La agenda de octubre señaló el camino

 

Las jornadas de octubre de 2003 desembocaron en una gran manifestación de la población urbana y rural, que derivó en un cuestionamiento al poder político y de manera directa a las transnacionales que se habían apoderado de las empresas estratégicas del Estado. 

El gobierno del expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada y su gabinete, antes de abandonar el poder, habían resuelto reprimir con extrema violencia a los movilizados, con un saldo de 67 muertos y más de 500 heridos.

Las jornadas de octubre expresaban la insatisfacción del pueblo a las políticas estatales de corte neoliberal. Las promesas basadas en el argumento de que la inversión privada extranjera iba a generar un elevado crecimiento económico se habían esfumado y la gente no estaba dispuesta a darles otra oportunidad a los gobernantes de ese tiempo. El resultado, luego de 20 años de la aplicación del modelo, mostraba un país con bajo crecimiento del PIB, más pobreza y menores oportunidades de desarrollo económico, político, social y cultural.

Para el Centro de Documentación e Investigación Boliviana, la insurrección de octubre expresó la emergencia de un nuevo nacionalismo encarnado en las naciones originarias, obreros y clases empobrecidas, que impidió la exportación del gas a través de un puerto chileno, pidió la industrialización del gas en territorio boliviano y, sobre todo, exigió la nacionalización del excedente económico de este recurso, transferido dolosamente a las empresas petroleras transnacionales.

Además, octubre dio lugar a la formación de “un proyecto político orientado a reformular los términos del poder en Bolivia, a partir de la nacionalización del gas. Un proyecto nacionalizador por doble partida: nacionalización de los recursos naturales y nacionalización del Estado oligárquico y transnacionalizado”. El sentimiento y la aspiración de los movimientos sociales que intervinieron en la denominada Guerra del Gas se expresan en la Agenda de Octubre.

El 22 de enero de 2006, Bolivia inició una nueva etapa de su historia, afrontó el desafío de construir la revolución democrática y cultural mediante la aplicación del modelo de desarrollo productivo, que hoy genera beneficios.