El trompetista que empezó con fe y mágicamente se le abrieron las puertas a todo

Foto: Carlos Barrios
Don Severo Aduviri sostiene una matraca en su casa.

 

Por: Erika Ibarguen Ayub

Severo Aduviri Córdova tiene 79 años de edad, 30 de ellos vivió tocando la trompeta con toda la fortaleza que se lo permitía su juventud y por su puesto sus pulmones, y pasó otros 34 bailando en la morenada Comercial Eloy Salmón de los Señores Maquineros  en la Fiesta Mayor de los Andes, Jesús del Gran Poder. 

Esta festividad que año tras año se celebra en la ciudad de La Paz con la participación de más de 60 fraternidades y miles de músicos y bailarines se adueña de las principales calles y avenidas para mostrar la alegría, color y desborde de muchos devotos ante el milagro atendido y otros tantos, por el gusto de participar en alguna danza de su preferencia.

Mañana, Aduviri saldrá una vez más acompañado de sus cinco hijos y su esposa para hacer el recorrido, no tan extenso como el de antes por el cansancio de los años que pesan sobre su espalda, pero sí fortalecido por la fe en quien según dice le dio todo lo que es ahora.

¿Por qué tiene tanta fe en el señor Jesús del Gran Poder?

Llegué a La Paz solo, sin conocer a nadie.

A mis 15 años, desde la provincia Aroma, comunidad Collpapucho Belén, no tenía ni un cuarto donde alojarme y hasta fui discriminado, pero con el paso de los días tuve la oportunidad de ingresar al cuartel, donde me quedé un año y luego aprendí a tocar la trompeta con mi profesor Florencio Garnica y mi hermano, que en ese entonces trabajaba en el Ejército y me ayudo a perfeccionar mi talento, eso me animó a crear mi propio grupo de músicos y convoqué a mis hermanos y sobrinos para formarlo.

¿Cómo es que se anima a grabar discos y vivir de ellos?

A los 20 años empecé a trabajar y ganar dinero tocando la trompeta con mi banda a la que bauticé como los Hermanos Aduviri, que estaba conformada por Enrique, Paulino, mis sobrinos y mi persona. Nos fue muy bien y así empezamos a tener contratos cada vez mejor pagados.

¿Cómo dio el gran salto de músico a bailarín?

En el transcurso de ese tiempo yo ya me había casado con Cristina Monasterios y juntos tuvimos cinco hijos, tres mujeres y dos varones. Entonces mi esposa ya había incursionado en la fraternidad de la morenada y me animé a acompañarla y fue así que baile activamente 30 años soportando casi una tonelada de peso que tiene o tenía el traje de ese entonces. Hoy los materiales son más livianos y algunos sintéticos.

¿El Cristo del Gran Poder le mostró su poder de alguna otra manera?

Si, los médicos le detectaron a mi esposa cáncer, la operaron y le hicieron cuatro quimioterapias, fue una etapa muy crítica que nos desestabilizó emocionalmente, pero la gran fe de mi familia y las oraciones que dirigíamos al señor del Gran Poder hicieron que mi señora se sanara por completo. Hoy tiene algunas molestias por el paso de los años, pero del cáncer ya no queda nada. “Ella era de pollera y tuvo que cambiar de vestimenta porque se le cayó todo el cabello, ya no podía hacerse trenzas, también perdió las cejas y pestañas, pero con el apoyo de todos nosotros pudo salir adelante.

En las fraternidades ¿buscan lucirse en sus recepciones sociales? Sabemos que usted fue pasante en dos ocasiones

Fui pasante de la Fiesta Mayor de los Andes en dos oportunidades, en 1975 y en 1982. Desde entonces me tratan como un rey, como una autoridad, me respetan y me quieren mucho. El ser pasante significa organizar una de las mejores fiestas en cuanto a comida, bebida y local se refiere. Yo hacía festejos únicos. Gastaba pero era recompensado con el cariño de la gente. Se invertía mucho, pero no era como ahora, antes los miembros oscilaban entre 60 y 80 bailarines, además de los músicos. Ahora son como ovejas, son centenares.

¿Qué otras oportunidades le dio el estar inmerso en este ámbito?    

Grabé un disco Los hermanos Aduviri y vendimos muchos ejemplares, tenía un sello propio y yo era el director de la banda. Estuve muchos años dedicado y además aceptaba los contratos. Paralelamente, me animé a hacer otros negocios con electrodomésticos, lo que me permitió sacar adelante a mis cinco hijos, profesionales, y ahora que estoy más cansado tengo algunos depósitos alquilados en la ciudad de El Alto. A mis 18 empecé a bailar con el consentimiento de mis padres y rendirle un homenaje personal.

Siempre me inculcaron que la familia es lo más importante. Mi madre fue operada tres veces, yo le pedí al Tata que la cuide. A mi padre tampoco le faltó trabajo. Y felizmente me recuperé de una recaída muy fuerte.