Mariátegui, el maestro marxista de los latinoamericanos

Foto: Cambio
Portada de una de las obras de José Carlos Mariátegui

 

Por: Alejo Brignole

En su Perú natal, José Carlos Mariátegui es aún hoy conocido —87 años después de su muerte— como el Amauta (del quechua hamawt’a, “maestro”) no solo por ser el fundador de la revista homónima —de gran influencia cultural en la vida política y literaria peruana desde 1926 hasta 1930— sino también por su denuedo en transmitir nuevas formas de interpretar la realidad nacional y latinoamericana.

Mariátegui nació en 1894 en el seno de una familia humilde, que en el Perú de aquel entonces era sinónimo de pobreza y privaciones.
Su infancia fue atípica debido a que en 1902, con apenas ocho años, sufrió un accidente escolar que le dejó una anquilosis crónica en la pierna izquierda. Ante esta imposibilidad de jugar con otros niños, los libros y los juegos mentales fueron sus compañeros más fieles.

También fue determinante que a los 11 años, en 1909, ingresara a trabajar en el diario limeño La Prensa, como ayudante de linotipista, y así aportar a los ingresos familiares. Este ambiente periodístico, en donde los obreros gráficos eran un tipo de proletariado culto y motivado políticamente, habituado a la discusión de ideas (puesto que su trabajo era la palabra escrita), fue determinante pare el púber Mariátegui.

Ello lo condujo por el camino del periodismo, de la trasmisión de ideas, de la escritura. Ya una década después de ingresar al diario tenía un lugar como escritor de artículos.

Más tarde pasó al diario El Tiempo y a varias revistas, en donde mostró una erudición autodidacta y gran ingenio para expresar conceptos y enhebrar notas de prensa de diversa temática. A este período de formación profesional, de consolidación intelectual, Mariátegui lo llamaba su “edad de piedra”, en alusión a una etapa primitiva y primeriza.

En 1919 crea la revista Nuestra Época, con textos que denunciaban la política vigente y un insensato militarismo de la región, aunque la publicación tuvo una corta vida de apenas dos números. Funda también junto a su amigo y periodista César Falcón el diario La Razón, desde donde hizo una encendida defensa de la reforma universitaria iniciada en Argentina en 1918, y de las luchas obreras. La Razón tampoco tuvo larga existencia y sufrió censura y cierre por el gobierno del presidente Augusto B. Leguía (dos veces presidente, desde 1908 hasta 1930, con intervalos). Fue el mismo gobierno de Leguía el que le facilitó a Mariátegui una beca para viajar a Génova, Italia, en 1920, como una forma de sacarlo del escenario mediático, donde sus ideas molestaban. Fue, en rigor un destierro encubierto.

Mariátegui viajó entonces por países europeos, aprendió idiomas y se fogueó en las vanguardias ideológicas que acaparaban las discusiones intelectuales de aquellas sociedades industrializadas. Presenció el auge del marxismo, que para él fue preponderante. La alfaguara más fértil de la cual el joven José Carlos abrevó en Europa. En Italia conoció y desposó a Ana Chiappe y fue testigo de primera mano en la ocupación de las fábricas de Turín, ciudad industrial italiana de gran importancia. Participó en un Congreso del Partido Socialista Italiano, en cuya asamblea se produjo el cisma que dio forma al Partido Comunista Italiano. A partir de estas experiencias, Mariátegui asumió el marxismo como método de estudio y como idea para explicar la fenomenología latinoamericana.

Su regreso a Perú, en 1923, fue el de un joven madurado con visiones extraordinarias, con ideas germinadas y florecidas en un brevísimo lapso, que no tardarían en dar sus frutos literarios y políticos. Regresa a Lima, además, como esposo y padre de familia con un primogénito.

Comienza a dar conferencias en la Universidad Popular González Prada y recibe el encargo de dirigir la revista Claridad debido al exilio forzoso de Víctor Raúl Haya de la Torre, futuro líder del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), que marcha a México para refugiarse de la persecución del gobierno peruano.

Esta experiencia le anima a fundar dos años más tarde, en 1926, la hermosa obra de su vida, que fue la revista Amauta, de gran prestigio intelectual en las letras sudamericanas. Allí se convocaron las plumas de Jorge Luis Borges, André Bretón, Miguel de Unamuno y lo más granado del vanguardismo literario y artístico, donde también tuvieron cabida las expresiones intelectuales y modernas del indigenismo, completando así una visión cosmopolita y renovadora de la cultura. En Amauta podían leerse artículos sobre todas las nuevas tendencias, desde el cubismo, al dadaísmo, el psicoanálisis y las vanguardias literarias mundiales, como la nueva narrativa rusa, o las innovaciones en las letras latinoamericanas.

No obstante esta intensa vida cultural —o quizás debido a ella— Mariátegui, de apenas 33 años, fue encarcelado en 1927 por una acusación contra los comunistas de conspirar contra el gobierno de Leguía. Al año siguiente funda el Partido Socialista Peruano, convirtiéndose un en su Secretario General poco más tarde. En 1928 fundó la revista comunista Labor y publicó sus célebres 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (texto conocido también como los 7 Ensayos). Es con esta obra que Mariátegui se consagra como un pensador precoz y un teórico marxista de proyección internacional. Se convirtió así y en una de las voces de la izquierda más difundidas de Latinoamérica. Los 7 Ensayos fueron reeditados decenas de veces y traducidos al ruso, francés, inglés, italiano, portugués y húngaro.

Incansablemente, en 1929 fundó la Confederación General de Trabajadores del Perú, pero el proyecto político de Mariátegui se puso a prueba en el Congreso Sindical Latinoamericano de Montevideo (mayo de 1929) y la Conferencia Comunista Latinoamericana (junio del mismo año). Allí Mariátegui toma distancia de los planteamientos de la Internacional Comunista y elige no subordinarse a sus dictados que considera, en algunos aspectos, inadecuados para la realidad peruana.

Durante su vida, Mariátegui publicó solamente dos libros: La escena contemporánea y los 7 Ensayos. Otras dos obras quedaron inconclusas, El alma matinal y Defensa del Marxismo publicadas en 1950 y 1955, respectivamente.

Poco antes de su muerte, el 16 de abril de 1930, a Mariátegui le había sido amputada su pierna derecha (la pierna que él consideraba sana) y desde entonces solo pudo andar en silla de ruedas. Murió de manera inesperada a los 36 años, en las vísperas de un muy esperado viaje a Buenos Aires.

Hoy José Carlos Mariátegui, sigue siendo el maestro marxista, el sociólogo comprometido que enseña como un hamawt’a el camino de la liberación latinoamericana. Pablo Neruda diría en clave poética: “Sobre Mariátegui seguirá cantando el mar”.

Para profundizar en el pensamiento de J. C. Mariátegui, véanse los trabajos del autor aquí citados, y también sus Obras Completas, editadas por Ed. Amauta (19 Vol.). Además de los estudios: La Experiencia Europea de José Carlos Mariátegui, de Estuardo Núñez.

Publicado por Empresa Editora Amauta, 1994. Y también: Mariátegui: Tres Estudios, de Antonio Melis, Adalbert Dessau y Manfred Kossok. Publicado por Biblioteca Amauta, 1971.