Chile prohíbe al Papa hablar del mar

Delfín Arias Vargas *

El gobierno de la presidenta chilena Michelle Bachelet pidió al papa Francisco que durante su visita al país austral —entre el 15 y el 18 de enero 2018— “se abstenga de opinar” sobre la demanda ante la Corte Internacional de Justicia, de La Haya que pide que ese alto tribunal obligue a Chile a dialogar sobre el retorno libre y soberano de Bolivia al océano Pacífico.

“El Gobierno de Chile pide a toda persona que se abstenga de opinar hasta que se pronuncie el tribunal de La Haya”, exteriorizó el martes pasado el ex canciller y embajador de Chile ante la Santa Sede, Mariano Fernández.

“Eso lo pedimos no sólo al Papa, sino a toda persona, a los amigos, a la opinión pública, que no se pronuncien hasta el fallo que cumpliremos rigurosamente, sea cual sea”, agregó a la agencia France Press el diplomático, quien estuvo a cargo durante diez años del diálogo con Bolivia.

A la censura chilena al Papa, se sumó el cura Fernando Montes, ex superior de la Compañía de Jesús en Chile y compañero de estudios de Jorge Bergoglio en Argentina. “Yo no quisiera que la visita se centre en el problema con Bolivia. Eso me da temor, porque si se pronuncia queda inhabilitado para ser mediador”, dijo.

Explicó que por lo complejo de la cuestión de la salida al mar de Bolivia es un tema de alta sensibilidad en su país, ya que Bolivia presentó ante La Haya no una demanda marítima, sino una demanda que obligue a Chile a sentarse a conversar y cuyo resultado sea la entrega de una salida soberana al mar. 

“Esto es delicado porque si el Papa, con la mejor voluntad, dice ‘conversen, dialoguen’, algunos van a pensar que le da la razón a Bolivia y podrá ser leído en Chile como que el Papa no está con nosotros. Y conociéndolo a él, no creo que haya esa preferencia”, señaló.

“Queremos que la visita se centre sobre otros temas, como la justicia, la falta de confianza dentro de la sociedad, los problemas internos de la iglesia”, comentó el jesuita.

¿Qué razones impulsan a Chile para censurar al obispo de Roma? ¿Por qué condiciona una visita que su gobierno se empeñó en concretarla apenas Francisco abandonó territorio boliviano en julio de 2015? ¿Qué teme Chile?

La oligarquía y la clase política chilena están horrorizadas ante la posibilidad de que en su propio territorio Francisco ratifique su apoyo a Bolivia y se pronuncie por un diálogo franco entre ambos países, un diálogo verdadero que permita que en un tiempo razonable Chile atienda favorablemente la histórica demanda boliviana de reintegración marítima.

Durante su viaje a Bolivia en 2015, el papa Francisco consideró que “el diálogo es indispensable” entre los dos países y abogó por soluciones “compartidas, razonables, equitativas y duraderas” tras reconocer que el anhelo de Bolivia es justo.

El 8 de julio de 2015, el Santo Padre instó a los gobiernos de Bolivia y Chile instaurar un diálogo franco, abierto e indispensable para encontrar una solución compartida, equitativa y duradera a la centenaria demanda boliviana de reintegración marítima.

“El desarrollo de la diplomacia con los países del entorno que eviten los conflictos entre pueblos hermanos y contribuya al diálogo franco y abierto de los problemas, hoy es indispensable. Estoy pensando acá,… en el mar. El diálogo es indispensable”, exhortó el Papa durante su homilía.

La respuesta de los presentes en la Catedral Metropolitana de la ciudad de La Paz y de la multitud de bolivianos en la Plaza Murillo y en las calles adyacentes –que seguían por radio y televisión el discurso de Francisco– fue unánime: un prolongado aplauso coronó esas palabras orientadas a reparar una histórica injusticia.

“Construir puentes en vez de levantar muros. Todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, razonables, equitativas y duraderas y, en todo caso, nunca han de ser motivo de agresividad, rencor o enemistad que agravan más la situación y hacen más difícil su resolución”, agregó el Papa.

Ese día, el Obispo de Roma pisó tierra boliviana en el aeropuerto internacional de la ciudad de El Alto y fue recibido con todos los honores de un Jefe de Estado por el presidente Evo Morales, miembros de la jerarquía eclesiástica, autoridades nacionales y locales, por niñas y niños que representaban a las diversas regiones del país.

Ahora bien, que el Santo Padre haya exhortado diplomática y discretamente a Bolivia y Chile a encontrar “soluciones compartidas” y “construir puentes en vez de levantar muros”, sin lugar a ninguna duda vigorizó la demanda boliviana de reintegración marítima, y este respaldo es precisamente lo que pretende evitar Chile.

El canciller trasandino Heraldo Muñoz respondió entonces a los dichos del Santo Padre señalando que “Chile ha estado siempre abierto al diálogo” y que “fue Bolivia quien lo frustró con su demanda unilateral ante la Corte Internacional de Justicia”.

No obstante, el diálogo que ofrece Chile a Bolivia es un diálogo sin resultados y en el que una de las partes no escucha, un diálogo a la medida de los intereses de Chile.

Entre 2006 y 2013, el presidente Evo Morales dialogó sobre el mar con tres mandatarios chilenos: Ricardo Lagos, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, y pese a esas conversaciones Santiago postergó indefinidamente la atención favorable a la demanda marítima. Este es el modelo de diálogo que ofrece Chile.

Esa permanente conducta dilatoria, el incumplimiento de acuerdos bilaterales y la inobservancia chilena del Tratado de 1904, obligó al gobierno boliviano a demandar a ese país ante la Corte Internacional de Justicia el 24 de abril de 2013.

Bolivia pide que ese alto tribunal internacional reconozca que fruto de ofrecimientos formales efectuados por presidentes y gobiernos chilenos, Bolivia adquirió derechos expectaticios para acceder a una salida soberana a las costas del océano Pacífico.

Y a diferencia del diálogo que ofrece Chile, el diálogo que propone el papa Francisco, es un diálogo franco y abierto entre ambos países, un diálogo que construya puentes y no levante muros, y en el que todos los problemas —por más espinosos que sean— encuentren soluciones compartidas, razonables, equitativas y duraderas.

Desde mucho antes de interponer su demanda contra Chile en el más alto tribunal de las Naciones Unidas, Bolivia cosechó innumerables apoyos a su justa causa marítima y uno de los más trascendentales, por su fuerza moral, es el respaldo del  Santo Padre.

En ese contexto, la censura chilena si bien viola la libertad de expresión del Papa, desvela que su férrea posición de que “no hay asuntos pendientes con Bolivia” se desmorona conforme crece el pedido internacional para que repare una injusticia histórica que cometió con Bolivia.

Es por eso que Chile censura a Francisco, tiene miedo y sabe que el injusto e inmoral enclaustramiento de un pueblo tiene fecha de caducidad, y está consciente de que por la fuerza de la justicia Bolivia retornará a las costas del océano Pacífico. 

(*) Comunicador social y periodista. Fue profesor universitario.