Las caras del fascismo

Javier Larraín

Hace apenas dos años la población chilena se estremeció al escuchar el relato del exconscripto Fernando Guzmán, quien, después de 29 años, decidió romper el silencio en torno a uno de los crímenes más brutales de la dictadura cívico militar encabezada por Augusto Pinochet: ‘el caso quemados’.

Según Guzmán, los hechos ocurrieron de la siguiente forma. A tempranas horas del 2 de julio de 1986, una patrulla militar al mando del Cnel. (r) Julio Castañer, después de perseguir a un grupo de jóvenes dispuestos a instalar una barricada en una céntrica calle capitalina, capturó a dos de ellos, el fotógrafo Rodrigo Rojas Denegri y su novia Carmen Gloria Quintana, a quienes, luego de rociarles combustible, prendieron fuego para pronto abandonar sus cuerpos en un sitio eriazo. Rodrigo Rojas murió a los cuatro días, mientras Carmen Gloria sobrevivió con la mayor parte de su cuerpo quemado. Ninguno de los dos tenía 20 años.

Un año más que Rojas y Quintana tenía Orlando Figueroa, joven venezolano que murió el 4 de junio producto de un paro cardiopulmonar luego de estar internado dos semanas a causa de las múltiples quemaduras que de manera deliberada le propinaran por el solo hecho de ser chavista. También Orlando sufrió en la vía pública la ira de las hordas golpistas y sus grupos de choque que al arrinconarlo en una protesta, procedieron —igual que las bestias pinochetistas— a apuñalarlo y rociarle combustible para prenderle fuego.

Fue el líder obrero búlgaro Jorge Dimitrov, acusado absurdamente por el nazismo de quemar el Reichstag, quien definió al fascismo como “la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”.

Y, ¿qué es sino una ‘dictadura terrorista abierta’ la que pretende imponer al conjunto social venezolano una pandilla de fascistas, financiados por el capital financiero e imperial? 

A esta altura resulta una broma de malísimo gusto el testificar que la democracia parece destinada a fenecer cada vez que los «condenados de la Tierra» deciden edificar proyectos sociales anticapitalistas, propuesta histórica de los revolucionarios bolivarianos.

Si los jóvenes mártires chilenos fueron vilmente asesinados en las calles del Chile del dictador, Figueroa lo fue en el Estado Miranda, gobernado por Enrique Capriles Rodonski.

A un siglo de distancia, la judía polaca Rosa Luxemburgo, también víctima de la ira burguesa, nos alertó que hay algo peor que el capitalismo: “la barbarie”. Sin duda alguna era capaz de percibir hasta lo más hondo las caras del fascismo. Por eso su último grito no pudo ser otro que “socialismo o barbarie”, el dilema actual de Venezuela.(Tomado de: www.correodelalba.com)

* Director revista Correo del Alba