André Gunder Frank

(Por Alejo Brignole).- El pensamiento social y económico de André Gunder Frank (Alemania, 1929-2005) fue determinante en muchos de los procesos sociales latinoamericanos, pero también para comprender la naturaleza de las relaciones económicas globales. Pensador y teórico de gran influencia a partir de la década de 1960, supo explicar mediante conceptos claros y muy figurativos las relaciones deliberadamente asimétricas que el capitalismo mantiene a nivel mundial desde el siglo XVIII, e incluso antes, como base de su permanencia.

Frank estableció así una dualidad manifiesta entre centro-periferia que se cumple a nivel global: un centro rico que se nutre y crece con las riquezas extractivas que las naciones artificialmente pobres transfieren a esa centralidad opulenta.

Estas ideas que impregnan toda su obra fueron expuestas por primera vez en un artículo de 1966 publicado en la revista Monthly Review, que editaban dos destacados teóricos marxistas estadounidenses, Paul Baran y Paul Sweezy. En el artículo, Gunder Frank introduce al lector en el estudio de los mecanismos vigentes en las relaciones económicas mundiales, concluyendo que el ‘subdesarrollo’ no es una condición previa del ‘desarrollo’, sino un estadio adulterado e inducido por las naciones ricas para perpetuar su condición hegemónica. Esta idea medular sería reflejada y ampliada un año más tarde de aquel artículo, en su ensayo de 1967, Capitalismo y Subdesarrollo en América Latina.

Sociólogo y economista, investigador y escritor prolífico, estuvo ausente de Alemania durante 40 años, viviendo por extensos períodos en América Latina, dando clases en universidades chilenas y mexicanas, entre muchas otras. Casado con la activista social y política chilena Marta Fuentes, debió exiliarse en más de una ocasión ante los golpes de Estado surgidos en Latinoamérica a instancias de Washington.

En 1964 escapa de Brasil al interrumpirse el proceso democrático que derrocó a João Goulart, y se establece con su esposa en Chile, donde se incorporó al equipo de investigadores del Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO) de la Universidad de Chile, aunque allí debió cesar su actividad académica una vez más, en 1973, luego del golpe de Augusto Pinochet, que se saldó con la muerte del presidente socialista Salvador Allende.

No obstante su militancia humanista y su valioso sostén teórico a procesos políticos y sociales de izquierda, Gunder Frank fue criticado por muchos marxistas, sumados a los críticos del capitalismo más ortodoxo, como Walt Rostow y algunos otros sostenedores de las Teoría de la Modernización, como Everett Hagen o Wilbert Moore, entre varios. Para éstos, el subdesarrollo era un estadio transitorio y necesario  hacia el desarrollo pleno. Esta teoría que planteaba una progresión económica de las naciones fue magistralmente desbaratada por Gunder Frank en el artículo antes citado y en toda su obra posterior.

Aquellos teóricos de una modernización constante no sujeta a dependencias centrales (excluían en el subdesarrollo periférico toda influencia externa del Norte, definían 5 etapas para el crecimiento de los países: que hubiera una sociedad tradicional; luego que haya condiciones intrínsecas para el despegue económico, a las que seguiría el proceso de despegue. Más tarde llegaría el camino hacia la madurez, y por fin ello arrojaría como resultado una sociedad de alto consumo masivo. Sin embargo, en las décadas siguientes, y hasta la muerte de Gunder Frank, la economía política mundial y la propia historia latinoamericana demostrarían sobradamente la falsedad de estos postulados. El subdesarrollo es, en efecto, una instancia programada, no el resultado de un proceso autóctono.

Gunder Frank más de una vez aclaró que él nunca se había definido como marxista en ninguna de sus variantes —ni ortodoxo, ni neomarxista—, aunque su pensamiento estaba en la misma línea de Marx en cuanto a la interpretación de las relaciones económicas y sociales a partir del maquinismo del siglo XVIII y su Revolución Industrial.

 La frase “el desarrollo del subdesarrollo”, que acuñó Frank como concepto mecanicista para interpretar las relaciones económicas mundiales, es hoy una noción clave en la teoría del desarrollo, y —en cierto modo— puede considerársela como el punto de partida de la Teoría de la Dependencia. El corpus analítico y la visión sociopolítica del mundo aportada por Gunder Frank fueron una base sólida para la creación y consolidación de multitud de movimientos sociales tercermundistas, que influyeron incluso a gran cantidad de intelectuales europeos contemporáneos a Frank, como Giovanni Arrighi, en Italia, o Immanuel Wallerstein, en su Alemania natal, con los que más tarde compartiría trabajos.

Las obras de Gunder Frank —traducidas a más de 30 idiomas— también son valiosas en el campo de la teoría marxista, por cuanto la amplió con nuevos y novedosos conceptos. Si Marx nos habló de una clase social “lumpen” (lumpenproletariat, en el original alemán) ubicada por debajo de la clase obrera, desmotivada y sin organización política, por lo que finalmente resulta funcional a las oligarquías y a los poseedores de la riqueza;  Frank extiende estos conceptos y nos dice que también existen lumpen-burguesías e incluso lumpen-Estados que se someten mansamente a las estrategias imperialistas y a sus diseños geopolíticos.

En 1976, Frank escribe Capitalismo y Genocidio Económico, en el que establece una inquietante y novedosa relación entre el éxito capitalista y sus métodos de expansión, que incluyen auténticos genocidios económicamente planificados. Leer a André Gunder Frank es, por tanto, comprender el mundo actual y nuestra realidad latinoamericana más profunda.

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Además de las obras citadas, véanse de A. Gunder Frank sus ensayos:
Clases y Revolución en América Latina (1969). Y también: Lumpenburguesía y Lumpendesarrollo: Dependencia, Clase y Política en Latinoamérica (1972). Y, Acumulación Dependiente y Subdesarrollo (1978). Véase además la interesante obra reflexiva Transformando la Revolución: los Movimientos Sociales en el Sistema Mundial (en coautoría con Samir Amin, Giovanni Arrighi e Immanuel Wallerstein), en 1990.