Esencia, presente en Venecia

Jackeline Rojas Heredia

José Ballivián, artista formado en la Academia Nacional de Bellas Artes en la ciudad de La Paz, paceño de nacimiento, con estudios en Comunicación y con más de 15 años de trabajo en el arte. Empezó en 1999 con su primera exposición en un local de Sopocachi, que se llamaba Café Azul, junto a varios compañeros artistas de ese tiempo.
¿Qué edad tenías entonces?
Éramos changos, 23, 22, y fue una linda generación ésa de la Academia. Te cuento que estaba Alejandra Delgado, Mario Cariaga, Joaquín Sánchez, fue una generación interesante. En ese momento la Academia era muy conservadora y nosotros éramos los que proponíamos cosas diferentes y se involucró con el Siart 2001, y se trabajó en lo que es “concepto” y hubo un chispazo para lo que es la nueva generación de artistas. 
¿Por qué sentiste esa atracción por el arte, qué es lo que te picó en realidad?
En realidad fue una completa casualidad llegar a la Academia. Yo tenía algunos problemas por ahí y como para dar solución el médico me recomendó tomar clases de cerámica para bajar el estrés, la depresión, y ahí me acordé de que había un establecimiento de pintura, la Academia en Sopocachi, la escuela de artes, y fui y me inscribí, y era todo súper extraño. Por decirte, para que comprendas mi nivel de ignorancia, el profesor decía traigan pasteles y yo pensaba en los pasteles para comer y me preguntaba  ¿Para qué querrá pasteles? (ríe).
Era mi ignorancia completa sobre el mundo del arte, hasta que mis compañeros me indicaron que los pasteles son unas barras de colores para pintar (vuelve a reír con más ganas), así era mi ignorancia. Mi idea era pasar clases como un mes, dos meses, pero me agarró el arte y hoy en día sigo trabajando. Amo el arte y a mi hija... (suspira).
¿Tienes una niña?, ¿de qué edad?
Tiene tres añitos, es… ( su voz se entrecorta y suspira). Es muy diferente mi concepción ahora sobre la vida, sobre el arte. He trabajado años sí, pero hoy más que todo lo hago con más pasión porque sé que tengo a mi wawa a mi lado y es por ella que estoy súper. Soy papá soltero. (Suspira)Es increíble, solo un papá puede entender lo que quiero decir.
A cualquier evento le pongo mis ganas, mi profesionalismo. Quiero que todo salga bien. En este caso, sobre la Bienal, creo que es la exposición más importante de mi vida, y que Bolivia tenga su propio pabellón es…
¿Es la primera vez que sales del país o ya participaste en encuentros internacionales de arte?
Sí ya estuve. Recién llegué de Santiago, de una exposición de la academia metropolitana, y sí, igual estuve en París, en Colombia, pero una bienal en Venecia es otro nivel, es cien por ciento por mi hija, por el arte.

¿Qué sucede contigo cuando estás en ese proceso creativo, cómo te llega la obra que plasmas y proyectas? 
Durante mi primera etapa era más impulso, las grandes sensaciones por impulso, instintos. 
Tengo un poco de nostalgia por esos trabajos porque eran más espontáneos, más viscerales, pero con los años el proceso cambió, ahora pienso más, lo hago más a detalle, y para hacer una obra, para concebirla, puedo estar hasta cinco meses analizando y al mismo tiempo hago otras obras, hago videos, edito, hago sonido, bocetos o estoy pintando. 
Yo me veo como si estuviera caminando en círculos, en ese círculo hay puntos, en esos puntos me detengo, analizo y pienso en una pieza y voy a la próxima, y estoy así.
En 2015 gané el Amalia Gallardo a Mejor Video y Mejor Guión y Fotografía, pero de ese video me tomó años de proceso.

¿Cuándo vos mencionas lo visceral, si te entiendo bien, haces referencia digamos a momentos intensos, así como al sentimiento de furia? 
JB: Claro que sí, hacía performance donde me sacaba la sangre con una jeringa, hacía cosas muy crudas, muy… agredía a mi cuerpo mucho, era muy autodestructivo porque estaba en una etapa difícil. Pero cuando entré a la academia se abrieron puertas para explorarme y así me conocí ¿no? 
¿Es decir que la terapia recomendada funcionó, pero no con la cerámica?
(Ríe de buena gana) Nunca hice cerámica, y sí, el arte me ayudó a conocerme más. Pero claro, los conflictos emocionales nunca se acaban, pero puedes controlarlos, y hoy estoy tranquilo, feliz.
¿Qué nombre tiene tu niña?
Se llama Iluri, que en aymara significa semilla, la que pone la semilla. Yo la concibo como la que me pone las ideas.

¿Es tu fuente de inspiración, tu musa, tú todo?
Es pues mi gordita…

¿Cuánto tiempo estarás en Venecia?
Si todo sale bien, estaré como 25 días. Ahora el plan es viajar primero a Berlin, allá tengo una exposición en la galería Okey. Y el 4 de mayo ya estaría partiendo a Venecia. 
Mi nena se quedará con su mamá, Constans, que es su abuela y me da pena (señala y frota su corazón). Se siente un huequito aquí.
Y ojalá que cuando crezca más, pueda entender que es parte de mi trabajo viajar, exponer. Algunos viajes son cortos, de 3 a 4 días, y otros de semanas.

¿Ya tienes las obras que llevarás?
Tengo los dibujos. Las esculturas están allá en Berlín y tengo que darle los últimos toques para luego trasladarlos allá a Venecia.

¿Todo inspirado en Esencia?
(Medita unos segundos) Algo de similitud tienen esencia y semilla. Todo está enganchado ¿no?, parecen sinónimos. (Vuelve a sonreír y le brilla la mirada). La exposición debía llamarse Iluri. (Decreta con convicción).