Democracias de minorías y de mayorías

 

Álvaro García Linera *

 

Hace 35 años, y gracias a la movilización social, se inició el período democrático más largo de nuestra historia. Sin embargo, su desarrollo no fue fácil. En un primer momento (1985-2005) se intentó anular la presencia activa de las organizaciones sociales populares cerrando empresas, privatizando otras, legalizando el libre despido y declarando estados de sitio que cercenaban las libertades democráticas. Eran tiempos de democracia de minorías, en los que los presidentes eran elegidos por el 20 o 30% de los votos, en los que la abstención y el voto nulo era superior al del partido político ganador, y en los que empresas y embajadas extranjeras dictaban leyes y  programas económicos. Pese a la democracia, minorías internas y externas destruyeron nuestro país convirtiéndonos en un Estado pordiosero que estiraba la mano al mundo para pagar sus salarios.

Las insurrecciones indígenas y populares de los años 2000, 2001, 2003 y 2008 cambiaron el rumbo de Bolivia. Convirtieron a los movimientos sociales en los protagonistas de la historia, dieron al movimiento indígena el liderazgo político y construyeron el bloque histórico obrero-indígena-popular más importante de los últimos cien años. La fuerza demográfica del pueblo se convirtió en fuerza electoral, permitiendo que Evo Morales sea electo con el 54 %, el 64 % y el 62 % de la votación. Desde entonces se ha instaurado una democracia de mayorías, en la que el gobierno es electo por más del 60 % de los votos (el doble o triple de lo que obtenían sus predecesores), pero, además, en la cual también se gobierna desde las calles, las comunidades y las fábricas.

Un dato ilustra esta doble gobernabilidad electoral y social: mientras que en tiempos neoliberales todos los presidentes apenas se reunieron 58 veces con organizaciones sociales, el presidente Evo, hasta fines de 2016, lo ha hecho 5.900 veces.

Desde entonces, Bolivia ya no recibe decretos en inglés, ya no se hinca ante el Fondo Monetario Internacional ni se viste de payaso en las recepciones de las embajadas extranjeras.

Hoy, Bolivia mira con optimismo el futuro, habla de igual a igual con todos los países del mundo, está orgullosa de sus logros sociales y trabaja para construir un mundo más justo y solidario.

*Vicepresidente del Estado