La raqueta de oro más fuerte del tenis

La tenista en todo su esplendor. Es la número 1 del tenis mundial. Escaló desde abajo y ahora disfruta de la cima.
AFP

Buenos Aires / Tomado de El Gráfico Agencias / Diego Borinsky

Serena Williams tenía 19 años y se pasó horas llorando en el vestuario. Era 2001. El público de Indian Wells, uno de los torneos más importantes de Estados Unidos, su país, le acababa de abuchear. Al saltar a la pista para la final, la menor de las hermanas Williams había escuchado imitaciones de los sonidos guturales de un mono. Había visto cómo sus compatriotas celebraban sus dobles faltas contra Kim Clijsters. Había ganado, y aún así lloraba en el vestuario, maldiciendo “el racismo”, sintiendo que había “perdido la batalla por la igualdad” y reviviendo “las pesadillas” de la juventud de su padre, Richard, en el sur profundo. “Nunca más” aquí, dijo ese día.
“Trece años después, las cosas han cambiado”, dijo luego la campeona de campeonas. “Hace unos meses, cuando el seleccionador ruso Shamil Tarpsichev hizo unos comentarios racistas y sexistas sobre Venus y yo (les llamó los hermanos Williams), la WTA (Asociación Internacional de Tenis)y la Federación estadounidense le criticaron inmediatamente, eso me recordó lo mucho que ha avanzado este deporte y lo mucho que he avanzado yo”, siguió. “Tengo la suerte de estar en un punto de mi carrera en el que no tengo nada que demostrar. (…) Juego por amor al tenis. Con ese amor en la cabeza, y con una nueva comprensión del verdadero significado del perdón, volveré orgullosa a Indian Wells en 2015”.
La estadounidense también se planteó su vuelta al torneo californiano cuando Barak Obama llegó a la presidencia de los Estados Unidos. Para ella, fue la primera señal de que los tiempos habían cambiado y permitían que cicatrizara su herida. Desde aquel 2008, la número uno mundial coqueteó con la idea de retornar a esas pistas. Y volvió, y lo hizo en medio de una ovación.
El 14 de marzo de 2015, Serena rompió en llanto al vencer por un doble 7-5 a la rumana Monica Niculescu en su estreno en Indian Wells, a donde regresó 14 años después del incidente racista que provocó su renuncia al torneo durante este largo periodo.
“Siento que este es uno de los momentos más grandes de mi carrera”, dijo la número 1 del mundo con lágrimas en los ojos, tras haber disputado un duelo de dos horas contra su rival de turno, a quien se impuso notoriamente ante los ojos de cientos de espectadores.
Serena recordó tristemente el momento incómodo que pasó por ese entonces, pero al escuchar la sonora ovación del público en su retorno, reconoció sentirse “abrumada”. “En ese momento sentí que había tomado la decisión correcta. Quería hacerlo, tenía muchas ganas de volver a Indian Wells pero hasta ese momento no supe si había hecho o no lo correcto”, contó la atleta.

HISTORIA DE UNA ESTRELLA
Serena Williams nació el 26 de septiembre de 1981 en Saginaw, en el estado de Michigan, como quinta hija, tras Lynder, Asha, Yetunde y Venus, de un ambicioso padre, Richard Williams, y de una madre, Oracene, sumisa a las decisiones de su marido, hasta que en 2001 se separaron. No es tan alta como su hermana, que rebasa los 1,80 metros (Serena mide 1,76 y pesa 70 kilos), pero tiene más potencia y musculatura, forjada en largas horas de pesas en el gimnasio.
La familia vivía en Long Beach, en la zona oeste de Los Ángeles, hasta que un día, inesperadamente, el padre, que ambicionaba que Venus y Serena fueran campeonas de tenis, trasladó a toda su prole a Compton, un gueto hermético situado en el centro de la ciudad, con el propósito de que ambas, a la sazón de cuatro y cinco años, crecieran en un ambiente de dureza.
Cuando Venus ya llevaba dos años con la raqueta e inacabables sesiones de entrenamiento, empezó Serena, que no dejaba de fijarse en la progresión que experimentaba su hermana mayor, que a los 11 años ganó 63 partidos consecutivos en torneos regionales.
El mánager y entrenador celoso de sus hijas era Richard, hasta que en 1991 las puso, siempre bajo su rigurosa supervisión, en manos de un experto en este deporte, Rick Macci, un notable forjador de estrellas instalado en Florida, donde la familia pudo fijar su residencia gracias a un primer contrato con la firma Reebok.
Serena progresaba a la sombra de su hermana, que en 1994, con solo 14 años, entró en el circuito profesional con notable éxito. Ella lo hizo en septiembre de 1995, aunque no empezó a competir de forma continua hasta 1997, poco después de que su hermana alcanzara la final del Open de EEUU, que perdió ante la entonces número uno, Martina Hingis.
A pesar de su dedicación al tenis, las hijas de Richard tenían la obligación de no descuidar su formación académica, que llevaron a cabo en un exclusivo colegio de sólo 30 alumnos situado en Lake Placid, la The Dritwood Academy, donde ambas obtuvieron medias de notable, y donde Serena se graduó en junio de 1999, cuando ambas hermanas habían conseguido ya triunfos parciales sobre todas las top ten del momento.
Aquella temporada de 1999 Serena, de quien el padre había profetizado que sería la mejor, se adelantó a Venus consiguiendo su primer título del Grand Slam al ganar el Open de Estados Unidos, después de que ambas hermanas hubieran conseguido ganar dos torneos distintos en un mismo día: Venus en el Indoor de París y Serena en Oklahoma. Hasta entonces sólo una jugadora de color había logrado ganar en el Grand Slam: Althea Gibson, que venció en Wimbledon en 1957 y en el Open de Estados Unidos en 1958. El 5 de abril de aquel año ambas hermanas entraron en el top ten y poco después, en categoría de dobles, ganaron el Open de Francia y la Copa Federación.
En 2000, Venus, que empezaba a mostrar celos de su hermana, venció a ésta en la final del torneo de Lipton. Serena aceptó la derrota con una sincera sonrisa y, poco después, ganó el Indoor de París, el mismo día que Venus le daba la réplica venciendo en Oklahoma; se había invertido lo que sucedió en 1999.
Aquel año, en Wimbledon Venus eliminó en semifinales a Serena, y después se adjudicó el título ante Davenport. Además, ambas vencieron en dobles, algo que ya habían conseguido en otros dos torneos mayores: Roland Garros y el Open de Estados Unidos. Empezaba a tomar cuerpo la hegemonía que ambas impondrían en el circuito femenino.

REINA DEL GRAND SLAM
El 8 de julio de 2002, después de derrotar a Venus en la final de Wimbledon por 7-6 y 6-3, Serena se convirtió en la número uno del ranking de la Asociación de Tenis Femenino (WTA), en un momento en que ya sumaba 16 títulos en el circuito internacional. El 9 de septiembre, Serena, con 20 años, asombró en el Open de Estados Unidos tanto por su ceñidísimo modelo catwoman como por su enésima demostración de poder con una raqueta al derrotar en la final a Venus por 6-4 y 6-3 en 72 minutos.
Con esta victoria empataba con su hermana mayor en sus duelos particulares (5-5) y en títulos del Grand Slam, con cuatro para ambas: Venus con dobles victorias en Wimbledon y Open de Estados Unidos (2000 y 2001) y Serena, recapitulando, en Roland Garros, Wimbledon y Open de EEUU (2002), donde ya se había estrenado en 1999. Tras ganar en Estados Unidos, la impresionante temporada de Serena incluía seis títulos, 45 victorias y sólo cuatro derrotas. Una lesión en el tobillo le impidió participar en Australia, donde se impuso la también estadounidense Jennifer Capriati.
Sí participó, en cambio, en 2003, y esta vez no defraudó y ganó la final. No ganó en Roland Garros, donde sorprendentemente cayó en semifinales ante la belga Justine Henin-Hardenne, pero sí lo hizo en Wimbledon, donde se repitió la final Venus-Serena del año anterior. Serena volvió a vencer a Venus, que jugaba lesionada, y con 4-6, 6-4 y 6-2 sumó su quinto triunfo en Grand Slam.

EL PRECIO DE LA FAMA
Serena, como en su día le sucediera trágicamente a Monica Seles, pagó el precio de su fama al sufrir el acoso de un maníaco aficionado, un alemán de 34 años que la apabullaba de regalos y presenciaba todos sus entrenamientos, gracias a la fortuna que poseía su familia. Fue arrestado y encarcelado el 3 de marzo de 2002 por desnudarse frente a la recepción de un hotel de Scottslade (Arizona), donde estaba hospedada Serena. El padre de ésta amenazó con matar al persistente acosador si ella sufría el menor daño.
Quizás antes de lo esperado Serena deje el tenis, pero mientras entre a la cancha y juegue, seguirá levantando trofeos y festejando más títulos.
A fines del año pasado tuvo un bajón y perdió el número 1, pero lo recuperó ganando el último Open de Australia, jugado hace dos semanas.
Williams, que con este título sumó una cifra récord de 23 Grand Slams, además de la cima a la alemana Angelique Kerber, que cayó en los octavos de Melbourne. Ella había terminado 2016 como líder.
“Es un sentimiento muy especial tener 23. Me hace sentirme grande. He estado buscándolo desde hace mucho tiempo. Cuando lo tuve en mi radar sabía que tendría la oportunidad de lograrlo y ahora estoy aquí”, comentó. “Mi primer Grand Slam llegó aquí, y alcanzando el 23 aquí también y encima contra Venus, es ese tipo de historia que hace que se convierta en una leyenda. No se podía haber escrito una historia mejor”, dijo Serena.

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35 años

Serena Jameka Williams Price nació el 26 de septiembre de 1981 en Saginaw, Michigan, Estados Unidos.
 

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Es admiradora 
de Pete Sampras

Serena Williams se convirtió en la primera jugadora de raza negra que gana un torneo de Grand Slam, el Abierto de EEUU en 1999, desde que su compatriota Althea Gibson venciera en este mismo torneo en 1958.
La tenista forjó su tenis de golpes feroces y gritos hondos de la mano de su padre y entrenador, Richard. Se declaró admiradora de su compatriota Pete Sampras, que fue 286 semanas número 1 del ránking internacional.

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“Siempre he adorado ser una mujer negra, me siento orgullosa”

Serena Williams compartió en Roland Garros algunos de sus sentimientos más íntimos, como su orgullo de ser negra.
“Nunca he querido ser un hombre. Me encanta comprar, vestirme... si fuera un hombre, sería gay. Me encanta ponerme tacones y vestidos ajustados y, además, me encantan los hombres”, le confesó a la revista francesa L’Équipe.
“Siempre he adorado ser una mujer negra. Represento tanto para los afroamericanos y para la gente de color en general que no quiero que eso cambie. Estoy orgullosa de ser negra. Sé que muchos negros preferirían ser blancos. Me parece una locura. Estoy orgullosa de ser lo que soy”, dijo.
Serena encuentra placer, sin embargo, en pequeños momentos de libertad en los que puede sentirse como una chica más de 30 años. La última vez, hace escasos meses, “en enero o en febrero bailé toda la noche. Me encanta. Me siento libre bailando, me siento como todo el mundo”.
Confiesa su admiración perpetua por su hermana Venus, por quien le hubiera gustado cambiarse desde los 17 años porque era más grande que ella, ya que es 15 meses mayor, y 10 centímetros más alta.
En materia de amores, ser una de las mejores tenistas de la historia no es necesariamente una ventaja. “No me acuerdo de la primera vez que me enamoré. Pero hace cuatro años amé a un hombre. Rompimos. No es tan fácil tener una vida amorosa estando en el circuito”, confiesa.

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En 2003 su hermana Yetunde murió en una balacera de pandillas

Varios disparos acabaron la madrugada del 14 de agosto de 2003 con la vida de Yetunde Price, de 31 años, hermana mayor de las famosas tenistas Serena y Venus Williams. Este triste incidente tuvo lugar en el barrio de Compton, uno de los suburbios más conflictivos de Los Ángeles, famoso por las peleas y tiroteos entre bandas callejeras y pandilleros. 
Este barrio, donde crecieron las cinco hermanas Williams y se forjó el espíritu luchador de las tenistas, fue el escenario donde Yetunde Price perdió la vida. Según las informaciones, Yetunde viajaba en un coche con un acompañante, cuando de alguna forma se vio envuelta en un enfrentamiento entre vecinos. 
Tres individuos se acercaron al vehículo y dispararon a Price, hiriéndola de muerte. Cuando fue trasladada al hospital, ya no se pudo hacer nada por su vida. La policía de Los Angeles dijo que el tiroteo pudo estar relacionado con las bandas callejeras porque los agresores conocían a la víctima.

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Un día un muchacho le robó su celular, ella reaccionó, corrió, lo alcanzó y lo tiró al suelo. Es una ‘superheroína’

Serena Williams es una superheroína. Eso dijo ella de sí misma hace dos años en su Facebook, donde explicó la hilarante historia en la que le intentaron robar su teléfono móvil en un restaurante mientras cenaba.
“La cena de anoche es la cosa más loca que me ha pasado jamás. Estaba degustando comida japonesa, deliciosa por cierto, y un chico estaba a mi lado esperando de pie. Solo éramos dos los que estábamos sentados en una mesa de cuatro personas hablando como si no nos hubiéramos visto en años. Pero este chico seguía a mi lado y algo me dijo que debía vigilarle. Mi teléfono estaba en la silla y yo no me sentía cómoda. Llevaba mucho tiempo ahí. Pensé: ‘¿estará esperando para ir al baño?’ Traté de no pensar mal, pero seguí mirándole con el rabillo del ojo. Y de repente cogió mi móvil y se fue. Miré la silla, dije algo así como ‘Dios mío, ¡ese tío se lleva mi teléfono!’. Pero reaccioné rápido, me levanté, comencé a correr con un esprint que me llevó rápido hasta él y le tiré al suelo”.
Al final hasta acabó agradeciéndoselo: “Mirándole a los ojos le pregunté si lo había cogido accidentalmente, pero al ver su reacción vi que no podía renegar de mis acusaciones. Le di rápidamente las gracias y me marché”. Esto había ocurrido ya fuera del restaurante: “Cuando volví dentro me llevé una ovación tremenda. Estaba orgullosa. Le mostré a cada hombre de la sala que puedo plantarle cara a los matones”, añadió.
Serena acompañó el post con una foto suya vestida de superheroína, dejando una moraleja: “ Escucha siempre a tu voz interior. Ten siempre cerca tus cosas. Pelea por lo que crees que es. No porque seas una chica tienes que tener miedo de cualquier desafío, puedes no ser víctima y ser heroína”.