Una gran lección de geopolítica

Foto: Freddy Zarco
El presidente Evo Morales recibe el saludo del Regimiento Primero de Infantería, Colorados Escolta Presidencial, en el Palacio de Gobierno.

Alejo Brignole *

Cierta vez, en un discurso de 1970, el presidente chileno Salvador Allende anunció: “En este plan de reparación de injusticias, también he resuelto que el hermano país de Bolivia retorne al mar. Que se acabe el encierro que sufre desde 1879 por culpa de la intromisión del imperialismo inglés”. Y agregó: “No se puede condenar a un pueblo a cadena perpetua. (…) Un pueblo que esclaviza a otro pueblo no es libre”.

Esta declaración geopolítica sin precedentes por su carga humanista, que muchos en Chile criticaron como contraria a los intereses nacionales, fue en realidad una demostración de la más alta intuición diplomática y estratégica. No solamente fue el fruto de una gran elevación moral, de estadista comprometido con la justicia entre los pueblos, sino la quintaesencia de una doctrina fundamental para América Latina: la hermandad de sus naciones con intereses recíprocos y compartidos. Muy claramente Salvador Allende comprendía que las disputas, el sometimiento y la vulneración de los intereses vecinos era, fundamentalmente, una autoflagelación, y que el daño al otro siempre se refleja en la propia carne.

Allende vislumbraba que la riqueza de una Bolivia con salida al mar, sería también una riqueza potencial para Chile, por tanto, la vía más inteligente, la más útil geoestratégicamente, y la más fortalecedora para la región, era propiciar una solución clara y eficaz al problema de la mediterraneidad boliviana.

Pero si hiciéramos una extrapolación a las actuales relaciones chileno-bolivianas, veremos cuán negro y profundo es el abismo, no ya de la cooperación o integración entre ambas naciones, sino de los criterios generales ejercidos por el actual Estado chileno y su jefa, Michelle Bachelet, tan alejados de la visión estratégica de Allende. Sin embargo, el espíritu fraterno de Allende sigue rondando y se corporiza en gestos, en palabras y en hechos políticos que recogen su herencia profundamente integradora y sabia.

Quizás el más evidente ejemplo de este legado —por su cercanía— podamos encontrarlo en el reciente conflicto con los nueve funcionarios bolivianos detenidos y retenidos por varios meses en Chile, seguido de la detención de dos carabineros chilenos detenidos por cruzar la frontera boliviana de manera ilegal. Sobre cómo resolvieron las dos naciones estos episodios, está la clave del espíritu que impera en cada una.

Chile, debido a su histórica visión estratégica ciertamente ambiciosa, pero miope —las posturas de Allende fueron un marcada excepción— siempre fue un problema geopolítico para las naciones vecinas y generador de conflictos innecesarios con Argentina, Bolivia y Perú (véase en Democracia Directa del domingo 19 de Junio de 2016 la nota Chile Como Problema Geopolítico).

Sin dudas, en el caso de los nueve bolivianos detenidos el 19 de marzo de 2017, el Estado chileno hizo gala de soberbia diplomática y de crueldad con los detenidos, violando aspectos esenciales de los derechos humanos como la libre comunicación con familiares, o un tratamiento jurídico imparcial, dejando en evidencia el sustrato aislacionista que doctrinalmente ejercen los gobiernos chilenos.

Como lección añadida, el caso de los nueve detenidos nos enseña que el humanismo debe ser un ejercicio efectivo, no un discurso. Que debe demostrarse con una consecución de actos y decisiones en favor de lo humano, no como una doctrina vaciada de contenido fáctico.
Por eso el gobierno boliviano eligió el camino contrario ante idéntica situación, cuando funcionarios chilenos fueron detenidos en territorio nacional sin las debidas autorizaciones.

La Cancillería pudo haber retenido ad infinitum a los carabineros chilenos, ejerciendo una represalia aleccionadora ante el comportamiento diplomático de Chile. Sin embargo escogió el camino opuesto: el de la no confrontación, de la no violencia, de la resolución fraterna entre naciones que deben mirar hacia un mismo horizonte y amenazadas por los mismos enemigos.

Michelle Bacehelet, encerrada en una visión diminuta de escasa proyección regional, obediente a geopolíticas extrañas y sometedoras, carente del impulso integrador de Allende (a pesar de que su padre, el general de brigada Alberto Bachelet, fue muerto por defender aquellos ideales) ha demostrado que de geopolítica entiende poco o nada, pues cree que agredir a sus vecinos es fortalecer a su país, cuando lo que hace es debilitarlo aún más. Por eso el presidente Evo Morales fue estricto y políticamente claro en el caso de los derechos humanos y jurídicos de los dos carabineros detenidos, y ordenó liberarlos tras sustanciarse el expediente correspondiente.

Bolivia, que es un Estado humanista en todos sus discursos y —lo más importante— en todos sus actos, no cedió a la tentación mediocre de cobrarse cuentas mezquinas, pues sus dirigentes entienden perfectamente lo que significa la verdadera geopolítica. La que Salvador Allende defendía.

* Escritor y periodista