¿Cómo no escribir sobre La Paz?

Miguel Sánchez Ostiz, de Pamplona España, es uno de los autores de enorme producción literaria en los géneros de novela, cuento, investigación y ensayo. Tiene publicados más de 60 libros, un número indeterminado de columnas, escritos en varios periódicos europeos y más. El autor presentó en la FIL su segunda obra sobre Bolivia, en este caso concreto sobre La Paz con el título de Chuquiago, junto a la Editorial 3600.
Afecto al diálogo, a la risa y a una que otra ocurrencia, reveló que en “teoría el libro debía llamarse Chuquiago deriva de La Paz”, en el sentido de “ir a la deriva”.
Antes de dirigirle alguna pregunta,  Sánchez Ostiz se apresuró a responder con otra ¿Cómo no vas a escribir sobre La Paz? Miró hacia los ventanales del café en el que nos encontramos para el presente trabajo e inició su relato. “La primera vez que conocí a un boliviano de carne y hueso fue en Pamplona, mi tierra, allá en 1960, a Daniel Pasquier, el columnista de prensa”, dijo.
Mencionó que en Cochabamba existe un grupo de personas que se hacen llamar “los pamplonitas” porque fueron a estudiar a ese lugar de España.
El autor llegó por primera vez a La Paz y se encontró en medio de una ciudad sitiada de la que no podía dirigirse a ninguna parte. Se registró en un hotel en la plaza San Francisco. “San Francisco como era antes” aclaró. De repente le sale una nostalgia ya expresada por otros artistas, una especie de oda y de rencor contra quien destruyó ese lugar en el que muchas “gentes” diferentes se congregaban. 
“Si la plaza marroquí fue declarada Patrimonio de la Humanidad, lo que había antes en San Francisco tenía más razones para serlo. Yo no sé lo que han hecho, estará moderno pero se acabó lo que era antes. Es que yo me acuerdo que te metías en la plaza y no salías de ahí en toda la tarde entre un rincón a otro y había abogados, ‘pacpacus’, payasos, lanza fuegos, predicadores, unos que decían que veníamos de los dinosaurios, otros  vendían remedios para la sífilis de la amazonia o que la biblia la escribieron los extraterrestres, eso era como en Marruecos, una cosa que me dejoó…muy chocado”, estiró su última palabra como con esfuerzo mientras bajó la mirada.
Miguel Sánchez Ostiz es conocido en España como un “autor maldito, de escritor a contrapelo, outsider, oscuro y hasta bronco”, ganó varios premios tanto fuera como dentro de España. 
Ya lleva escritos dos libros sobre Bolivia (Cuadernos de Bolivia y Chuquiago) y espera presentar un tercer libro antes de concluir el año. Mientras hablaba afirmó con frecuencia que viene al país por la gente, por el calor humano que encuentra y que no lo siente en ningún otro lugar del mundo.
Pese a esa afirmación, su primera estadía en La Paz no fue grata, en día de bloqueo se animó a visitar Tiwanaku junto a otros turistas, en el lugar fue detenido por los pobladores y amenazado con machetes, tuvo que construir un muro de piedra junto a los otros turistas para que los dejen en libertad. “Cuando la barricada de piedras estaba alta nos dejaron pasar, de ahí me fui al lago que estaba vacío por lo del bloqueo, me llevo una persona a la que recuerdo con asco” contó con una mueca de malestar en su rostro. Se refería a una mujer que intentó convencerlo de pasar por muchos sitios de karaokes y prostíbulos, “al final me molesté tanto que le dije ‘Señora yo ni fumo, ni bebo, ni cojo, ni me drogo”.
Retornó a La Paz y en la suerte le fue de mal en peor. Por la calle Jaen fue interceptado por un supuesto turista ecuatoriano perdido quien en complicidad con otro tipo, que bajó de un coche, lo raptaron y le robaron todo.
Es para el autor un episodio triste, de ahí se fue a Chile y no retornó a Bolivia en los cuatro años siguientes a esa primera vez. Sin embargo, con frecuencia se decía a si mismo que todo eso no debía influir en su percepción por Bolivia, “El conjunto de los nacionales no tiene  porque responder por los maleantes de su país. Al retorno caí con todos los pies derechos”, afirmó mientras se reía.
Encontró en el país muchos amigos, “En Cochabamba conocí a Ramón Rocha Monroy, es el mejor amigo que he tenido en estos últimos 10 años y me presentó a sus amigos y todo era puertas abiertas por todo lado, un sentido de fraternidad emocionante y cuando retorné a mi tierra escribí Cuaderno boliviano el primer libro sobre Bolivia.
Y en 2008 vine dos veces, estaba en Chile y ya no aguantaba y vine más seguido a Bolivia, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, a veces casi dos meses, tres meses, lo que me daba la plata y la generosidad de la gente”, volvió  a sonreír.

¿Y el reciente libro que presentó sobre qué narra?
Pues en él aparece todo lo que estamos hablando por qué entro, por qué salgo, lo que he visto, todo lo que he leído, la gente que he conocido, no todos porque hay cosas que yo no puedo escribir, sobre todo de personas que me han abierto la puerta de su casa y hablaron conmigo con toda libertad.

¿Y luego de Chuquiago proyecta otro libro sobre Bolivia?
Cirovayesca boliviana, ése será mi próximo libro y narraré en ellos los viajes  que realizó Ciro Bayo por Bolivia,  (se puso de repente a bromear sobre la palmera de la plaza), luego retornó al comentario del libro y explicó “¿En el año 1913 a quién le podría interesar el Alto Perú?, en el momento de la independencia yo creo que ambos se dieron la espalda (España y América), en la época de Ciro Bayo no habían viajeros españoles en América, menos en Bolivia. Bayo en España cogió fama de ser un extravagante, un viajero. Y es un personaje que supo mucho, hizo mucho, trabajó como  taquimecanógrafo, y habló mucho de los crímenes en Riberalta en la época de los grandes dedicados a la explotación de la goma”, comentó.
Adelantó que el libro ya tiene un editor en España, pero que le gustaría que se edite en Bolivia.
Sobre los amigos que tiene y a quienes recordó con cariño además de Rocha Monroy, están Álvaro Diez Astete y Pablo Cingolani, entre otros. 
El primer libro boliviano que adquirió fue American Visa y posteriormente todos los de Juan de Recacoechea. Las anécdotas que ha vivido en Cochabamba, Sucre, Potosí y Riberalta, además de La Paz, son insuperables. (JRH)