España: La catástrofe anunciada

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Barcelona, otrora con calles pacíficas.

 

Gabriel González Zorrilla/ DW

Dos trenes de alta velocidad se enfrentan en España y nadie parece capaz de frenarlos. Esta analogía para describir la testarudez y la negligencia con la que la clase política en Madrid y Barcelona maneja la crisis fue ampliamente usada en los medios en Alemania. Ahora, los trenes se han estrellado con toda su fuerza. Cataluña proclama su independencia y el Senado español aprueba por primera vez la aplicación del famoso artículo 155, que permite la destitución del gobierno catalán y suspender los derechos autónomos de Cataluña.

Sin duda se trata de un día histórico. Cuatro veces ya se proclamó algo parecido a una ‘República catalana’ o un ‘Estado catalán’. La primera fue en el siglo XVII, durante la Guerra de los Segadores, más tarde hubo otra durante la primera República española, en 1873, y luego dos veces más en la segunda República española, en vísperas de la Guerra Civil, en 1931 y 1934. Todos estos antecedentes no fueron declaraciones de independencia total, sino proclamaciones de un Estado catalán autónomo dentro de Francia o una España concebida como estado federal. 

Rajoy, un político insulso

Con total incredulidad observamos, por lo tanto, esta primera y verdadera declaración de independencia de los catalanes, y nos preguntamos cómo fue posible. ¿Por qué ahora, en 2017, en el marco de una España democrática que concede amplios derechos autonómicos a los catalanes y donde ellos se encuentran integrados en una Unión Europea que les asegura prosperidad y paz? ¿Cómo es posible?

Para responder a esta pregunta, primero hay que mirar a España, aunque no exclusivamente a ella. La manera en la que el partido conservador gobernante en Madrid, encabezado por el presidente Mariano Rajoy, trató de resolver esta crisis sin empatía y sensibilidad diplomática alguna da prueba de una aterradora falta de imaginación. Rajoy no está a la altura de su cargo y contribuyó significativamente al desarrollo de esta crisis desde 2010, cuando el Tribunal Constitucional español, a instancias suyas, dio un varapalo al actualizado estatuto de autonomía para Cataluña de 2006.

¿Irlanda del Norte mediterránea?

En la búsqueda de las causas y las responsabilidades hay que mirar también, por supuesto, hacia Barcelona. El político catalán Lluis Raball dijo recientemente y en alusión al referendo en Escocia: “No renunciemos al sueño de Escocia, pero tampoco nos vayamos a despertar luego en Irlanda del Norte”. En los próximos días quedará claro si los propagandistas populistas de la independencia unilateral e ilegal llegan a convertir a Cataluña en una Irlanda del Norte mediterránea. Nadie lo desea, pero es de temerse. 

Al menos ahora, incluso el político más adormecido de la UE ya debería darse cuenta de que esto ya no es un problema exclusivamente español. Esta nueva ‘gripe española’ en forma de declaraciones unilaterales de independencia también podría afectar a otros países de la Unión Europea.