La Operación Cóndor

Dictadores en Sudamérica

Víctort Montoya*

La Operación Cóndor o Plan Cóndor, que se constituyó en una organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado, fue establecida el 25 de noviembre de 1975, en una reunión realizada en Santiago de Chile entre Manuel Contreras, jefe de la DINA (Policía Secreta chilena), y los líderes de los servicios de Inteligencia militar de Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay. 
La Operación Cóndor, cuyo plan siniestro consistía en instrumentar apresamientos, asesinatos y desapariciones forzadas de decenas de miles de opositores políticos, utilizó la tortura como el arma principal de lucha contra la ‘subversión’ en el concepto de la ‘guerra sucia’. Por lo tanto, los prisioneros considerados ‘peligrosos’ para el orden y la ideología instaurados por las dictaduras militares fueron sometidos a interrogatorios con apremios psico-físicos.
La Operación Cóndor, además de las torturas y asesinatos, se ocupó de la captura y entrega de personas consideradas ‘sediciosas’ o ‘subversivas’ por los distintos regímenes dictatoriales. Es decir, los aparatos de represión no sólo intercambiaron información por encima de las fronteras nacionales, sino que también intercambiaron prisioneros. No en vano un documento desclasificado de la CIA, con fecha del 23 de junio de 1976, explica que ya “a principios de 1974, oficiales de seguridad de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia se reunieron en Buenos Aires para preparar acciones coordinadas en contra de blancos subversivos. 
En el libro Nunca Más, informe e investigación que fue dirigido por el escritor Ernesto Sabato en Argentina, no sólo se echan luces sobre las desapariciones, secuestros y torturas, sino también se relata que los instrumentos, métodos y grados de crueldad de los tormentos excede la comprensión de una persona normal, simulacros de fusilamiento, ‘el submarino’ (sumergir al prisionero en un recipiente de agua fría), estiletes, pinzas, drogas, ‘el cubo’ (inmersión prolongada de los pies en agua fría/caliente), ‘la picana eléctrica’ (magneto que genera electricidad de alta potencia), quemaduras, suspensión de barras o del techo, fracturas de huesos, cadenazos, latigazos, sal sobre las heridas, supresión de comida y agua, ataque con perros, rotura de órganos internos, empalamiento, castraciones, presenciar la tortura de familiares, mantener las heridas abiertas, permitir las infecciones masivas, cocer de la boca... El sadismo de los torturadores es un dato común. Todos los detenidos/desaparecidos eran torturados, hombres, mujeres, ancianos, ancianas, adolescentes, discapacitados, mujeres embarazadas y niños (hay varios casos de niños menores de 12 años torturados frente a sus padres). En el caso de las mujeres se combinaba la violación con la tortura.
En la Escuela de las Américas, instituida desde 1946 hasta 1984 en Panamá, se adiestró a centenares de oficiales en ‘acciones preventivas’ (métodos de tortura) y asesinatos con el fin de sembrar el pánico y el terror entre los activistas de la izquierda latinoamericana. Según algunas investigaciones, se deduce que la división de servicios técnicos de la CIA suministró equipos de tortura y ofreció asesoramiento sobre el grado de shock que el cuerpo humano puede resistir. De ahí que los métodos de tortura fueron similares en todos los países del cono sur, donde las fuerzas de represión fueron puestas bajo el comando del Ejército, y en particular de los paracaidistas, quienes generalizaron las sesiones de interrogatorio, la utilización sistemática de la tortura y las desapariciones.
Las víctimas de la Operación Cóndor se cuentan por millares en Sudamérica. En Uruguay, en tiempos de la dictadura, había un preso por cada 500 habitantes, en Paraguay se echaba en prisión al primero que opinaba en contra del régimen de Alfredo Stroessner, en Chile la palabra tortura pasó a formar parte del lenguaje coloquial durante el régimen de Pinochet, en Bolivia se cometieron crímenes de lesa humanidad, y en Argentina, donde desaparecieron miles de presos en las mazmorras, todos los sectores de la sociedad resultaron afectados por la brutalidad de los aparatos represivos que pretendían combatir la ‘subversión’ por medio de la tortura y el terror institucionalizado. 
Todos estos actos despiadados, que vulneraron los derechos humanos, no fueron públicamente conocidos hasta el 22 de diciembre de 1992, en que un volumen importante de información sobre la Operación Cóndor salió a la luz cuando el juez José Fernández y el abogado Martín Almada, profesor y expreso político paraguayos, descubrieron en la antigua comisaría de un suburbio de Asunción, concretamente en Lambaré, los archivos secretos del Plan Cóndor, que pasaron a ser conocidos como los Archivos del Terror. Se trata de toneladas de papel que revelan la entretela de la mayor organización represiva del cono sur, incluyendo su lenguaje cifrado y codificado. En estos archivos están registrados, de manera detallada, 30.000 desaparecidos, 50.000 asesinados y casi medio millón de encarcelados por los servicios de seguridad en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Y todo esto sin contar a quienes fueron torturados, asesinados y desaparecidos antes y después de la tristemente famosa Operación Cóndor. 

*Escritor y pedagogo