[Opinión] La revolución

Democracia Directa

En abril de 1924, Stalin escribió en su compilación sobre Las bases del leninismo: “Bastan los esfuerzos de un país para derribar a la burguesía; la historia de nuestra revolución lo demuestra”, sin embargo afirmó que “la victoria definitiva del socialismo, para la organización de la producción socialista, los esfuerzos de un solo país, sobre todo si es campesino como el nuestro, son ya insuficientes: se necesitan los esfuerzos reunidos del proletariado de varios países avanzados”.

La Revolución Rusa estalló el 7 de noviembre 1917. Se constituyó en uno de los acontecimientos más grandes de la Época Contemporánea. Sin embargo no fue un hecho aislado. Es mucho más, se trata, en realidad, del momento en el que se plasma un largo proceso de organización y lucha obrera y campesina.

Se nutre de las experiencias de la Revolución de 1905, cuando ya se habían organizado los organismos de democracia popular avanzada llamados soviets o consejos. Éste fue un hecho clave para facilitar que fuese sustituido el viejo poder autocrático por uno realmente democrático y popular.

Estuvo dirigida, casi exclusivamente, por obreros, campesinos y soldados, es decir por el pueblo, trajo como resultado el derrumbe de la dinastía despótica de los Zares.

Fue, en síntesis, una revolución democrática alimentada e impulsada por un profundo carácter democrático. Los soviets, las masas sociales levantaron la bandera de “Paz, pan y tierra”, que era la demanda de la mayoría de la población, la cual fue la clave del éxito revolucionario.
Al realizar una lectura de este proceso revolucionario, el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, señaló que “toda revolución es una excepcionalidad, pero, a la vez, es inevitable”.

Es, por tanto, “un hecho imprevisible, poco frecuente en la historia de los pueblos, pero cuando sucede combina hechos que no se repiten ni en el lugar ni en otro tiempo, pero, a la vez, son hechos inevitables en la historia larga de cada país”.

Esto se debe a que tarde o temprano toda sociedad llega a un momento en el que “rompe” las tolerancias morales hacia sus gobernantes, lo que lleva a un hecho revolucionario.

En consecuencia, señala que no existe ninguna fórmula social que nos permita predecirlos, pero por mucho esfuerzo que hagamos, los acontecimientos revolucionarios desbordan, en su nacimiento, la capacidad predictiva que tiene el cerebro, la ciencia, el análisis político y la propia intuición. 

En efecto, cada país y sociedad tiene una forma diferente de avanzar en su revolución. Rusia lo hizo con sus debates internos sobre el cómo acelerar o caminar paso a paso en sus cambios, así también sobre el debate respecto a cómo consolidar “a una victoria simultánea del socialismo”.

El caso boliviano fue diferente, al igual que el proceso venezolano, nicaragüense, colombiano, brasileño o el argentino.

Bolivia tomó como punto de partida la consolidación de la soberanía económica, nacionalizó los hidrocarburos, captó más ingresos y democratizó la riqueza entre la población, reguló el sistema financiero y dio más beneficios sociales a la población. Ahora esta revolución apunta a sobrepasar “el nivel de desarrollo industrial de los países capitalistas avanzados”, como lo trazó en su momento la Conferencia del Partido Comunista de la Unión Soviética en su XV reunión.

El Estado Plurinacional avanza a su ritmo, un ritmo creado por las organizaciones sociales que acabaron con una lógica entreguista. Resta, cierto, internacionalizar la lucha social. Es cierto, una deuda, porque en la medida de que la lógica imperialista avance —como ya lo hizo en algunos países de la región— la revolución estará bajo un constante asecho.