Venezuela puede ser la Siria de América Latina

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Durante cuatro meses, Venezuela vivió marchas violentas de parte de la oposición.

 

Sputnick

La economía de Venezuela se está volcando hacia China, donde exporta cada vez más petróleo y recibe las mayores inversiones extranjeras de la región. Las fuerzas armadas compran su armamento en Rusia, que le ha vendido los cazas SU-30 y los helicópteros Mi-17.

Estados Unidos no quiere perder el acceso a las mayores reservas de hidrocarburos del mundo, para lo cual se empeña en desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro con la ayuda de su vecina Colombia.

El vicepresidente norteamericano, Mike Pence, de visita a tierras colombianas, dijo que Estados Unidos “tiene muchas opciones para Venezuela”, y enfatizó que su Gobierno no se quedará con las manos cruzadas, por lo que tomarán acciones de orden político y económico contra la nación sudamericana.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, pidió a Estados Unidos mantener la “presión” contra Venezuela, al tiempo que solicitó descartar “la posibilidad de una intervención militar”.

En simultáneo, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, aseguró a Fox News que Venezuela representa un peligro para Estados Unidos. “Los cubanos, los rusos, Irán y Hizbulá están en Venezuela”, dijo al ser interrogado sobre las declaraciones del presidente Donald Trump, quien aseguró que no descarta una “opción militar”.

La frontera con Colombia puede ser la puerta de entrada de una guerra contra Venezuela, como denuncian el Gobierno y los medios oficialistas del país. En marzo, Telesur informaba el desmantelamiento de un campamento de 120 paramilitares en la Zona Estratégica Integral del Estado Táchira, que “se dedicaban a la extorsión, el secuestro, cobro de vacunas, sicariato, entre otros delitos en territorio venezolano”.

Desde hace por los menos 11 años, Venezuela denuncia la presencia de paramilitares de la extrema derecha en su territorio. En mayo de 2004, Hugo Chávez denunció la presencia de un ejército paramilitar en la finca Daktari, en el municipio El Hatillo del estado de Miranda. Se trataba de un grupo de 116 hombres, todos colombianos, que vestían uniformes militares venezolanos y portaban armas de guerra.

Para el Observatorio Económico de Latinoamérica (OBELA), Oscar Ugarteche y Armando Negrete, “existe un riesgo alto de que un problema de política nacional se resuelva con una intervención militar y que ésta pueda gatillar un problema internacional en Sudamérica”.

En su análisis, la emergencia de China como actor global ha provocado una fractura estructural en América Latina: Sudamérica ha virado hacia China mientras la cuenca del Caribe ha estrechado su histórica relación con Estados Unidos. Para graficar esa fractura, muestran las tendencias comerciales de los países de América del Sur, por un lado, y los de América Central, México y el Caribe, por otro. México envía 81% de sus exportaciones a Estados Unidos, en tanto Brasil exporta sólo 12% y Argentina 5%.

China ha desplazado al Banco Mundial y al BID como principal fuente de préstamos a Venezuela, con 141.000 millones de dólares volcados hacia América Latina y el Caribe entre 2005 y 2016.

Venezuela absorbe casi la mitad del total de préstamos, con 62.200 millones de dólares. El grueso de sus inversiones se destinan a energía, o sea hidrocarburos, pero también a minería e infraestructura. La estatal PDVSA es propietaria de la empresa petrolera Citgo en Estados Unidos, una de las ocho mayores refinadoras de petróleo en ese mercado y la sexta empresa distribuidora de gasolina.

En este escenario de fondo, en el primer semestre de este año sucedieron dos hechos que sacuden el tablero.

El primero es que Colombia concluyó su ingreso a la OTAN el 18 de mayo. El acuerdo comenzó a negociarse en 2013, estará focalizado en el “combate al crimen organizado” y será “sólo” un acuerdo de cooperación ya que el país suramericano no puede ser miembro pleno de la Alianza Atlántica.

Sin embargo, las consecuencias geopolíticas de dicha “cooperación” no pueden ser desconsideradas. Desde que comenzaron las negociaciones, los Gobiernos de Venezuela, Nicaragua y Bolivia manifestaron su rechazo, pues consideraban que el convenio entre Colombia y la OTAN representa una “amenaza para la estabilidad regional”.

La segunda cuestión es que el pasado mes de abril PDVSA adquirió un préstamo de 2.000 millones de dólares de la petrolera estatal rusa Rosneft, con una hipoteca del 49,9% de la empresa Citgo. En este punto comienzan una serie de especulaciones que revelan los miedos profundos de la elite estadounidense. El congresista republicano Jeff Duncan señaló que “Rusia se podría convertir en el segundo mayor propietario extranjero de la capacidad de refinación estadounidense”.

Desde que Estados Unidos se convirtió en potencia global, el control del Caribe y de Centroamérica es irrenunciable. Esas zonas fueron la base de su posterior expansión y es allí donde se han producido la mayor parte de sus intervenciones militares. Este conjunto de realineamientos están generando un clima que puede desembocar en la guerra.

El diario oficialista chino Global Times, habitualmente moderado en sus análisis sobre América Latina, sostiene que Washington sólo está preocupado por “tomar el control del continente como su patio trasero” y asegura que los objetivos de Estados Unidos consisten en “la eliminación de Maduro y la destrucción del legado político de Chávez”.