La política armamentista de Trump

Delfín Arias Vargas *

El pasado 23 de julio, el presidente Evo Morales Ayma condenó que el estadounidense Donald Trump promueva un sustancial incremento del Presupuesto de Defensa de su país, el que si es aprobado por el Congreso, representará 54 mil millones de dólares adicionales que elevará a 665 mil millones de dólares el presupuesto militar de la potencia para 2018 y Trump cumplirá una de sus promesas electorales: “ganar guerras”.

“Trump pide incrementar el presupuesto militar para intervenir y saquear países a nombre de la libertad, traer muerte y miseria a los pueblos. ¿Por qué mejor Trump destina su presupuesto militar en mitigar el hambre y pobreza dentro y fuera de Estados Unidos?”, preguntó Morales el 23 de julio a través de su cuenta oficial en Twitter.

Y razones no le faltan al Presidente boliviano. Desde hace décadas Estados Unidos mantiene un arsenal nuclear capaz de convertir a la Tierra en un lugar inhóspito para toda forma de vida, mientras el inmoral, obsceno y deshonesto pedido de Trump a su Congreso constituye una afrenta a la dignidad de cientos de millones de seres humanos.

Cada día que pasa, millones de personas en varias regiones el mundo sufren hambre y cuyas necesidades serían satisfechas con un porcentaje mínimo de la multibillonaria carrera armamentista mundial que lidera precisamente Estados Unidos.

Y de ser aprobado el pedido de Trump, el nuevo y estratosférico presupuesto militar representará más de 2.000 dólares por cada uno de los 323 millones de estadounidenses, superando el gasto militar per cápita de 2015, cuando se situó en 1.900 dólares. 

Y si alguna vez Bolivia pudiera aprobar un presupuesto militar equivalente a 2.000 dólares por cada uno de sus 11 millones de habitantes, alcanzaría la escandalosa suma de 22 mil millones de dólares, el doble de las reservas internacionales netas del Banco Central. Una locura.
Según un informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), antes de que Trump decida el multibillonario incremento, Estados Unidos ya era de lejos el país líder en gastos militares.

En 2016, luego de cinco años seguidos de reducciones en su presupuesto militar por la crisis económica y la retirada de sus tropas de Afganistán e Irak, Estados Unidos subió su inversión en armas en 1,7% y alcanzó los actuales 611 mil millones de dólares. No obstante, la inversión militar estadounidense para 2018 todavía se situaría por debajo del nivel máximo alcanzado en 2010, cuando con los gastos de las guerras de Irak y Afganistán su presupuesto militar se disparó a 687 mil millones de dólares, más de seis veces lo que se gasta China en defensa. Todo un récord.

No obstante, esto parece no ser suficiente para Trump. “Sería un sueño que ningún país tuviera armas nucleares, pero como otros países las van a tener, nosotros estaremos a la cabeza”, dijo en una entrevista con Reuters publicada la semana pasada.

Y no es la primera vez que Trump expresa su voluntad de incrementar el poderío nuclear de su país, a pesar de la ya notable ventaja que tiene Estados Unidos frente al resto del mundo, con un arsenal 31 veces superior al del Reino Unido y que multiplica por 26 al de China.

Según la Asociación de Control de Armas, una organización independiente con sede en Washington, Estados Unidos tiene desplegadas 1.367 armas nucleares, alrededor de 4.000 almacenadas y a la espera de ser desmanteladas unas 2.800. Éste es el poder de muerte de la potencia norteamericana. 

Esa entidad —citada por la BBC Mundo—, sostiene que sólo Rusia con 7.000 ojivas nucleares supera por poco al poderío nuclear estadounidense que cuenta con 6.800 ojivas atómicas y ambos países concentran el 90% de las 14.915 armas nucleares que existen en el mundo.

Un tercer lugar muy lejano está ocupado por Francia con 300 bombas atómicas, luego China con 260, Reino Unido con 215, Paquistán con 140, India con 110, Israel con 80 y Corea del Norte con 10 armas nucleares.

Según el más reciente Tratado de Reducción de Armas Estratégicas firmado en Praga (República Checa) en 2010, Estados Unidos y Rusia deberán equiparar su poderío nuclear hasta abril de 2018 y firmar un nuevo tratado en 2020, aunque ambos compromisos corren el serio riesgo de ser desconocidos por Trump, tal como ocurrió con el Acuerdo de Paría en contra del calentamiento global.

Sin embargo, ese acuerdo de reducción de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia, conocido como START III, ya fue calificado por Trump como unilateral. “Nunca vamos a caer detrás de ningún país, incluso si es un país amigo. Nunca vamos a quedarnos atrás en poderío nuclear”, advirtió el Presidente del primer exportador de armas en el mundo.

El director de Programas y Operaciones de la Fundación por la Paz en la Era Nuclear, Rick Wayman, calificó los afanes Trump como totalmente injustificados. “No tiene razones válidas y va en contra de los acuerdos vigentes”, afirmó Wayman.

Mientras Estados Unidos pone en jaque al globo con su descomunal arsenal militar y su multibillonario presupuesto de la muerte, 794,6 millones de personas no tienen suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa; casi uno de cada nueve habitantes de la Tierra.
Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la gran mayoría de quienes padecen hambre en el mundo vive en “países en desarrollo”, donde el 12,9% de la población presenta desnutrición.

Cada año, la mala nutrición es la causa de casi la mitad (45%) de las muertes de 3,1 millones de niños menores de cinco años, mientras uno de cada seis niños, unos 100 millones en los “países en desarrollo” presentan un peso inferior al normal, uno de cada cuatro niños en el mundo padece de retraso en el crecimiento y 66 millones de niños en edad escolar asisten a clases con hambre.

El PMA estima que se necesitan alrededor de 3,2 mil millones de dólares por año para satisfacer el hambre de esos niños. Es decir, sólo el 4,8% del presupuesto militar de Estados Unidos.

Lo cierto es que cada día cientos de millones de seres humanos sobreviven con un dólar y pueblos enteros estoicamente esperan la paz en condiciones infrahumanas: sin agua, sin energía eléctrica y sin alimentación adecuada, como ya lo dijo el costarricense Johnny Suárez.

Es horroroso y vergonzoso corroborar cuántos miles de millones de dólares se gastan cada año en el perfeccionamiento de sofisticadas armas de destrucción masiva y en la compra y venta de los más modernos equipos bélicos que son utilizados única y exclusivamente para matar hombres y mujeres, niños y niñas.

Y todos estos atropellos son justificados con el pretexto de la defensa de soberanías, con guerras inventadas y sin sustento jurídico internacional. Y lo peor aún: para matar en nombre de Dios, de la libertad y de la democracia. ¡Habrase visto!
 

(*) Comunicador social y periodista. Fue profesor universitario.