En el umbral de la industrialización

 

La recuperación económica mundial y regional sigue siendo débil, mientras Bolivia ya dio señales claras de su fortaleza económica con  el 3,34% de crecimiento del Producto Interno Bruto al primer trimestre del presente año y en días más dará un paso fundamental en su historia, cuando se inaugure la Planta de Urea y Amoniaco en la localidad de Bulo Bulo, Carrasco-Cochabamba.

Según el Ministerio de Hidrocarburos, el objetivo de esta planta es abastecer el mercado interno con fertilizantes producidos en el país para generar mayor desarrollo agrícola, en procura de seguridad y soberanía alimentaria del Estado. Esta idea forma parte de una gran estrategia de industrialización que el Gobierno trazó rumbo a 2025.

La implementación del proyecto también establece la exportación de los excedentes para generar mayores ingresos. Por la expectativa generada a nivel regional. Brasil ha expresado su interés de adquirir gran parte de la urea producida en Bulo Bulo, y además hay otros Estados y empresas que también miran con atracción el desarrollo de la planta. Se debe recordar que la urea es el fertilizante más usado por la agroindustria en el ámbito mundial por su alto contenido en nitrógeno (46%).

El Ministerio de Hidrocarburos hizo un estudio sobre la demanda interna de la urea y la investigación establece que el país importó más de 14.500 toneladas métricas (tm) de ese fertilizante, a un costo promedio de 590 $us/tonelada (precio CIF Bolivia), que representaría un 2% de la capacidad de producción de esta fábrica.

La planta demandó una inversión superior a los 800 millones de dólares, y se conoce que el 20% de los fertilizantes producidos servirá para mejorar la agricultura del mercado interno y el 80% será exportado a países de la región. Bolivia dio pasos significativos en el proceso de industrialización de los hidrocarburos, se materializa un anhelado proyecto que estuvo postergado por décadas porque no se pudo avanzar en este proceso. Hasta 2005 sólo se priorizó la exportación de gas natural a precios bajos y sin valor agregado, y no se había pensado en la industrialización, como una necesidad del Estado para exportar gas con valor agregado. Hoy, Bolivia es otro país, y tiene otra perspectiva.