Cómo practicar cine en la educación

Gonzalo Jallasi
Cezar Migliorin e Isaac Pipano

 

Jackeline Rojas Heredia

Cezar Migliorin e Isaac Pipano, cineastas y docentes de la Universidad Federal Fluminense (UFF), del estado de Rio de Janeiro, en Brasil, fueron elegidos por el Ministerio de Educación, a través del Equipo de Formación Artística, y la Embajada de la República Federativa del Brasil para compartir el producto de su investigación metodológica plasmada en el libro Cuadernos para Inventar-Inventar con la diferencia.

Los expertos dieron el taller de cine, educación y derechos humanos, dedicado a los maestros y maestras del Subsistema de Educación Regular y también de las escuelas superiores de formación de maestros (ESFM).

Los cineastas y maestros permanecieron en La Paz una semana y, como afirmaron, ese tiempo les permitió “retroalimentarse”.

¿Cómo se concibe el proyecto y logran materializarlo?

Cezar Migliorin (CM): Empieza en dos caminos paralelos que en un momento se cruzan, un camino muy conectado con la investigación guiada a cine documental, sobre todo documental de cine brasileño con una conexión a la cuestión política. La forma en que el cine en su consistencia estética hace también política, de formas de relación, de establecer un interés sensible por el mundo no solo informativo, razonable. El cine documental tiene toda una historia que se puede traducir en cómo documentar en forma sencilla.

Paralelamente, en la Universidad Federal Fluminense existe una larga historia de conexión con la educación. En 2008 empezamos a hacer trabajos de cine con educación. Al mismo tiempo se empezó la licenciatura, la formación de maestros en cine, todos los años formamos entre 30 y 40 personas que son maestros de cine.
 

¿Algo más? 
 

Isaac Pipano (IP): El cine nos permite estar conectados y tocados por vidas que pasan y que no son las nuestras. A mí lo que me toca es que estoy todo el tiempo delante de distintas vidas, de alguna manera eso me toca profundamente. No es más hacer cine para el arte en un campo de artistas privilegiados. Lo que me toca es pensar el cine como una conexión con la educación, de participar en las vidas abiertas.

Si hay una motivación no es algo que esté en el interior, es una manera de ser invitado a participar en la ciudad, en otras comunidades y cosas, y más que eso, cómo podemos hacer como docentes. Interesa ese espacio que se vuelve a la comunidad. Algo que se puede hacer para otras personas y otros contextos. 

Una propuesta suya llega al Ministerio de Educación en Bolivia, me informaron que es por los resultados obtenidos en Brasil... ¿Cómo lograron esto y qué sienten al saber que el producto de su trabajo se expande así?

CM: En Brasil hacemos un trabajo conectado con la investigación, no hacemos política pública; quiero decir que por un extraño camino de Brasil tuvimos una conexión con el Gobierno, pero eso es algo que pasa con las universidades. Todo nuestro esfuerzo está en crear condiciones metodológicas e intelectuales para que nosotros aprendamos y compartamos lo que vemos y trabajamos.

IP: El proyecto es resultado de algo que se hizo en Brasil durante muchos años. Desde 1930, en el cine hay una fuerza pedagógica en muchos aspectos. En nuestra historia del cine dialogamos con teorías de cine anteriores a nosotros. 
En 1930, en Brasil había un Instituto de Cine y Educación.

En Bolivia se abre en 2012 la Dirección de Formación Artística dentro del Ministerio de Educación. Existe poca experiencia en el uso de técnicas de arte a nivel educativo, por eso es importante saber, ¿qué anécdotas y experiencias vivieron con los maestros bolivianos?

CM: Ayer mismo hicimos un trabajo sencillo, era un trabajo de escucha, de mirar y de crear imágenes con los ojos cerrados. Hay algo en la pedagogía que hace que crear una imagen no sea sencillo. Luego de pasar por ese proceso uno dijo: “Tuve la sensación de mirar un árbol por la primera vez”, eso para nosotros fue increíble. Si un taller de cine te permite mirar algo tan común por primera vez, es un buen resultado. 

IP: Voy a contar una historia, nosotros trabajamos con escuelas que son reformatorios de jóvenes relacionados con el crimen. Esos jóvenes tienen poca posibilidad de hacer o hablar de alguna cosa ficcional o de creer que ellos tienen competencias que no sean robar o cometer delitos. El Estado los despotencializa. Nosotros tenemos la expectativa de que cuando pasen a hablar lo hagan de sus vidas, su pobreza y su arrepentimiento, pero lo que les propusimos a ellos sigue por un camino distinto. Cuando ellos hablan de cualquier cosa significa que pueden hacer, hablar de cosas cotidianas, que sean similares a cualquiera que esté haciendo un trabajo con arte. Cuando no les pedimos nada, ellos hacen cosas que nos sorprenden.

Cada año, los maestros y cineastas brasileños enriquecen sus investigaciones y publican libros sobre esas experiencias.