Chéjov, el genio de la brevedad

Antón Chéjov

Homero Carvalho Oliva*

Recuerdo que era un adolescente cuando descubrí los cuentos de Chéjov. En esa época leía a todo cuentista que se cruzaba por mi camino y, poco a poco, me fui haciendo un canon personal. En este panteón están en lugares destacados Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant y Antón Chéjov, después vendrían otros. Estos tres autores marcaron mi impronta como narrador y aún hoy los considero mi mayor influencia. En los talleres de literatura que dirijo son los tres autores que recomiendo a quienes se están iniciando en el arte de la ficción. Nadie que quiera escribir un buen cuento debe dejar de leerlos.
Me acordé de Chéjov porque el viernes pasado participe en un encuentro de microficción en la Feria Internacional del Libro de Cochabamba, y allí puse como ejemplo de este género, que cada día gana más seguidores en el mundo, un microcuento de Chéjov titulado “El jugador: Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, retorna a su casa, se suicida”. El giro literario está en la última palabra que obliga al lector a imaginarse la historia.
En la literatura rusa del siglo XIX el cuento breve —que no es lo mismo que el microcuento— tuvo trascendental importancia. Entre los autores que lo cultivaron están, entre otros, Iván Turgueniev, León Tolstoi, Nicolás Gogol y Fiódor Dostoievski. Sin embargo, sería Chéjov, nacido en Ucrania, con sus 400 relatos cortos y otros cientos más extensos, quien llevaría el relato corto, con su clásico estilo realista psicológico, a la forma que todavía hoy consideramos vigente. Médico de profesión, Chéjov se crió en el campo y debido a la pobreza de su familia decidió enviar cuentos a las revistas humorísticas para cubrir las necesidades más precarias. De este tipo de revistas humorísticas pasó a las literarias y, poco a poco, fue ganándose un espacio en el mundo de la literatura. Alguna vez afirmó que la medicina era su esposa y la literatura su amante.
Desde Chéjov, el cuento ya no detalla abundantemente a los personajes ni relata su pasado ni circunstancias de su vida que no sean necesarias para la historia. Describe exactamente sus escenas y hace énfasis en detalles que, supuestamente, no tienen importancia, pero que al final serán decisivos. Sus narraciones cuentan temas cotidianos. Sus cuentos se caracterizan por sus finales abiertos, rompiendo la concepción del efecto final muy bien logrado por otros autores. Para Harold Blomm, crítico norteamericano de literatura, autor del libro El canon del cuento, existen 39 grandes cuentistas encabezados por Chéjov, entre ellos se cuentan también Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. Blomm señala que: “aun los cuentos más tempranos de Chéjov pueden tener la delicadeza formal y el clima sombríamente reflexivo que lo convierten en el artista indispensable de la vida no vivida y en la mayor influencia para todos los cuentistas que vinieron después”, también lo describe como “el más sutil psicólogo dramático que ha existido desde Shakespeare”, y afirma que el cuento moderno se basa en dos tradiciones: la que sigue la influencia de Antón Chéjov y la que sigue a Edgar Allan Poe y Fran Kafka. En el libro Cómo leer y por qué, Bloom cita a Gorki, quien dice de Chéjov que “era capaz de revelar el humor trágico presente en el tenue mar de la banalidad”. Y luego afirma: “Suena ingenuo, y sin embargo el mayor poder de Chéjov reside en darnos la impresión, mientras leemos, de que allí está al fin la verdad sobre la constante mezcla de infelicidad banal y alegría trágica que impregna la vida humana. En materia de alegría trágica, la autoridad para Chéjov (y para nosotros) era Shakespeare, pero en Shakespeare no aparece lo banal ni siquiera cuando escribe parodia o farsa”.
Al igual que otros escritores, a quienes jóvenes aspirantes a escribir un buen cuento le escribían pidiéndole consejos, él les contestaba amablemente, en abril de 1879, le respondió a Mijail P. Chéjov, Taganrog, lo siguiente: “haces bien en leer libros. Acostúmbrate a leer. Con el tiempo, valorarás esa costumbre. ¿La señora Beecher Stow (novelista norteamericana, autora de La cabaña del tío Tom) te ha arrancado unas lágrimas? La leí hace tiempo y he vuelto a leerla hace unos seis meses con un fin científico, y después de la lectura sentí la sensación desagradable que sienten los mortales que comen uvas pasas en exceso… Lee los siguientes libros: Don Quijote (completo, en siete u ocho partes). Es bueno. Las obras de Cervantes se encuentran a la altura de las de Shakespeare”.
Sin embargo, Chéjov no solamente fue un gran escritor, fue también un ser humano solidario y generoso, fundó una clínica para atender a los pobres y edificó escuelas para los campesinos.

*Escritor y poeta