San Pedro fue barrio de ‘indios’ en sus inicios

La antigua plaza España a comienzos del siglo XX, actualmente conocida como la plaza Sucre, en San Pedro.
Fotos Antiguas de La Paz / Víctor Trillo

 

Redacción central / Cambio
San Pedro, uno de los barrios más antiguos de la ciudad de La Paz, que en sus inicios fue zona de ‘indios’, data de 1700. La construcción de la Iglesia de San Pedro se terminó en 1720, según está escrito en el arco de su puerta de ingreso.

De acuerdo con datos históricos el templo fue incendiado durante el cerco a La Paz realizado por Tupac Katari en 1781. Nueve años tardó su reconstrucción. Sin embargo, fue destruido nuevamente en otra rebelión indígena en 1857 y restaurada en el gobierno de Narciso Campero. 

Corazón de la ciudad
Doña Hilda Alba, una de las vecinas más antiguas del barrio,  refiere que San Pedro “era un sitio de callejoncitos y chacras. Había animales: vacas, ovejas, llamas y caballos”.

“Para que la zona progrese, los dueños de casa cedimos gran parte de nuestros terrenos. Así se abrió la calle Otero de la Vega. Me dejaron solo la tercera parte de mi casa. En ese tiempo la plaza de San Pedro estaba empedrada. Era bonita, una cosa bastante sencilla. La zona ha desarrollado, pero tendría que estar mucho mejor porque es el corazón de la ciudad”, expresó.

El río Jampacollo atravesaba el barrio por el medio. En la segunda mitad del siglo XX, la zona sufrió varias inundaciones por el desborde de las aguas del río Choqueyapu. Luego fue embovedado y encima de éste ahora se erige la plaza Gilberto Rojas.

“Todo estaba lleno de árboles frutales. Había guindas y eucaliptos, los árboles eran grandes. En el centro había variedad de sabrosísimas manzanas y lucmas”, señala doña Inés Flores.

Allá por la década de los años 50, la plaza de San Pedro acogía la feria de Alasita, donde se comercializaban las miniaturas hechas totalmente a mano.

“Yo vendía ekekos, armaba los ‘saquillitos’. Había que coser, cortar, sellar, planchar, rellenar el azúcar y el arroz. Hacíamos chancacas, ajicitos y coca. Ahora ya no se hace así. Todo es plástico. Bonitas cosas sabíamos hacer”, recuerda doña Adela Heredia, expositora de la feria paceña.

Las vecinas recuerdan que la cárcel estuvo ahí y para la feria ingresaban al penal para realizar compras al por mayor a los artesanos reclusos, para luego vender en la feria, principalmente vehículos y objetos de yeso en miniatura.