La Peri-Feria del libro de San Isidro

Centro San Isidro

Homero Carvalho Oliva*

En la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, a pocas cuadras de la avenida Che Guevara, por una calle que en épocas de lluvia se vuelve intransitable, lejos del centro urbano y de sus privilegios, se encuentra la sede del Centro Cultural San Isidro, una institución creada por un grupo de jóvenes cristianos, marxistas y anarquistas que, hastiados de las interminables discusiones sobre el hombre nuevo, decidieron practicar el cambio con el ejemplo: creando y trabajando en una comunidad marginal.
Desde 2005, el centro funciona en la casa de los hermanos Fernando Figueroa Solano y Juan Pablo Sejas Solano, su primera tarea fue unir al barrio elegido, y para ello optaron por el fútbol porque es el deporte que apasiona a todos. Sin embargo, no lo hicieron con la clásica mentalidad competitiva, sino como un espacio de encuentro en el que los niños y jóvenes, en un juego/diálogo participativo, irían aprendiendo de derechos y deberes; así la escuela de fútbol se transformó en un centro de aprendizaje de la vida. 
Su esfuerzo dio resultados, y en 2006 los niños de San Isidro, después de muchas penurias para conseguir los pasajes, llegaron a Alemania para participar en el otro Mundial, el del fútbol callejero.
A partir de ese hecho, la actividad del centro cobró fuerza, y ahora, además del deporte social, están comprometidos con el arte y la cultura como un medio de transformación social, así como con la preservación del medioambiente y la ciudadanía, que es transversal a todas sus actividades. 
Los esfuerzos del centro han sido reconocidos por autoridades locales, departamentales y nacionales, parece que todo el mundo quiere tomarse una foto con sus impulsores, sin embargo pocos son los que los apoyan económicamente.
Este año, el equipo de jóvenes bolivianos y extranjeros que dirige y trabaja en San Isidro, encabezado por Juan Pablo, tuvo la magnífica iniciativa de organizar la ‘Peri-Feria del libro’ con el propósito de iluminar con palabras y hechos desde los márgenes hacia el centro. 
Para los días 31 de agosto, 1 y 2 de septiembre, convocaron en su sede a músicos, gente de teatro, de danza, a escritores, a poetas, a activistas culturales y sociales para que participen en varios días de fiesta cultural; en los que no faltaron conciertos, conversatorios, exposiciones y presentaciones de libros, charlas y talleres de poesía para niños. 
Fue emotivo ver a los vecinos del barrio y a los jóvenes de las escuelas y colegios de la zona caminar entre libros, verlos escuchar conciertos y observar obras de teatro, así como participar en los conversatorios con otros actores de la cultura. 
El libro fue un pretexto para hablar de otros temas, y así estuvieron, entre otros, representantes de los colectivos Mujeres Creando, Rebeldía y Alegría Solidaria, así como reconocidos activistas culturales, periodistas, intelectuales y escritores, como Magela Baudoin, Carol Gainsborg, Karina Carrillo, Pablo Carbone, Hilda Cuéllar, Federico Morón, Antonio Carvalho, Billy Castillo, entre muchos otros.
Fui invitado a participar en la mesa ‘¿Qué representa una feria de libro en el quehacer cultural de una ciudad?’ junto a la periodista Maggy Talavera, monseñor Nicolás Castellanos, el poeta Juan Pablo Sejas y la activista Gabriela Ichazo. 
Intercambiamos opiniones acerca de cómo estos eventos se han convertido en fenómenos sociales y de su importancia en la comunidad. Me llamó la atención una anécdota contada por Nicolás Castellanos; el sacerdote comentó que a su llegada a Santa Cruz venía con la idea de trabajar en una zona marginal y de construir bibliotecas y centros culturales en los barrios; a medida que se iba reuniendo con los vecinos, todos sin excepción le pidieron que construya templos. 
Monseñor Castellanos lo hizo, sin embargo también les construyó bibliotecas que sin embargo fueron descuidadas por el barrio. 
Hoy administra el más grande complejo cultural y educativo de una zona marginal de toda Bolivia: la Ciudad de la Alegría, donde también funciona la única escuela nacional de teatro, en la que estudian jóvenes de toda la nación, en pleno corazón de la periferia de la zona más poblada de la urbe cruceña. Nicolás Castellanos es de esos curas necesarios para seguir creyendo en los milagros, en la Iglesia y en sus santos como él.

*Escritor y poeta