Aplicación de la cadena perpetua

 

La violencia sexual infantil es uno de los problemas más graves de salud pública y de derechos humanos en Latinoamérica, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

En la ciudad de El Alto, la segunda más poblada del país, y receptáculo de población migrante pobre, las cifras obligan a ver esa realidad como algo verdaderamente cercano e inquietante.

Pero esa amarga situación que viven miles de familias y víctimas, que no puede ser silenciada y escondida por más tiempo, no es exclusivamente de El Alto.

Las defensorías en el país atienden más de 30 mil casos al año en los que se ven involucrados menores de edad como víctimas de alguna forma de abuso. 

Hay casos que por su crudeza e inusitada violencia están en la memoria colectiva de la sociedad boliviana.

En la larga lista de denuncias, las más frecuentes guardan relación con asistencia familiar, conflicto de guarda o tenencia de hijos, abandono, maltrato físico, psicológico, extravíos, abandono de hogar, violaciones y, entre otros, tráfico de niño, niña y adolescente. 
De los casos denunciados, una gran parte corresponde a violación sexual. 

Lo más grave es que cientos de casos nunca son denunciados. Lo que sí se  sabe sin embargo es que la inmensa mayoría de víctimas son niñas. Son hombres quienes están detrás de la amplia mayoría de los casos de violencia contra los niños, niñas y adolescentes, pero también, según estudios sobre el tema, los perpetradores de violencia no solo son personas extrañas.

Desde hace más de un lustro rige la pena máxima de 30 de años de cárcel, sin derecho a indulto, para los violadores de infantes y adolescentes. 

El nuevo Código Penal, como lo reveló el vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, se incluyó la sanción de cadena perpetua para las personas que violen y asesinen a menores de edad.

Y la cadena perpetua es una sanción penal acorde a la gravedad del delito de violación seguido de muerte.

Los ejemplos sobre el abuso sexual y muerte de menores sobran en la sociedad boliviana. Existen casos que, por su crudeza e inusitada violencia, son emblemáticos y están presentes en la memoria colectiva, como el caso de la niña Patricia Flores.