El complejo militar de Trump

 

Eva Golinger

Guerra nuclear con Corea del Norte. Guerra Fría II con Rusia. Guerra sucia en Yemen. Guerra indefinida en Afganistán. Guerra económica contra Venezuela. Guerra retórica con Irán. Guerra de muros con México. Guerra racial en Estados Unidos. Para ser el presidente que prometió la “no intervención” y “América Primero”, en apenas ocho meses Donald Trump se ha convertido en el rey de las guerras. Y hay todo un sector de militares estadounidenses y empresas multimillonarias que están salivando con la prospectiva de ampliar y expandir el poderío militar estadounidense.

Por primera vez en la historia contemporánea del país, Trump ha militarizado la Casa Blanca, colocando a generales en los cargos del gabinete presidencial más importantes sobre políticas de seguridad y defensa, y difiriendo al Pentágono las decisiones directas sobre operaciones de combate. 

Su viraje sobre Afganistán no fue bien recibido por sus asesores y seguidores más cercanos de la ultraderecha nacionalista. Dos de ellos renunciaron a sus altos cargos en la Casa Blanca —Steve Bannon y Sebastian Gorka—, ambos denunciando que Trump se había dejado llevar por los ‘liberales’ y el Complejo Militar Industrial. 

Y desde luego está el caso de Venezuela. Trump no sólo impuso “fuertes” sanciones económicas contra el país sudamericano con la intención de imposibilitar su acceso a dólares, dificultar aún más su situación financiera y sembrar descontento e inestabilidad social en el país, sino que también amenazó con una intervención militar.

Lo que sí es cierto es que a Trump le gusta la apariencia del macho poderío militar. Y le excita la posibilidad de flexibilizar su músculo militar a través de una guerra. Y si pudiera ser una guerra contra un país pequeño sin la capacidad real de contrarrestar la fuerza estadounidense —una victoria garantizada— pues sería lo ideal para Trump.

Cada día su incompetencia, su ignorancia y su frágil ego levantan más alarmas sobre su incapacidad de gobernar y sus tendencias destructivas. Tendencias que no solamente afectan a su entorno, sino al mundo entero. Su odio destilado está llevando a Estados Unidos al borde de una guerra civil y los escándalos rodeando su gestión siguen en escala. Arrinconado y desesperado para salvarse del escarnio público, Trump podría buscar una distracción que apuntaría el ojo del mundo en otro lugar, lejos de su aura anaranjada. Esa distracción podría ser una guerra ya anunciada. (Tomado de RT)