Política antidroga con resultados

La política exterior boliviana se sustenta en la valorización de la identidad nacional, en la defensa, transformación e industrialización de los recursos naturales, en particular los estratégicos, sus productos y derivados. En ese contexto, la comunidad internacional debe comprender que la aprobación de la nueva Ley General de la Coca representa, además de regular la producción y establecer las cantidades, también un acto de soberanía nacional con relación a la vieja Ley 1008, aprobada en el periodo neoliberal (en 1988) con el visto bueno de Estados Unidos, por tanto esa norma no correspondía a la realidad ni al interés nacional.

Esa política antinacional trajo luto al país, y es oportuno recordar que durante el periodo neoliberal la producción llegó alcanzar a alrededor de 50.000 hectáreas. En cambio el modelo actual de lucha contra el narcotráfico fue reconocido por las Naciones Unidas y por la Unión Europea en su momento, es más, publicaciones de periódicos influyentes en Estados Unidos y otras latitudes señalaron que la política del Gobierno boliviano demostró ser más efectiva que la estrategia de guerra contra las drogas de Estados Unidos.

Hoy, la erradicación se basa en la concertación, en el respeto a los derechos humanos y en la obligación del Gobierno de buscar la paz social y no la confrontación. Esta propuesta de resultados concretos fue expuesta en la LX sesión de la Organización de las Naciones Unidas, escenario en el que Bolivia manifestó que la política se enmarca en el cumplimiento de los acuerdos establecidos en la sesión especial de la asamblea de ese organismo.

Desde 2006, el Estado boliviano desarrolló la política con recursos propios, prueba de ello es que en los últimos años se incorporaron helicópteros, y además se proyecta la instalación de 13 radares de última tecnología para el control del espacio aéreo boliviano. Estos resultados alcanzados en materia de interdicción y erradicación de la hoja de coca excedentaria, que fueron reconocidos tanto por la Unión Europea y las Naciones Unidas, también muestran el rotundo fracaso de Estados Unidos en esta materia.