“Ha muerto uno de los nuestros”

Juan Domingo Perón

Pablo Cingolani*

Ernesto Guevara ya no sólo es argentino, cubano y boliviano. El Che ya es universal.
Su memoria ha perdurado en el tiempo más allá de los encasillamientos y cambios políticos que el mundo entero ha experimentado, dramáticamente, desde el año de su deceso, el ya lejano 1967, hace medio siglo.
Eso es así porque a la figura histórica que representó el Che ya no es posible reducirla sólo a la política. El Che se ha convertido en una referencia, en un ícono ético, por sobre todas las cosas.
Su coherencia y desprendimiento de vida, su entrega total a una causa, es la madre de todas las supervivencias, es la raíz profunda de todos los mitos.
Su enemigo estratégico —el imperialismo yanqui— puede que siga siendo para algunos de nosotros eso mismo: el enemigo principal. Pero ese ecumenismo del Che se afirma más en el compromiso a piedra con la justicia, con la justicia reparadora, con esa justicia redentora que sigue siendo la tarea prioritaria de todo militante, de toda persona solidaria, de todo aquel que ama al prójimo: la justicia social, la causa de los pueblos. En esa lucha, en esa perspectiva, el Che debería convertirse en un símbolo de unidad popular, de unidad de todos los que bregan por patrias libres y soberanas, por porvenires venturosos, por una humanidad  que evite seguir negando su destino, rumbeando al desangradero. Por eso, a propósito del Che, a propósito de los 50 años de su hora fatal, es pertinente recordar lo que un general, un general de ejército, un general patriota, escribió cuando se enteró de la noticia.
Es una carta fechada desde el exilio, en Madrid, el 24 de octubre de 1967. Firmó, simplemente: Juan Domingo Perón. Y la misiva empieza así: “Compañeros: Con profundo dolor he recibido la noticia de una irreparable pérdida para la causa de los pueblos que luchan por su liberación. Quienes hemos abrazado este ideal nos sentimos hermanados con todos aquellos que, en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier bandera, luchan contra la injusticia, la miseria y la explotación. Nos sentimos hermanados con todos los que con valentía y decisión enfrentan la voracidad insaciable del imperialismo, que con la complicidad de las oligarquías apátridas apuntaladas por militares títeres del Pentágono mantienen a los pueblos oprimidos”.
Perón, un escritor de méritos, muestra su mejor pluma, la más certera, la más sensible: esa que, igual que su voz, podía conmover a un pueblo entero.  Proseguía el general de los pueblos: “Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el comandante Ernesto Che Guevara”. Es imposible no estremecerse si uno recuerda el contexto histórico y uno se estremece más aún sabiendo que ambos protagonistas de la historia, ambos fallecidos, siguen inspirando a millones. Por eso, estas palabras de Perón se vuelven tan presentes: “Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazó, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir”.
Con esa misma claridad estratégica y esa nobleza espiritual que trasunta toda la carta que el general del ejército —del ejército de la patria, no el vendido a sus enemigos, del ejercito del pueblo, no el masacrador y sirviente de sus explotadores— le dedica al insurgente, al rebelde, al guerrillero que peleaba por lo mismo que peleaba el general, deberíamos encarar una reconciliación sincera que fertilice el camino por redoblar los esfuerzos por la liberación definitiva de Nuestra América. Son tiempos difíciles en nuestra tierra —si no vean lo que sucede en la patria primera del Che—, son tiempos difíciles, arduos, tan difíciles y tan arduos como cruzar un desierto, pero los pueblos lo pueden todo, si se unen, si nos guía a todos la misma bandera.
Que la sangre derramada por todos los hombres y mujeres de buena fe, así circunstancialmente estuvieran enfrentados, pero que lucharon guiados por convicciones, por valores y principios, no por intereses, menos intereses ajenos, no sea en vano.
En Cuba, la revolución. En Argentina, la memoria viva del Che y de Perón. En Bolivia, el ejemplo de Guevara se refleja con nitidez en otro mártir: el general Juan José Torres, otro general del pueblo, el inmortal Jota Jotita como lo apodaron con cariño los nuestros, y ambos, el guerrillero y el general del pueblo han labrado su indudable huella en Evo, otro hijo de ese pueblo, de esa misma causa.
Frente a los desafíos del presente: ahí hay un senda, más energía, nuevas esperanzas. Negar la historia es absurdo pero no aprender de ella es algo más peligroso aún. Texto completo: http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/america_latina/el_asesinato_d... che_guevara.php

Pablo Cingolani
Río Abajo, 4 de octubre de 2017

*Escritor argentino