Antonio Gramsci y la hegemonía opresora

Espacio de Formación Política

Por Alejo Brignole

Nacido en la isla de Cerdeña, Italia, en 1891, Antonio Gramsci fue una de las figuras más destacadas del pensamiento social marxista, y su influencia ha dominado a lo largo de todo el siglo XX y continúa. Hijo de una familia proletaria de siete hijos —él era el cuarto—, debido a la precariedad económica, Antonio fue testigo y víctima de un sistema social oprimente e injusto que le obligó a padecer necesidades extremas, que marcaron su carácter y fueron determinantes en su pensamiento y formación posteriores.

Cuando Gramsci tenía tres años, un traumatismo en su columna vertebral debido a un accidente le impediría crecer con normalidad, condicionando su estatura, que siempre fue de un escaso metro y medio. Sin embargo, esta versión sobre su limitación física fue cuestionada modernamente por la Casa museo de Antonio Gramsci en Ghilarza, Cerdeña. Después de una autopsia a sus restos se determinó que las razones de su malformación se debían en realidad a una tuberculosis osteoarticular, que finalmente sería también la causa indirecta de su muerte, a los 46 años.

Al comenzar el tercer año de la enseñanza media pidió un docente, que era director de la formación política Unión Sarda, permitirle colaborar en el periódico de la organización y fue aceptado. También pudo asistir a la Universidad años más tarde gracias a una beca que el propio joven solicitó y que obtuvo para estudiar en Turín. Cuando en 1911 concluyó los exámenes para la beca, entre los aspirantes también estaba un joven genovés llamado Palmiro Togliatti, que años más tarde sería su compañero en el Partido Comunista Italiano.

Un suceso político marcaría a Antonio en uno de los tantos viajes de visita a su hogar paterno. Fue durante las elecciones políticas del 26 de octubre de 1913, celebradas cuando Italia se encontraba en guerra contra Turquía a causa de la conquista de Libia. En los comicios fueron convocadas a las urnas las clases históricamente marginadas, que votaron por primera vez, incluidos los analfabetos, que por aquellos años en Italia era una gran masa. No obstante esta democratización del voto, hubo fraudes y manipulación por parte de la dirigencia política, y ello disparó las primeras reflexiones revolucionarias de Gramsci: el pueblo había votado, pero no había podido cambiar nada debido al dominio de las clases dominantes.

Fue a partir de este evento que Antonio hizo su elección política: la vía del socialismo como lucha. En una Italia dividida entre un norte rico y un sur pobre, buena parte de la lucha intelectual de Gramsci estuvo centrada en educar a las masas para que salieran del pensamiento provinciano que les atrapaba en razonamientos dirigidos (que más tarde definiría como “hegemónicos”) y así tuvieran una visión más amplia y estratégica para salir de su histórico atraso.

Al terminar la universidad, el joven Gramsci ya está inserto en la prensa socialista del momento y escribe un gran volumen de artículos políticos, crítica teatral y reflexiones críticas para el Il Grido del Popolo (El Grito del Pueblo) —periódico socialista turinés— y para Avanti, el periódico del Partido Socialista italiano. Pero poco más tarde, con 26 años, comienza a despegar de su natural situación de estudiante ensimismado en libros y escritos, y comienza a frecuentar a agrupaciones obreras para las que dicta cursos y conferencias, ofreciendo lo que mejor puede dar: herramientas para la reflexión liberadora.

Cuando estalla en 1917 la Revolución Rusa escribirá que ese movimiento proletario “naturalmente debe desembocar en un régimen socialista” y que Vladimir Lenin “ha suscitado energías que jamás morirán. Él y sus compañeros bolcheviques están persuadidos que es posible en todo momento realizar el socialismo.”

Más tarde. En 1921, Gramsci sería uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia, junto a Amadeo Bordiga y Palmiro Togliatti —aquel becario que compartió exámenes con Gramsci para entrar la Università di Torino—. Luego Antonio sería electo diputado y un activo escritor político y pensador de gran fuerza reflexiva y doctrinal, a pesar de las persecuciones y el acoso que el fascismo y el Régimen de Mussolini le depararían.

Pero… ¿Por qué fue determinante Antonio Gramsci en el pensamiento socialista? ¿Cuáles fueron los pilares de una influencia que dura hasta hoy?

Entre muchas otras tareas, el pensamiento político y social le debe a Gramsci la generación de herramientas doctrinales para el activismo obrero, entre ellas los Consejos de Fábrica y la toma de fuentes de trabajo, fenómeno que hoy es medular en América Latina en la lucha contra un neoliberalismo criminal que descarta al hombre de la ecuación economicista, salvo para el lucro.

Antonio Gramsci fue un activo luchador en contra de los privilegios en Italia, sumida en un capitalismo precario, con un norte industrial que mantenía acuerdos asociativos con los latifundistas del sur para, juntos, prolongar las condiciones de sujeción social y privilegios de las clases propietarias. Para algunos escritos, Gramsci centró parte de sus observaciones en los movimientos campesinos en Sicilia que inspiraron la insurrección de Milán de 1896, brutalmente reprimida a cañonazos por el Gobierno.

Demasiado arduo sería aquí sintetizar la obra y el pensamiento de Gramsci, dadas las restricciones naturales de este espacio, pero señalemos que una de las principales contribuciones del teórico marxista fue su concepto de “hegemonía” o “bloque hegemónico”, que explica cómo el capitalismo se perpetúa no ya por sus instrumentos represivos, los cuales —según Gramsci— serían fáciles de derribar en un contexto de acción-reacción. Lo que describe Gramsci en buena parte de su obra son los condicionantes sutiles, la supremacía cultural, la influencia familiar y ambiental que trazan en el individuo una forma de pensar y comprender la realidad, para ser funcional a la propia dominación que le oprime. Es decir, una hegemonía de superestructuras, tomando esa idea de superestructura que definiera Marx en sus escritos.

El 31 de octubre de 1926, Mussolini sufre en Bolonia un atentado sin consecuencias y aprovecha este suceso para conculcar derechos democráticos. Y pese a tener inmunidad parlamentaria, Gramsci es arrestado en su casa —al igual que otros comunistas— y encerrado en la cárcel de Regina Coeli. Después de un período de confinamiento en Ustica, el 7 de febrero de 1927 es encerrado en la cárcel milanesa San Vittore. Pasa años muy severos en los que, a pesar de las condiciones, escribe sus célebres Cuadernos de la cárcel (32 libretas con unas 2.800 páginas). En 1937 es liberado, pero los padecimientos físicos adquiridos en el encierro (Mal de Pott, o tuberculosis vertebral) acaban con sus resistencias y muere el 27 de abril de ese año. La carne de este italiano luchador pereció, pero sus ideas siguen hoy más vivas que nunca.

Para consulta introductoria a la obra de Antonio Gramsci, véase: Los cuadernos de la cárcel (ordenados bajo diferentes títulos temáticos). Y también: Filosofía de la praxis y teoría de la hegemonía, Vol. 1 de sus Cuadernos de filosofía y política. Y la obra: El concepto de hegemonía en Gramsci, de Luciano Gruppi. Ed. Cultura Popular, México, 1978.