La Revolución Rusa terminó, pero en Bolivia la revolución está viva

Foto: Vicepresidencia
Intelectuales de varios países participaron en el encuentro internacional para recordar los 100 años de la Revolución Rusa.

 

Fernando del Carpio Z.

 

Han transcurrido 100 años de la Revolución Rusa, y al conmemorarse este hecho quedó en evidencia que terminó y que el Gobierno ruso optó por quedar callado y dejar a un lado cualquier celebración no sólo en ese país, sino en el resto del mundo.

“Al Gobierno (ruso) no le conviene destacar la revolución, porque tiene miedo de la revolución de hoy. Hay pánico de que haya, es posible, porque la historia se repite, estamos otra vez en el zarismo, en la autocracia del siglo 21, sin matanzas, el poder unipersonal”, expresó Andrei Schelchkov, doctor por la Academia de Ciencias de Rusia.

Schelchkov fue uno de los expositores de la mesa redonda ‘La Revolución Rusa y su influencia en la izquierda en América Latina’, que se llevó a cabo en el hall de la Vicepresidencia, del 7 al 9 de noviembre.

El investigador también reconoce que el Partido Comunista Ruso ha quedado anquilosado, “El problema es que es un partido de los resentidos, que perdió, y no hay jóvenes; es un problema, pasarán 10 años y no habrá el partido”.

La revolución está viva

Emir Sader, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de São Paulo, el día en que le tocó exponer, habló de dos noticias, una mala y otra buena.

“La mala, la Revolución Rusa sí ha terminado, y la buena, que la Revolución está viva y está de pie, y Bolivia es un buen ejemplo, sólo que ahora la estrategia es distinta. La democracia del Estado es la vía actual”, subrayó el investigador brasileño.

Para Marcos Domic, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Bolivia (PCB), la revolución bolchevique no sólo fue grande por sus logros, sino por el inicio de una nueva época mundial.

Domic envió un mensaje a los asistentes al evento: “La Revolución Rusa no muere y continúa”, el cual fue leído por su hija, por estar delicado de salud.

Jorge Echazú, del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), consideró lo sucedido en 1917 en Rusia como un paso trascendental de la humanidad. Sin embargo, lamentó que haya sido “traicionada y quebrantada brutalmente, sin disparar un sólo tiro por los elementos reaccionarios que se introducen en el partido bolchevique. Por eso, Stalin tenía razón de reprimir a los enemigos dentro del Gobierno y del partido, ellos fueron los que destruyeron la revolución bolchevique”.

Ideologización y sectarismo

Magdalena Cajías, historiadora y cónsul general de Bolivia en Santiago de Chile, reconoció que la Revolución Rusa “nos ha impactado generacionalmente”, influyó culturalmente, así como en la izquierda latinoamericana.

Guillermo Dalence, exdirigente de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), dijo que la Revolución Rusa era tomada como referencia en todos los eventos de análisis político sindical. Recordó que en América Latina se registraba entre 1914-15 y 16 la revolución mexicana, el levantamiento de los indígenas comandados por Pancho Villa y Emiliano Zapata con la consigna de ‘tierra y libertad’.

En Córdoba, Argentina, en 1918, se dio la lucha por la autonomía universitaria, y en ese mismo período se desarrolló la I Guerra Mundial. En tanto, en el país, en Huanuni, en abril de 1917, los trabajadores hacen una huelga para lograr la jornada de ocho horas. En Bolivia se van consolidando las organizaciones sindicales y, como producto de eso, se producen las masacres de 1924 en Uncía y 1923 a los indígenas en Jesús de Machaca.

El exdirigente minero hizo una autocrítica y admitió que la izquierda los años 60 y 70 se equivocó al asumir posiciones sectarias. “En vez de construir, nos encerramos en nuestras posiciones; en vez de plantearnos la realidad nacional, nos planteábamos en la discusión ¿cuál de la experiencias revolucionarias la soviética, china o cubana fue mejor?”

“Ése fue nuestro error, los trabajadores nos ideologizamos exageradamente, y en la práctica política fuimos superados por el movimiento indígena campesino, que en 2005 logró votar por sus candidatos y se hizo del gobierno y es el proceso que vivimos ahora”, remarcó.

En el movimiento sindical minero y de la Central Obrera Boliviana (COB), según Dalence, “discutimos mucho las experiencias revolucionarias que se dieron en el mundo, pero no logramos construir una alternativa para ofrecer a nuestro pueblo”.

La Rusia actual

Andrei Schelchkov afirmó que en la actualidad en Rusia hay dos partidos que pretenden ser de izquierda: el Partido Comunista y Rusia Justa, que en realidad no son de izquierda, apoyan al Gobierno, hacen una crítica social, pero no lo enfrentan.

“Existen pequeños grupos, como un frente de izquierda que está prohibido formalmente y hay un grupo anarquista. Lo interesante es que el discurso izquierdista de nuevo enfoque de socialismo democrático, justicia social, más occidentalizado está en la juventud”, subrayó.

Los que tienen presencia son los stalinistas, según Schelchkov, pero hablan del pasado, no tienen proyecto para el futuro, ése es el problema.

“Rusia es un país sumamente izquierdista, con un sentimiento igualitario enorme, aunque es un país capitalista consumista, pero sigue siendo colectivista, por muchos años de educación se conservaron las bases de la escuela, de la universidad soviética”, apuntó.

En resumen —concluye el investigador— “de la Revolución Rusa quedaron símbolos y mitos que fueron implantados”.

 

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El 4 celebraron el ‘Día de la unidad del pueblo ruso’

Los 100 años son muy importantes para el pueblo ruso, porque se construyó un nuevo estado social con los derechos humanos y sociales para todo el pueblo, dijo a Cambio el embajador de Rusia en Bolivia, Vladímir Sprinchan.

Sin embargo, el diplomático indicó que en los inicios del año 2000 la sociedad rusa empezó unos debates sobre la importancia de esa revolución, y “la conclusión principal fue que, además de conquistas positivas, la Revolución Rusa ha dividido el pueblo, mucha gente tiene que exiliarse”.

“La ideología actual de nuestro Estado es de unir a todo el pueblo ruso, independientemente de dónde vive, en Rusia o en otros países. Todos son rusos, y por eso se inició una nueva fiesta que se llama Día de la Unidad del Pueblo Ruso, que se celebra el 4 de noviembre, dedicada a la victoria sobre los polacos, que ocuparon Moscú en 1612, y el 4 de noviembre fue liberado de esa ocupación”, explicó.

El Embajador reconoció que la mayoría del pueblo ruso se formó en el tiempo soviético, y ahora las autoridades de Rusia (lideradas por el presidente Vladímir Putin) tratan de mantener todos los logros sociales que creó la Revolución Rusa hace 100 años.

Por esa razón, el Partido Comunista de Rusia efectuó actos conmemorativos por el centenario de la Revolución de Octubre en Moscú y San Petersburgo, sin el Gobierno ruso. En Bolivia, la Vicepresidencia organizó un encuentro internacional, del 7 al 9 de noviembre, donde participaron importantes expositores de Rusia, Brasil, España y de nuestro país.

 

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El Che y el PCB tenían una lectura diferente de la revolución

Ernesto Che Guevara, en su diario de campaña de la guerrilla de Ñancahuazú, no registra ninguna referencia a la Revolución Rusa, dijo Gustavo Rodríguez, historiador y actual embajador de Bolivia en el Perú.

Sin embargo, advirtió que menciona otras fechas, como el 1 de enero y 26 de julio (de celebración en Cuba), el 28 de julio (Perú), el 6 de agosto (Bolivia).

El Che fue asesinado el 9 de octubre de 1967, cuando la Revolución Rusa celebraba 50 años.

Rodríguez, que fue uno de los expositores de la mesa redonda efectuada en la Vicepresidencia, subrayó que los actores que estaban presentes en 1966 y 1967 “tenían una lectura diferente de la Revolución, que hoy está siendo reconstruida y armada”.

La perspectiva del Che en el proceso boliviano, según el historiador, “es y no es leninista, es y no es próxima a la Revolución Rusa”.

La Revolución tradujo la idea de la clase obrera como sujeto revolucionario, dijo Rodríguez e indicó que cuando el Che llega se encuentra con el Partido Comunista Boliviano (PCB), dirigido por Mario Monje, el 31 de diciembre de 1966. 

En ese encuentro se produce una ruptura, porque Monje planteaba la política sujeta a lo militar, posición que no era compartida por el guerrillero argentino cubano.

Guevara estaba consciente de que se venía una lucha larga y cruenta, y una revolución internacional desde Bolivia, creando varios Vietnam (guerrillas).

Monje creía en la revolución democrática burguesa en un solo país, y en la coexistencia pacífica. La otra gran diferencia es que “Monje cree en el partido y Guevara no, porque el partido no es una condición de existencia de la revolución, ni que la conduzca”.