LA MISMA OBRA

Claudio Sánchez*

No es difícil encontrar similitudes en la obra de un artista. El corpus cinematográfico de Juan Carlos Valdivia, visto en perspectiva, desde Jonás y la ballena rosada (1995) hasta Yvy Maraey (2013), conserva cierto sentido en el discurso de casi todas sus películas. Es posible que American Visa (2005) sea la que más se aparta de una cierta necesidad de narrar las situaciones desde los mismos espacios conceptuales.
Tanto Jonás y la ballena rosada como American Visa son adaptaciones literarias, ambas películas recurren a la literatura para encontrar su forma, sin embargo el fondo está inevitablemente ligado a lo que el cineasta puede hacer. En el primer caso, pareciera que hay una urgencia de poner en valor (casi) todo el conocimiento que Valdivia tiene, y es por eso que hay cierto desequilibrio en la narración. Al ser ésta la opera prima del director hay ciertas licencias que se le pueden otorgar; sin embargo, es una película que se defiende sola, y en la que se encuentra más de una veta de interés que el realizador tiene y sobre la cual ha vuelto a trabajar continuamente.
En Zona Sur (2009) la casa es en sí un personaje, nada más que la reflexión sobre el cine es mucho más profunda que la que existe en Jonás y la ballena rosada. La casa es para Valdivia más que un lugar un ente vivo, y esto está declarado desde su opera prima. El tratamiento que se hace en una y otra película puede ser diferente, y sin embargo puede ser también el mismo. Sólo la distancia que los años le brindan a las películas es la que permite ver de otro modo el discurso de sus creadores. Con una diferencia de casi quince años entre una y otra cinta, ambas conservan este sentido de análisis sobre el espacio de la familia. En este mismo orden, la participación del propio Valdivia como personaje secundario en Jonás… y su participación protagónica en Yvy Maraey es otro aspecto que merece especial atención. En la película del 95, Valdivia es Pablo y tiene una participación bastante interesante, por lo que dice y aquello que dicen de él. Esta ambivalencia suya en la que dice y dicen lo convierte en una pieza clave del relato, en tanto es lo que es y lo que quieren que sea. En Yvy Maraey su personaje es mucho más profundo y va en busca de un qué decir, una necesidad de cuestionar todo lo que está haciendo. 
Valdivia logra con su opera prima entrar por la puerta grande a la cinematografía nacional. Con esta película firma una declaración de compromiso con su país que se aleja de lo que había sido el “cine social” de la tradición boliviana, y sin embargo no se divorcia de Bolivia. Es —¿simplemente?— que lo ve de otra manera, con una mirada que para entonces correspondía a otra generación de realizadores, y la cual —sin duda— ha dado al país más respuestas que preguntas.  

* Crítico de cine