Chomsky para principiantes

Espacio de Formación Política

Por Alejo Brignole

Nacido hace 88 largos años (en 1928, Filadelfia, Estados Unidos), Noam Chomsky es hoy uno de los pilares ineludibles de la izquierda norteamericana y una de las voces más determinadas a la hora de evaluar los desmanes que produce su propia nación en el mundo entero.

Acusado de “antiamericano” por una parte de la intelectualidad estadounidense, Chomsky pregona sus verdades desde un humanismo imparcial que no se deja amarrar por visiones chauvinistas ni slogans.

En sus libros, en sus cientos de artículos y en sus investigaciones, este hijo de judíos ucranianos emigrados a Estados Unidos en la década de 1920 denuncia el militarismo y la vocación imperialista estadounidense, además de los mecanismos sociales perversos que hoy rigen la política mundial.

A pesar de su enorme prestigio intelectual, de su vasta obra académica y política, y de su militancia en favor de un mundo sin guerras ni colonialismos, Noam Chomsky es un gran proscrito mediático en su propio país, como consecuencia de la guerra comunicacional que la prensa corporativa le ha declarado durante años. Resulta muy difícil encontrar apariciones de este intelectual comprometido, reseñas de sus libros o entrevistas en la prensa oligopólica norteamericana, que pretende —sin suerte— acallar sus denuncias y su figura de pensador contracorriente.

Autodefinido como anarco-sindicalista, Chomsky es miembro de legendario sindicato Industrial Workers of the World —Trabajadores Industriales del Mundo— más conocido como IWW, o los Wobblies. Esta central obrera estadounidense promueve la autogestión empresarial y critica la innecesaria intervención del empresario en la ecuación productiva, pudiendo ser reemplazada por la propia gestión del trabajador organizado sindicalmente.

La larga y productiva vida de Noam Chomsky tiene —aún hoy— una virtud infrecuente: es un intelectual valioso en campos muy diversos, en los cuales ha hecho aportaciones significativas. Tanto en el campo de la lingüística como en el área del pensamiento crítico aplicado a la política internacional, Chomsky es hoy una referencia ineludible. Raro privilegio que pocos hombres han podido gozar desde una perspectiva epistemológica: ser fundamental en áreas bien diferenciadas del pensamiento humano.

Detenernos en el Noam Chomsky lingüista, creador de teorías rupturistas en la comprensión de los mecanismos comunicacionales, haría imposible su abordaje en este espacio. Sólo diremos que sus obras científicas —incluso las tempranas— como Estructuras Sintácticas, publicada en 1957 y basada en su tesis doctoral realizada en Harvard en 1955, revolucionaron la manera de analizar la evolución lingüística en el desarrollo cerebral humano.

En esta obra inaugural, editada a sus 29 años, Noam Chomsky postula que el aprendizaje del individuo no se debe a factores sistémicos —enseñanza y estímulo ambiental—, sino a través de dispositivos innatos que él definió como un “órgano del lenguaje” que le permite al cerebro adquirir y usar el lenguaje de manera altamente intuitiva. Este postulado inicial en la carrera de Chomsky puso en entredicho buena parte del andamiaje construido por el estructuralismo y la psicología conductista surgida en la Escuela Frankfurt, que partía de premisas muy diferenciadas y aceptadas como definitivas. Chomsky demostró que los principios generales abstractos de la gramática son universales en la especie humana, sin importar su lengua, y postuló la existencia de una Gramática Universal. Otras obras, como Aspectos de la teoría de la sintaxis, y Lingüística cartesiana, ambas de 1965, serían las primeras de entre una veintena de títulos en este campo investigativo.

Pero a pesar de este bagaje teórico de gran trascendencia, Chomsky dedicó gran parte de sus energías intelectivas y su compromiso comunicacional en descifrar —y luego divulgar– el verdadero funcionamiento político del mundo, su sistema de ideas y sus desvíos antihumanistas y atrocidades, asumiendo una denuncia pertinaz contra los imperialismos, del que su propio país —EEUU— fue y es principal ejecutor y valedor.

Siempre a la vanguardia en su activismo social y político, Noam Chomsky no ha dudado en criticar con dureza los diferentes escenarios bélicos en los que Estados Unidos intervino: desde la Guerra de Vietnam hasta las recientes de Irak y Afganistán. Junto al ya desaparecido intelectual Howard Zinn, Chomsky fue una de las mayores voces en favor de los derechos humanos cuando éstos eran violados sistemáticamente en América Latina durante las dictaduras sostenidas por el Pentágono.

A contracorriente de la ingeniería mediática que padece la sociedad estadounidense —y también global—, Chomsky fue un importante divulgador y defensor de la revolución de Hugo Chávez y los procesos bolivarianos en nuestra región, a los que considera el inicio de un nuevo modelo más humano y opuesto a los diseños de un capitalismo autoextintivo.

Como crítico de las religiones, en tanto sistemas cooptados por las estructuras jerárquicas para perpetuar modelos opresivos, Chomsky ha defendido sin embargo al cristianismo de los tres primeros siglos, considerándolo como una religión de los pobres y de los oprimidos. Impregnado de esta idea, apoyó las expresiones renovadoras como la Teología de la Liberación en América Latina.

A pesar de su relevancia internacional como pensador político, el propio Chomsky no se considera un teórico en este campo, sino simplemente un ciudadano activo que reflexiona y analiza con sentido crítico las ideas dominantes. Sobre esta diferenciación, Chomsky sostiene que, mientras la actividad científica exige una formación y una abstracción conceptual muy elevada y por ello es excluyente para la gran mayoría, la crítica política sólo necesita una cierta condición aperturista, de observación reflexiva que cualquier ciudadano medio y preocupado en informarse puede realizar. Y que además debe hacer para no dejar en manos de una intelligentsia o de una casta intelectual, la exclusiva interpretación de la realidad.

Escritor claro y sin artificios, Noam Chomsky combina estas cualidades con un activismo incansable —aun siendo un octogenario— que lo lleva a dar conferencias, entrevistas, publicar ensayos y participar en plataformas civiles de diversa naturaleza. Esta militancia con lo humano y político ha convertido a Chomsky en un problema para el establishment estadounidense, que tiene en él a un enemigo incómodo debido a sus reflexiones precisas y que tocan un nervio sensible a la hora de exponer los desvíos totalitarios y antihumanistas del sistema en que se sustenta, no sólo Estados Unidos, sino el mundo globalizado.

Para introducirse en la obra lingüística de Noam Chomsky véanse, entre otro títulos: El lenguaje y el entendimiento - Seix-Barral, Barcelona (1977); El conocimiento del lenguaje, su naturaleza, origen y uso, Alianza, Madrid (1989). Sobre su pensamiento crítico, véanse las obras: Los guardianes de la libertad (en co-autoría con Edward S. Herman) Crítica, Barcelona (1990). La conquista continúa: 500 años de genocidio imperialista (1992) Reeditado por Terramar Ediciones, Argentina. Y también: Hegemonía o supervivencia. La estrategia imperialista de EEUU.