La rica historia potosina desde su nacimiento

Edwin Hermosa

Jackeline Rojas Heredia

Potosí, ciudad de calles de escarcha, de brisas heladas que traspasan tejidos y se pegan a los huesos, de quejidos borrachos a partir de las 17.00, cuando la faena minera concluye, la de enormes misterios e historias interminables. El departamento rico en tradiciones únicas, en danzas y melodías que más allá de la alegría reflejan melancolía. El que nunca fue fundado y sin embargo fue sostén económico para la creación y fundación de sus otros hermanos.
Potosí nació como un asiento minero en 1545, existen innumerables escritos e investigaciones que lo corroboran, como la Historia de la Villa Imperial de Potosí, de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, y los trabajos de distintos autores que remontan a esa época. 
El historiador potosino Wálter Zabala explicó que como asentamiento minero sus primeros habitantes fueron 100 indígenas yanaconas y 14 españoles, en el momento de su nacimiento. Hoy cuenta con 255 mil.
Investigadores como Renzo Honores, Arnoldo Cunietti y otros  sitúan y describen el contexto social que imperó en la Villa Imperial (ciudad) durante la Colonia, la cantidad de familias que movidas por la ambición de la plata la habitaron, los duelos por la defensa de honor, las penas de muerte y todas aquellas costumbres españolas que fueron reproducidas por los criollos, mestizos, por los habitantes en general. “La escoria de la humanidad” le diría Arzáns de Orsúa y Vela a su amigo Francisco en la obra Los dos sombreros del gallego, de José Guerrero, que describe en tono de fábula ese contexto social.
Potosí fue la primera ciudad industrial, la última en dar el grito libertario, el lugar donde murió el último realista, sitio en el que se ejecutó al primer falsificador de moneda y el departamento que ostenta la bandera más antigua y la primera en llegar al continente americano, todo y más es la Colque Llajtita (frase en quechua que quiere decir: tierra de plata).
En la ciudad, a mediodía se combate el frío con las nutritivas y consistentes thayas, únicos helados al natural, ya sea de camote, oca o pito, harina macerada en dulce y convertida en helado. Luego se disfruta de las salteñas. A partir del mediodía el rico aroma de la kalapurka con su piedra en ebullición al medio. Otro día, la culinaria puede incluir el quispiño, una especie de bola de masa cruda que lleva carnes en ají. Se sirve con una salsa algo picante más parecida a un ahogado. Y por la tarde los dulces, las tawatawas o las sopaipillas y chambergos, éstos últimos más en días de fiesta.
Ciudad industrial
Zabala remarcó que Potosí fue la primera ciudad industrial del continente durante la Colonia porque al margen de trabajar la plata en el Cerro Rico se construyeron 32 lagunas artificiales que contenían agua de lluvia para que trabajen las 152 cabezas de ingenios mineros. Ingenios que se ubicaron a lo largo del cerro hasta la población de Cantumarka. Hablar de la historia de Potosí es interminable e inigualable”, afirmó.
Fue la última en dar el grito libertario después de que lo hiciera Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Santa Cruz,  el 10 de noviembre de 1810, “grito que dio lugar al nacimiento de la efervescencia de una nueva liberación económica también, luego llegó la guerra de los 15 años, de 1810 a 1825, cuando el libertador Simón Bolívar Palacios cumple con una profecía que él hizo en Colombia, cuando dijo a sus soldados: ‘Llaneros llevaremos nuestras banderas triunfantes hasta la cima de Potosí’, Bolívar dijo eso en 1810 y 15 años después lo cumplió”, narró Zabala. 
El Libertador  llegó a Potosí el 5 de octubre de 1825, se quedó un mes, y el 26 ascendió  a la cima del cerro para ahí destacar las banderas de las naciones que él había liberado.
Existen otros estudios que revelan la descendencia de Bolívar en Potosí, un hijo que dio lugar a una familia que hoy defiende ese linaje.
El historiador Wálter Zabala hizo énfasis también en la última batalla, con la que quedó sellada la independencia de los pueblos de Bolívar: la Batalla de Tumusla. “Poca importancia se le da a esa batalla, algunos historiadores más hablan de la de Pichincha, Junín y de Ayacucho como si ésta hubiese sido la última, pero no es así, la última fue la de Tumusla, el 1 de abril de 1825, antes de la firma del acta de la independencia de los pueblos del Alto Perú, ahí murió el último realista jefe en grande, don Pepe Antonio de Olañeta, y ahí surgieron otros patriotas”.
El territorio de Tumusla forma parte de la provincia Nor Chichas de Potosí. Queda mucho por nombrar sobre las calles, templos y sobre todas las historias y leyendas que posee la tierra de la plata. 
Ostenta la primera bandera llegada al continente con los colores rojo y blanco. “Fue hecha  en 1492 por las manos de la reina Isabel de Castilla, ella es la que bordó el estandarte y entregó la bandera a Cristóbal Colón para la conquista del continente americano. Esa bandera llegó a todos los pueblos de América, ingresó a Chuquisaca, al asiento minero de Porco. Las ciudades de Cuzco y Chuquisaca se disputaron la reliquia, finalmente el emperador Carlos V dijo ‘Ni Chuquisaca, ni Cuzco, la bandera se queda en Potosí y no sólo como trofeo, sino como emblema distintivo’, con las heráldicas, con los leones rampantes, los castillos de la casa de Austria y al centro el Cerro Rico de Potosí”. 
Como Zavala afirmó, la historia de Potosí departamento y la de la ciudad denominada también Villa Imperial es interminable, abundante y atrayente, como el brillo de plata, porque simplemente ¡vale un Potosí!
Desde la distancia se siente el olor a la copajira, las luces que bordean el Cerro Rico y el cerro más pequeño que lleva el nombre de Corazón de Jesús. Ellos tintinean y guían a los visitantes que llegan ya envueltos en el enigma del ambiente, ya atentos a las voces antiguas que provienen hace siglos.

 

El colegio más antiguo de Bolivia es el Pichincha, inaugurado por el Mariscal Antonio José de Sucre.