en 2009. El otro objetivo eran los jóvenes, quienes acceden a las noticias vía redes sociales, donde la información no puede ser contrastada ni tiene fuente.

El rol de los medios
Si bien un año después las mentiras han sido desmontadas, todavía no se ha producido ni una reflexión sosegada ni mucho menos autocrítica sobre el rol de los medios de comunicación en el llamado Caso Zapata. La mayoría de medios privados replicaron sin sonrojo las mentiras diseminadas por Valverde y el Cartel de la Mentira, mentiras que afectaban la vida privada y la imagen pública del Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, y que en otros países del mundo serían delito.

Es más, meses después del referéndum, muchos medios privados seguían refiriéndose a Gabriela Zapata como “la expareja de Evo Morales”, en vez de, por ejemplo, “la lobista /mentirosa / estafadora Gabriela Zapata”.

Enseñanzas
Quizás si algo positivo podemos extraer del llamado Caso Zapata es que sirvió para testear la falta de ética de la oposición boliviana (el imperialismo ya sabemos que hace sus tareas y no podemos esperar nada bueno de él) y de una buena parte de los medios privados bolivianos. 

También debería servir para estar prevenidos ante otro evento (‘escándalo’) que quiera generar la oposición política y mediática para no repetir los mismos errores y responder de manera organizada y disciplinada, tanto en el ámbito político, como comunicativo. 

Escenarios
Este año comienza con una disputa simbólica entre la legalidad de un referéndum ganado en base a la mentira y la legitimidad de las mayorías sociales de este país, que tienen en Evo Morales un liderazgo solido que cristaliza los imaginarios de todo el movimiento indígena originario campesino, pero también de muchos sectores urbanos y jóvenes que vieron como Bolivia recuperó su soberanía política, económica y territorial, y se transformó por completo en tan solo 11 años.