“Trabajo con mucha alegría y responsabilidad”

Mauricio Gonzales junto a su esposa, Tania, y sus hijos María René y Matías.
Familia Gonzales

La Paz / Reynaldo Gutiérrez

Mauricio Gonzales es el prepador físico de la Selección. Fue futbolista y un día eligió seguir una carrera universitaria. Tiene muchos amigos en el fútbol.

—¿A qué se dedica cuando está fuera de la cancha?
—El estar en la Selección implica un trabajo dentro y fuera de la cancha; entonces hay poquísimo tiempo para realizar otras actividades.
Si no estamos entrenando, hacemos un seguimiento a los jugadores y las divisiones menores, dialogando con los entrenadores de los diferentes departamentos. Es una tarea permanente.
—¿Y la familia?
—Es la que más sufre cuando, pero entienden nuestra labor, me apoya en los momentos buenos y malos, y eso es importante para seguir adelante. Mi esposa y mis hijos me dan ánimos. No sólo sufren mi ausencia, también disfrutan cuando viven de cerca los partidos que juega la Selección y más cuando gana.
—¿Cocina?
—No, lo que hago es lavar los platos y el servicio de aseo. Hago el desayuno, después me gusta hacer pastas, fideos.
—¿Cómo fue su etapa de futbolista?
—Fui jugador de Bolívar en la categoría Sub-16, mi entrenador era el profesor Abdul Aramayo. Un día mi familia tuvo que migrar a Santa Cruz, donde entrené en Real Santa Cruz con el técnico Adolfo Flores gracias a la recomendación del ‘profe’ Abdul, estuve tres años, y llegó el momento de decidir entre el fútbol y los estudios por el tema de horarios, me decidí por lo último. Jugué de marcador lateral derecho y volante de contención.
—¿Cómo es en su rol de preparador físico?
—Trabajo con mucha alegría y responsabilidad. La satisfacción es haber conocido a mucha gente, entrenadores y jugadores, haber conseguido títulos, el primero en 2011 con The Strongest, del que soy hincha a morir.
—¿Qué anécdota recuerda?
—Cuando estaba en Universitario viajamos por tierra de Sucre a Oruro, en medio camino paró el bus para que bajemos a orinar, y por una broma que hicieron los jugadores partimos sin un miembro del cuerpo técnico, nos dimos cuenta después de 10 minutos, tuvimos que retornar para recogerlo (sonríe).
—¿Qué es lo más bonito y lo más feo que le dijo Mauricio Soria?
—Hemos tenido momentos de alegría, compartimos triunfos, pero también hay discusiones por temas de metodología de entrenamiento relacionados con el trabajo de campo, es algo normal cuando se pretende hacer un trabajo serio y de alto nivel, hay que saber escuchar. Nos entendemos porque ya son seis años que trabajamos juntos.
Por ese tiempo hay un nivel de conocimiento entre lo que él piensa y quiere y mi forma de comportarme. Muchas veces, con una mirada se entiende qué es lo que quiere o me quiere decir, y es lo mismo a la inversa.
—¿Cómo ve el fútbol boliviano?
—Es complicado porque la situación de los clubes no le da estabilidad a lo que es el desarrollo de la profesión para alcanzar solidez y estabilidad.
Tenemos una heterogeneidad en cuanto a la metodología de trabajo que se implementa, tenemos argentinos, venezolanos, españoles, peruanos y cada uno tiene su forma de trabajo, y como fútbol boliviano no tenemos una identidad en lo técnico y físico, hace que tengamos muchas variaciones y eso genera inestabilidad.