Valle Hermoso festejó a San Juan Bautista

Cinco testimonios distintos y una misma conclusión llevaron a las familias Aramayo, Cáceres, Huayhua, Andrade y López a convertirse en fieles devotos de San Juan Bautista: “Es un santo muy milagroso”, afirman estas personas, que por diferentes razones conocieron esta adorada imagen.

Como ellos, muchos otros reconocen los favores recibidos y en agradecimiento bailan en la entrada de Valle Hermoso, un barrio que está cerca al cruce de Villas en la ciudad de La Paz.

“Los católicos sabemos lo que significa acercarse a él, por eso nos dejamos acoger confiados en su guía y protección”, dijo Raúl Aramayo, uno de los bailarines.

Sin embargo, existen otras personas que intervienen en las danzas por el simple placer de disfrutar el folklore y pasar un ameno momento con los amigos.

En este caso fueron cuatro las fraternidades, todas morenadas, las que recorrieron las amplias calles y avenidas de la zona, pero principalmente la avenida Rafael Ballivián, que concluye en Villa Copacabana, donde se asentaron para compartir la oferta de anticuchos y cervezas, y continuar bailando la melodía contagiosa de trompetas, platillos y tambores, que sacó a muchos vecinos de sus casas para participar en la celebración.  

“Yo pasé una etapa en mi vida muy difícil y fue cuando me acerqué a este santo, y me hizo el milagro”, contó Celestina Huayhua. Los bailarines se olvidaron del tiempo, por lo que la fiesta se prolongó hasta después de la medianoche. Más tarde recién fueron retirándose de a poco a sus respectivos domicilios.

Al siguiente día, muy temprano, acudieron a la misa para continuar con la Diana, que es una pequeña entrada pero que dura pocos minutos.

“Estas entradas barriales, que por lo general se organizan los fines de semana, son una oportunidad para conocer más sobre la riqueza nacional en cuanto a folklore y música”, sostuvo Roberto Cáceres, miembro de una de las bandas que cada año participa por la fe que tiene en este santo.

Los trajes en tonos morados, amarillos, verdes, azules, rojos con plateado, entre otros, sumados a la alegría de los y las bailarinas, se robaron los aplausos de quienes pese a la oscuridad de la noche y el frío característico de la ciudad no vacilaron para quedarse hasta que el último bloque ingresara, el cual expresaba rapidez y energía al son de la morenada tarareada por la mayoría.