LA CIA COMO TRAGEDIA DE LA CIVILIZACIÓN

Espacio de Formación Política

Por Alejo Brignole

Actualmente hablar sobre el futuro de la civilización se ha convertido en un asunto lleno de conjeturas e incertidumbres. El proceso autoextintivo, que ya está en marcha debido a un capitalismo irracional y arrasador del medioambiente, que además extiende y fomenta procesos tangentes igualmente destructivos (el militarismo global, la concentración económica y las asimetrías sociales), hace que un futuro pleno para el desarrollo humano sea hoy un enigma con perspectivas más bien desalentadoras.

Pero si en realidad existe un futuro posible, algún día esa sociedad venidera dará su veredicto de esta época en que vivimos. Así como la historia hoy considera episodios fallidos a la inquisición, la esclavitud, el colonialismo, el racismo y los genocidios programados, en un futuro probable el capitalismo y todas sus premisas también serán consideradas como un desvío monumental y trágico de la cultura. Muchas instituciones, proyectos y gobiernos también serán evocados como enemigos de todo lo humano y contrarios a su realización. Y en ese eventual análisis que hoy es pura conjetura futurista, seguramente la CIA estadounidense será recordada como un escollo atroz y retrógrado para la humanidad.

Pero… ¿qué función cumple y qué crímenes comete esta agencia gubernamental estadounidense para ser considerada como enemiga de la civilización?

La respuesta sería tan amplia y documentada que no alcanzarían cientos de ediciones de este periódico para responder medianamente a esta formulación. Aquí solo haremos un esbozo elemental para comprender el fenómeno de la CIA y su papel nefasto en América Latina como factor desestabilizador y promotor de tenebrosos genocidios.

La CIA (Central Intelligence Agency, por sus siglas en inglés) fue fundada dos años después de finalizada la II Guerra Mundial, en el marco de Ley de Seguridad Nacional de 1947, promulgada por el presidente Harry S. Truman. Anteriormente, la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) era la responsable de la inteligencia, pero ésta fue disuelta luego de la victoria aliada en 1945.

Así como Washington reclutó científicos alemanes para llevarlos a sus universidades y centros de investigación, también incorporó criminales de guerra nazis especializados en espionaje, criptografía, guerra psicológica y operaciones clandestinas para que aportaran su experiencia a la nueva agencia de inteligencia que se estaba creando.

A los 70 años de su creación, hoy la CIA acumula un abultado historial de crímenes en el planeta y una gran cantidad de subestructuras que responden a ella en casi todos los países. Para tener una idea muy pálida de la penetración, alcances y atomización de la CIA en América Latina —y en el mundo—, señalemos que la agencia posee oficinas propias —de manera encubierta— en edificios oficiales de gobiernos democráticos. Actualmente, estas dependencias funcionan en Argentina, bajo el gobierno de Macri; en Brasil, bajo el gobierno de Temer, en Perú, hace décadas, y en muchos otros países del entorno. También funcionaron en Bolivia hasta 2006, cuando fueron desmanteladas por un elemental principio soberano y de dignidad nacional. Hasta entonces, la CIA utilizaba instalaciones del ejército cedidas por los gobiernos de Sánchez de Lozada, por Hugo Banzer o por el presidente Jorge Fernando Tuto Quiroga, por citar unos pocos.

De igual manera que la CIA derrocó a Salvador Allende en Chile, a Jacobo Árbenz en Guatemala o más recientemente a Manuel Zelaya en Honduras y a Dilma Rousseff en Brasil, también condujo al poder a salvajes genocidas que produjeron baños de sangre en sus respectivos países. Pensemos en el clan Duvalier en Haití, en la familia Somoza en Nicaragua, en Leónidas Trujillo en República Dominicana o las atroces dictaduras del Cono Sur en los años 70 del siglo XX, cuyos responsables fueron entrenados y adoctrinados por Estados Unidos y recibieron instrumentos programáticos para la desaparición masiva de personas.

Por supuesto, la CIA no es la única agencia de este tipo en Estados Unidos, pues el propio proyecto hegemónico norteamericano ha producido monstruosamente unos 1.700 organismos o agencias afines dentro y fuera de su territorio. Sin embargo, la Central de Inteligencia es la que mayor presupuesto administra, con cerca de 14.000 millones de dólares anuales, según las filtraciones realizadas en 2013 por Edward Snowden (empleado de la NSA, la otra mayor agencia de inteligencia estadounidense). Las filtraciones dieron cuenta que el presupuesto anual de todas las agencias de estadounidenses supera los 50.000 millones de dólares.

Hoy la CIA trabaja activamente en la desestabilización de Venezuela y en la contaminación de la opinión pública boliviana contra el proceso revolucionario del MAS-IPSP. Y lo hace financiando ONG, fundaciones pseudo democráticas y políticos a sueldo que movilizan a pequeños sectores sociales en favor de los lineamientos marcados por la agenda de Washington. Samuel Doria Media, del frente de Unidad Nacional, quizás sea el más conspicuo servidor de la Embajada estadounidense en nuestro país, pero existen muchos otros de rango desconocido que son igualmente funcionales, a cambio de becas, financiamiento o contactos útiles.

Hoy se sabe que la CIA financia muchas de sus operaciones clandestinas con el tráfico de estupefacientes y de armas, que realiza contaminaciones biológicas y químicas experimentales en países del Tercer Mundo, que vigila a cientos de miles de críticos e intelectuales de izquierda en los cinco continentes y que produce atentados de ‘bandera falsa’ para adjudicarlos a grupos terroristas.

También los medios corporativos de comunicación son parte asociada de estas estructuras paralelas y que los responsables del diario Clarín en Argentina, de El Nacional en Venezuela, o de las cadenas estadounidenses Fox, CBS, o periódicos como The Washington Post, diario el Mundo y el País en España, o el Corriere Della Sera en Italia —y un largo etcétera— coordinan con la CIA a través de sus nexos, operaciones de prensa globales.

Para asomarnos brevemente a los alcances de la CIA y sus operaciones, citemos que los atentados en 1980 a la Estación Terminal de Bolonia, en Italia —que se saldó con 80 muertos— y el atentado con bomba en el Oktoberfest de Munich, en igual año —que se saldó con 13 muertos y 200 heridos— fueron planeados por la CIA en el marco de la Operación Gladio, conjuntamente con servicios secretos europeos, todos bajo la tutela de la agencia estadounidense. De igual manera, hoy los atentados terroristas en Europa forman parte de un diseño que —probablemente— no proviene de grupos radicalizados islámicos, sino de islamistas entrenados por la agencia bajo estructuras indirectas, pero afines. La CIA fue y sigue siendo, por tanto, un eficaz instrumento de dominación y terrorismo encubierto, con el agravante de que sus recursos tecnológicos y operacionales hoy soy infinitos. Y como no rinde cuentas a las autoridades políticas estadounidenses (tampoco al Presidente), se ha convertido en un Estado dentro del propio Estado. En una maquinaria de muerte que opera en nuestros ámbitos cotidianos para intentar detener lo que no se puede detener, que es la autodeterminación de los pueblos.