La Guerra del Agua, el primer golpe a las transnacionales

Foto: WorldPress
El pueblo se movilizó en febrero y abril de 2000 para defender sus derechos y expulsó a Aguas del Tunari.

 

Por: Gonzálo Pérez Bejar

La Guerra del Agua, de febrero y abril de 2000, marcó un hito histórico en la lectura política contemporánea de Bolivia, porque el levantamiento del pueblo cochabambino permitió la expulsión de la empresa Aguas del Tunari, que había dispuesto incrementar las tarifas por el servicio de agua hasta en 300 por ciento.

El saldo lamentable de las violentas jornadas de abril de ese año fue el deceso de Víctor Hugo Daza, de 17 años, y de al menos 170 heridos, producto de los enfrentamientos con fuerzas de la Policía.

La violencia se dio a pesar de la mediación que hizo en su momento monseñor Tito Solari. El Gobierno insistía en mantener una empresa que respondía a los objetivos de privatización.

Para el segundo vicepresidente de la Cámara de Diputados y que en esas jornadas fue parte de la Coordinadora por la Defensa del Agua y de la Vida, Víctor Gutiérrez, Cochabamba fue un gran campo de batalla, por la violencia como se dieron los enfrentamientos; primero en las jornadas del 4 y 5 de febrero y luego entre el 4 y 9 de abril del mismo año.

Esta empresa privada estaba conformada por Internacional Water Limited (Gran Bretaña), Edison (Italia), Bechtel (Estados Unidos), la empresa constructora y de ingeniería Abengoa (España) y dos compañías bolivianas, ICE y Soboce.

De acuerdo con Gutiérrez, la adquisición de la empresa se realizó en forma no muy clara y la administración y control de las aguas en Cochabamba en última instancia no respondía a los intereses de los cochabambinos.

“Por eso salimos a las calles y en ese momento la Coordinadora por la Defensa del Agua y de la Vida se convirtió en la dirección que movilizó al pueblo reprimido con dureza por el entonces gobierno del exdictador Hugo Banzer y su ministro de Gobierno, Wálter Guiteras”, indicó.

La vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Romina Pérez, sostuvo que las jornadas de abril de 2000 fueron la expresión de la reivindicación de las necesidades del pueblo sobre los intereses de un grupo empresarial neoliberal en alianza con el bloque dominante que gobernaba.

“La primera significación de la guerra del agua es el primer hito que marca la expulsión de una transnacional (Aguas del Tunari), después viene las discusiones, porque esta empresa vino a privatizar el agua en la que se jugaban los intereses de muchos empresarios como Doria Medina, Julio León Prado, Manfred Reyes Villa. Había un montón de gente que estaba en el gobierno”, señaló.

MISICUNI

Más de 60 años el pueblo cochabambino esperó que se consolide el proyecto de Misicuni, opuesto al de Corani, que era el proyecto que pretendieron imponer las autoridades neoliberales, sostuvo Pérez.

“Los gobernantes neoliberales querían deponer a Misicuni e impulsar Corani, que hoy lo reivindica el alcalde Leyes y un Comité Cívico apócrifo, porque ese proyecto estaba cazado al proyecto Aguas del Tunari, porque por esa vía se iba a privatizar el servicio de agua”, señaló.

Dijo que gracias a esas acciones del pueblo cochabambino Misicuni es una realidad porque era la bandera de lucha.

Para Gutiérrez, lo que falta, ahora, es la concreción de la hidroeléctrica y del trasvase que recibió el apoyo del Gobierno con una inversión de al menos 140 millones de dólares.

“Lamentablemente la oposición pretende minimizar Misicuni, que hoy es una realidad después de más de 60 años”, sostuvo.