El goleador que hizo estremecer a Bolivia

William dirige la escuela de fútbol Pelota de Trapo y Trapitos en Cochabamba. Le gusta el trabajo de formación de jugadores.
Gustavo Cortez C.

La Paz / Gustavo Cortez C.

Es tarde de domingo. Guayaquil está caliente, el verano no se fue todavía. El estadio Isidro Romero Carbo está vacío a pocos minutos del inicio del partido Ecuador vs. Bolivia del 19 de septiembre de 1993. Está vacío porque la selección local ya nada tiene que hacer en las Eliminatorias del Mundial USA 94. Así que solo hay un pequeño puñado de hinchas bolivianos apostado en una tribuna inferior de aquel gigante estadio con capacidad para 90 mil personas.
Bolivia quiere hacer historia, clasificarse por méritos propios a un Mundial. Y está cerca, muy cerca. El equipo de Xabier Azkargorta entra, saluda y se pone a jugar.
En paralelo, en Rio de Janeiro, Uruguay quiere hacer otro Maracanazo para clasificarse. Tiene 9 puntos (Bolivia 10), pero enfrenta a un Brasil (11) fuerte (que luego sería campeón de esa copa). 
Así se presenta la fecha final del Grupo B de las Eliminatorias de Sudamérica, en el que de los tres solo irán dos.
El partido de Guayaquil es una pelea de gladiadores. Ecuador no regala nada. Bolivia se esfuerza, pero el gol está más lejos que cerca.
Sin embargo, cuando el primer tiempo finalizaba (minuto 46), la ‘Verde’ da la estocada que le dio el boleto a USA 94. Erwin Sánchez sacó un remate fuerte, el balón rebotó en un defensor, y ahí apareció William Ramallo para acomodar el esférico con un remate medido y calculado.
Estalló Bolivia a la distancia. Los locutores no dejan de gritar el histórico gol en el estadio. En la jugada del gol, hasta el árbitro parece ‘celebrar’ con los jugadores bolivianos, que se abrazan. Ese gol fue decisivo. Después vino el empate ecuatoriano y en Rio otra igualdad, 1-1. Clasificados: Brasil y Bolivia; eliminado: Uruguay.

“EL SUEÑO DE NIÑO”
A 26 años de aquella gesta, Ramallo todavía cuenta con emoción lo que pasó ese día.
“Nosotros fuimos a ganar. Sabíamos que económicamente a la FIFA no le convenía que Bolivia vaya al Mundial, sí Brasil y Uruguay, que estaban manejando el resultado en Rio. Cuando ellos estaban 0-0, presentíamos que estaban esperando una derrota nuestra para acomodarse entre los dos. Pero nosotros jugamos lo nuestro y llegó el gol”.
Así recuerda la jugada: “Vino un ataque nuestro, Sánchez remató, yo no podía esperar un pase en profundidad de él porque pateaba fuerte y al arco, así que remató y ‘blanqueó’ a un defensor ecuatoriano, pero el rebote llegó a mis pies, entonces con mi cuerpo me saqué a un ecuatoriano y con la izquierda marqué... Fue una locura ese momento”.

—Después de tantos años, ¿qué siente hoy de ese gol?
—Sabe, le cuento que era un sueño de niño. Yo jugaba en la zona sur de Cochabamba, en tierra, en lluvia. Cerca de la estación de trenes a Oruro, La Paz y Aiquile había una cancha y por ahí pasaba el río ‘Serpiente negra’, de donde salía un olor hediondo porque era el desagüe de la ciudad.
Recuerdo que en ese lugar, de niño, me decía “un día voy a clasificar al Mundial a mi país”. Así, sucio, soñaba y soñaba, pero jamás pensé que ese gol que hice en Ecuador iba a llevarnos al Mundial. Desde entonces creo que los sueños se hacen realidad, pero  es sumando esfuerzos, luchando contra la adversidad, siendo cada día más competitivos.
Esto es lo que le está haciendo falta a nuestro fútbol y a nuestros futbolistas.

EL BALÓN LO ATRAPÓ
La infancia y juventud de Ramallo está vinculada a un balón y el fútbol. Y éste sigue siendo su pasión.

—¿Cuéntenos cómo fue su infancia?
—Me crié en la zona sur, cerca del Complejo Petrolero, mi padre era trabajador de Yacimientos. En toda esa zona había campos deportivos, Loreto, Lajma y otros, lotes baldíos donde podíamos jugar, colocar arcos y patear la pelota en la calle. Después vinieron los campeonatos petroleros, ellos tenían sus equipos de fútbol y ahí fui observado por la Escuela Enrique Happ, donde jugué desde los siete años hasta mis 17 y 18.
Fuimos a un torneo infantil en Asunción, Paraguay; fue la primera vez que una escuela de fútbol de Bolivia salía a un torneo internacional. Participaron Olimpia, Cerro Porteño y otros equipos de Brasil. Allí salimos campeones invictos y yo salí goleador.
Después, con Happ salí campeón en otras diferentes categorías que me tocó jugar. Posteriormente fui tentado por el club Petrolero, que era equipo de la Liga, donde don Enrique Happ me vendió y a partir de ahí empezó mi carrera profesional.

—¿Siempre fue delantero?
—De muy niño, al principio era arquero. Lo tenía sin vida a un tío para que me haga remates al arco, luego cuando fui parte de Happ siempre fui delantero y nunca solté ese puesto. Jugaba más por la punta derecha que por el centro.

—¿Qué condiciones tenía ese niño?
—Velocidad, era un factor fundamental para mí, y jugar bastante con la cabeza. Yo siempre decía que la cabeza estaba más cerca del arco que el pie y los goles que hice a lo largo de mi carrera la mayoría los marqué de cabeza. Tenía el sentido de estar en el lugar adecuado en el área, aprovechar los rebotes, ser oportunista...
—Cómo fue su debut en la Liga?
—Debuté contra Bolívar. Estábamos empatando 1-1 y ganamos 2-1, en Cochabamba. A partir de ahí empecé a agarrar la titularidad y Petrolero hizo gran campaña, no perdía ni de local ni de visitante. Creo que tiene aún el antecedente de ser el equipo invicto durante una primera rueda en la Liga.

—Me dicen que jugaba y estudiaba a la vez, ¿fue así?
—Sí, seguí la carrera de Auditoría, terminé, pero jamás la ejercí. Una vez en Petrolero me dieron un trabajo en Yacimientos, estaba en activos fijos en contabilidad. Ésa era la tradición, los que jugaban en ese equipo trabajaban en la refinería Gualberto Villarroel. 

—¿Y cómo llegó a Bolívar, su segundo club en la Liga?
—Una vez destaqué en un partido y don Mario Mercado vio y me compró, él prácticamente hizo mi carta de renuncia a Yacimientos y me dediqué totalmente al fútbol.
También tenía interés The Strongest. Ahí estaba Eduardo Villegas, con quien jugué en Petrolero desde la Sub-7. Aquella vez a Villegas lo quería Bolívar y a mí The Strongest. Pero cuando estaba cerca del Tigre apareció don Mario, quien le propuso a mi padre: “¿Quieren que juegue la Copa Libertadores o la Liga nomás con The Strongest?” Entonces pasé a Bolívar.
Jugamos la Libertadores contra Wilstermann y los peruanos Universitario de Lima y la UTC de Cajamarca. Pasamos a la segunda fase, jugamos con Cerro Porteño y Olimpia, donde debuté en la Copa. Dos goles le hice a Cerro en una noche inolvidable de Bolívar. Después jugamos con América de Cali y Newell’s Old Boys, éste nos eliminó en la tercera fase. En esa época estaban Carlos Borja, Marcos Ferrufino, Vladimir Soria, Jorge Hirano, Eusebio Acasuzo, Roberto Pérez, Luis Abdeneve..., grandes jugadores.

—¿Ganaba bien en Bolívar?
—No, era un sueldito para sobrevivir. Éramos muchachos, pero igual no era gran cosa. Después de esa copa no nos fue bien en el torneo local y nunca voy a olvidar que se enojó don Mario y no nos pagaba porque no habíamos salido campeones. Lo único que teníamos en el bolsillo alcanzaba para comprarnos un litro de leche y dos bolivianos de pan. Eso nos comprábamos con William Ibáñez, un cruceño que jugaba en Bolívar esa vez. Y de paso un día salimos a la calle a comprar y casi me atropella una movilidad, voló el litro de leche y vi cómo se escurría ésta por la calle. Por eso no olvido jamás esa vez que don Mario no nos pagó el sueldo. Nos hizo sufrir.

—¿Pero fue una buena oportunidad en Bolívar?
—Sí. Después el 88 salimos campeones con Ramiro Blacut y Jorge Habegger. Cuando Jorge Lonsdale era el presidente, íbamos a jugar la Copa Libertadores e íbamos a arreglar contratos, y por desacuerdos hicieron un trueque con Erwin Sánchez, así que Francisco Takeo y yo nos fuimos a Destroyers. Pero en Santa Cruz salí goleador del torneo y fui parte de la Selección del 89, que estuvo a un gol de clasificar al Mundial de Italia. Entonces otra vez Mercado me estaba tentando para volver a Bolívar, pero lamentablemente falleció don Mario (95).

—Dicen que nació para la Selección, ¿cree que es así?
—El 89 fui muy resistido en la Selección, siendo que era el goleador de Destroyers y había sido transferido a Oriente Petrolero. Jorge Habegger tenía figuras del momento ‘Tucho’ Antelo y Álvaro Peña, que estaban pasando su mejor momento en San José, pateaban y hacían gol. Pero gracias a la presión de la prensa de Santa Cruz fui convocado a la Selección. Esa prensa me elogiaba por ser goleador, gané incluso el premio Alada, que no dan a un colla.
Esa Selección hizo una gran Eliminatoria, no fuimos a Italia por un gol. Pero ése fue el inicio del proceso de la clasificación al Mundial de USA 94.
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54 años

William Luis Ramallo Fernández nació en Cochabamba el 4 de julio de 1963. Exfutbolista y goleador de las Eliminatorias 93.

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Dio el puntapié inicial en USA 94

“El mejor premio que nos pudo dar el mundo y la FIFA fue hacernos jugar el partido inaugural del Mundial 1994 y contra el anterior campeón, Alemania. Me sentí dichoso de haber dado el puntapié inicial. Yo le toqué el balón a Julio Baldivieso y él atrás. Esa zapatilla la tenía guardada, pero no sé quién se la llevó. Reebok me pagó por usar sus zapatillas en la copa 5.000 dólares por partido y 2.000 en los amistosos, aparte de ropa deportiva”.

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“Azkargorta me llamó como relleno a la primera concentración”

William Ramallo fue un delantero que encajó bien en la Selección que jugó las Eliminatorias de 1993, pero su convocatoria tuvo dudas al comienzo...
“Estaba resistido, es que a veces me iba bien y después tenía sequía de gol, y aparecían jugadores que tenían mejor chance que yo: Álvaro Peña, Jaime Moreno, ‘Tucho’ Antelo, pero ellos no rendían en la Selección como yo, ahí había una diferencia.
En la primera concentración en Cochabamba Xabier Azkargorta me convocó prácticamente como relleno, pero, como él dice, trabajé como hormiguita, como el tonto que va para adelante, si tenía que chocarme contra una pared, lo hacía, así me gané la titularidad en base a esfuerzo, a mucha dedicación, convicción, convencido que el trabajo me iba a ayudar”.
Fue a la Copa América de Ecuador con la ‘Verde’, pero fue suplente. Sin embargo, el DT apostó por él en las Eliminatorias por las ganas que ponía en el trabajo y los cotejos.
“Contra Venezuela en Puerto Ordaz comenzamos perdiendo, le hicieron un gol de media cancha a Darío Rojas, pero lo dimos vuelta (1-7). Yo hice el empate, luego vinieron las ‘diabluras’ de Etcheverry, el remate de Sánchez, las llegadas profundas de Cristaldo... Etcheverry vació la defensa, trastabilló y se caía, y yo la empujé, yo estaba para eso, para empujarla”.
Ramallo era intuitivo en el área rival. Estaba donde tenía que estar, a la caza del balón para introducirlo al arco.
“Hay que saber llegar al encuentro con el balón, ser intuitivo, yo tenía ese sentido, de presentir que ese balón iba a llegar a determinado lugar, estar atento al rebote y anticiparse a la acción, en eso nadie me ganaba, así me gané el puesto”.
William fue decisivo en el partido más difícil de esas Eliminatorias, con Ecuador en La Paz. “Prácticamente gran parte del partido nos dominó Ecuador, y la única oportunidad de Bolivia fue el remate de Erwin Sánchez, que pateaba como mula, yo fui al rebote... Yo manejaba el tiempo y espacio del rival y antes de que el balón se pueda levantar, me zambullí e hice el gol de palomita, si no hacía eso el defensor ya hubiese estado encima de mí. Era otra virtud que tenía, de no darle tiempo y espacio al rival”.

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Datos

William Luis es hijo de Lucio Ramallo Ferrufino y Nelly Fernández Méndez. Tiene siete hermanos, él es el mayor. Son cinco varones y tres mujeres, todos vinculados al fútbol.
Su padre fue jugador de Petrolero. Estuvo 15 años y también fue goleador. Antes jugó en Ferroviario y Oruro Royal porque nació en la ciudad de Pagador.

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Hoy es DT y forma a niños y jóvenes en la escuela Pelota de Trapo

William Ramallo sigue vinculado al fútbol. Es entrenador y tiene una escuela de fútbol en Cochabamba. 
“Sigo en el fútbol, entreno. Estoy dedicado a la formación de niños, adolescentes, jóvenes y mayores en la Primera B, que es la máxima categoría que tenemos en Cochabamba. Tengo la ayuda de la Fundación de la Casa de los Niños, es una comunidad de apoyo con viviendas a niños de escasos recursos, niños enfermitos. Tenemos una escuela básica. El director es Aristides Gazzoti, un italiano que ayuda a la niñez y juventud, y yo me identifico con ese trabajo. Así que el trabajo también es social”.
“Me gusta dirigir, lo hice en la Liga, pero algunos dirigentes me dieron la espalda. Debe ser porque uno va de frente y es sincero con las cosas que dice”.
Dirige la escuela Pelota de Trapo, donde trabaja su familia. “En Cochabamba es uno de los grandes protagonistas. Siempre llegamos a las finales por el trabajo que hacemos, por la seriedad que tenemos”.

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Llevó siempre el número 18 en sus 

casacas. “Es que soy dos veces más

que el 9, pongo dos voluntades”, dice

El exgoleador dice que llevaba el 18 en la espalda porque su padre jugaba con ese mismo número, tradición que le sigue su hijo Rodrigo en The Strongest.
“Soy el 18 porque soy dos veces más que el 9 (sonríe), es que pongo dos voluntades, lo tomé de esa manera. Mi hijo lleva ahora el número. Ojalá no muera el 18”.
Ramallo tiene un sinfín de anécdotas. Recuerda algunas:
“A Gustavo Quinteros le ocultamos una vez sus zapatos, unos mocasines, en el aeropuerto de Londres. Le hicimos caminar todo el viaje descalzo. Ese aeropuerto es como una ciudad, grande, y Gustavo no encontraba sus zapatos. Con (Loenel) Trucco nos reíamos porque detrás de las bromas estábamos nosotros.
Ya en el avión, una azafata que servía el refrigerio le entregó sus zapatos. Gustavo le agradeció y nosotros lo mirábamos riendo”.
“Otra, después del partido inaugural con Alemania, cuando retornábamos de Chicago a Boston, nos agarró un tornado en pleno vuelo... fue el peor vuelo de mi vida. Ese avión se sacudía de un lado a otro y el piloto tenía la puerta de la cabina abierta, nosotros veíamos que la pista de aterrizaje aparecía y desaparecía. Logramos aterrizar, pero después cuando bajábamos por las gradas el viento también ya nos quería hacer volar. Pasamos un susto terrible”.
Otra de las ilusiones que tiene William es que su hijo Rodrigo destaque en la Selección y con ella pueda llegar Bolivia a otro Mundial. “Sería lindo otro Mundial con otro Ramallo”, dice.
El exjugador está casado con Roysi Cornejo, cuyo padre (César Cornejo) también jugó fútbol. Una de sus hijas, Daniela, es fisioterapeuta y trabaja en la escuela. Luego está Rodrigo, futbolista, y Ángelo, que estudia Ingeniería Comercial en La Paz. “Y tengo un hijo mayor de otra pareja que es inspector de la Dirección de Aeronáutica Civil, es piloto”.