Cataluña: Independencia diferida

 

Alejandro Gutiérrez

 

Más de 30 mil personas se concentraron el martes 10 por la tarde en las inmediaciones del Parlament de Cataluña para escuchar el discurso president Carles Puigdemont. Todos expresaron su júbilo cuando escucharon su declaración de independencia: “Cataluña se ha ganado el derecho a ser un Estado Independiente”. Pero el desencanto llegó de inmediato, cuando el mismo mandatario expuso: “Proponemos suspender durante unas semanas la declaración de Independencia para entrar en una etapa de diálogo”.

Y los independentistas empezaron a abandonar el parque de la Ciutadella. La mayoría iban cabizbajos. La agencia Reuters captó los dos momentos: el del júbilo y el de la decepción, sobre todo este último, tras escuchar el mensaje ambiguo del gobernante catalán.

Cambio de guión

En un análisis en Eldiario.es, Arturo Puente señala que “la idea de que una declaración de independencia formal rompería el enorme bloque social construido entre el 20 de septiembre –cuando se detuvo a los funcionarios de alto rango de la Generalitat que organizaban el referéndum– y el martes 3 de octubre –con las manifestaciones masivas contra la actuación policial del 1-O– ha acabado imponiéndose en el Govern”.

Esta decisión daba la razón al llamado que hizo la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, quien conminó a Puigdemont para aprovechar ese capital y abrir una ronda de negociaciones que den mejores condiciones a Cataluña.

Dice que, con esta decisión de diferir la proclamación de la independencia, Puigdemont tiende la mano al espacio de los Comuns –cercanos al ala de Podemos– que piden una mediación internacional y un posible acuerdo con el Estado español.

El cambio de guion de Puigdemont se conoció una hora antes de la sesión, lo que provocó el malestar entre las filas de la CUP, que con ocho diputados es la formación política que permita al president la aprobación de sus iniciativas parlamentarias.

En respuesta, el presidente español Mariano Rajoy convocó a su consejo de ministros, donde se decidió enviar un requerimiento a la Generalitat de Cataluña previo a la aplicación del artículo 155, que permite al gobierno la intervención de la Generalitat de Cataluña.

Puigdemont deberá responder el lunes 16 y tiene como plazo máximo el jueves 19 para “regresar a la legalidad”. Todo depende de la respuesta que dé Puigdemont, sin ambigüedades.

Después, se activará la subcomisión constitucional, donde se abordará dicha reforma.

Aunque la decepción que produjo en muchos la decisión de Puigdemont, sobre todo en los independentistas, el caso catalán parece no haber llegado a su fin. Pese al paso en falso que dio Puigdemont con esta decisión de dar un plazo para el diálogo, parece que la historia aún no está escrita. (Tomado de http://www.proceso.com.mx)