EEUU y sus socios reflotan pesadillas

Pablo Jofré Leal

Desde el momento mismo de la firma del denominado Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés), en julio de 2015, un acuerdo internacional y coercitivo tanto para los países firmantes como para los otros países miembros de la comunidad internacional, la clase política estadounidense contraria al expresidente Obama comenzó una lenta y sostenida campaña destinada a sabotear los alcances de tal acuerdo. Atentados que se incrementaron bajo el gobierno de Donald Trump y que implicó aumentar la política de sanciones y exigir a sus socios sionistas y wahabitas extender sus acciones desestabilizadoras contra la nación persa.

En otra parte del mundo, la administración de Trump amplió su discurso agresivo y el apoyo a la desestabilización del Gobierno venezolano a través de la imposición de sanciones y declarando que el país sudamericano representa una “amenaza extraordinaria e inusual a la seguridad nacional y política exterior estadounidenses”.

Con Cuba,  después del histórico acercamiento entre el Gobierno de La Habana y Washington, en las postrimerías de la segunda administración de Barack Obama, el nuevo habitante de la Casa Blanca decidió que el bloqueo, las sanciones y el aislamiento de Cuba deben volver a ser parte de la política exterior de Washington con respecto a la nación caribeña. 

En el plano de las pesadillas de Estados Unidos no solo se presenta la República Islámica de Irán, Cuba y Afganistán, sino también Siria, que luego de seis años de agresión no cayó bajo el objetivo político-militar de ese país del norte y sus aliados regionales como la Casa al Saud, Jordania, la entidad sionista y las Monarquías Ribereñas del Golfo Pérsico. Washington ya fracasó ostensiblemente y solo le queda generar el mayor grado de destrucción con la nación levantina.

Los propios diplomáticos estadounidenses reconocieron el fiasco de Estados Unidos y sus aliados en la idea de derribar al Gobierno sirio, bajo la falacia de una Coalición, que se supone combatiría a los grupos terroristas takfirí que operan tanto en Siria como en Irak y que ampliaron sus ataques a otras zonas de Oriente Medio y el Magreb. 

A estos dolores de cabeza que debe enfrentar la administración Trump se une la fortaleza mostrada por Irán en materia de no dejarse amedrentar frente a las amenazas del Gobierno estadounidense de ampliar sus sanciones contra la nación persa. Como tampoco dejar de apoyar con fuerza a las sociedades de Irak y Siria en su lucha contra el terrorismo takfirí. (Tomado de HispanTV)