Primer corto boliviano de realidad virtual

 

Claudio Sánchez *

La tecnología siempre sorprende, sus avances no dejan de llamar la atención y maravillar a quien los vaya a descubrir. La realidad virtual es un mundo paralelo que irrumpe en la actualidad como una posibilidad válida para poder generar contenidos muy interesantes. Ahora mismo en Bolivia estamos frente a una de las revoluciones tecnológicas más llamativas de los últimos años, se trata del uso de la realidad virtual en consonancia con el audiovisual artístico y argumental.

En la ciudad de La Paz, cuatro jóvenes que tienen sus oficinas en una famosa calle de Sopocachi, en los altos de un reconocido bar, trabajan ahora en VReality, ellos son: Édgar Cuenca, Alejandro Peñaloza, César Bernal y Enrique Oropeza. Este grupo ha desarrollado el primer corto boliviano de animación en realidad virtual. 

Titulado 21,6 este material cambia el panorama local de forma contundente. Con algo más de siete minutos de duración el corto cuenta una historia que tiene su raíz en una forma de pensar y contar la historia andina ancestral, llama la atención no solo lo impresionante que resulta el artificio digital de la realidad virtual, sino lo que se cuenta en esta pequeña historia que hace del espectador el personaje. Aquí se asiste —nunca mejor utilizada la palabra— a un renacimiento de ciertas figuras arquetípicas de la cultura tiwanakota y escenarios que han sido banalizados en la sola foto turística, para poder llevarlas a un lugar de reivindicación de su propio ser ontológico. 

Detrás de este corto hay muchas cuestiones sintomáticas de su propio tiempo. Quizás la primera, y la más llamativa, sea la opción de dialogar con la cosmovisión andina. Quiérase o no, ésta es una consecuencia del mismo proceso de cambio que nos ha permitido en distintos niveles volver a ver lo que somos, quizás la opción más sencilla hubiera sido recurrir a los efectos especiales más comunes y hacer el corto más cercano a las producciones de acción o al video juego, pero la elección de seguir un tempo que también coincide con la forma de ver y enfrentar el mundo resulta sorprendente por eso mismo, por estar más cerca a lo que somos, que a lo que quieren que seamos.

* Crítico de cine