Mesa y el mar como política de Estado

Delfín Arias Vargas (*)

Cuando el 29 de abril de 2014 el presidente Evo Morales delegó a Carlos Mesa la responsabilidad de explicar a la comunidad internacional las razones jurídicas e históricas que sustentan la demanda boliviana contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, lejos estaba de imaginar que el exmandatario instrumentalizaría ese cargo de absoluta confianza para fines políticos personales alejados del mar.

La reintegración marítima fue asumida por el presidente Morales como una política de Estado orientado a reparar una gran injusticia: el secular enclaustramiento de un pueblo que nunca renunció a su derecho a retornar de manera libre y soberana al mar, del que fue privado hace ya más de 138 años.

El nombramiento de Mesa como vocero del mar fue un incontrastable mensaje al país y al mundo de que la reintegración marítima es la razón de vida de 11 millones de bolivianas y bolivianos, el norte de una remozada y vigorizada política exterior, y cuyos alcances superan con creces a los mezquinos intereses político-partidarios de la oligarquía nativa que había utilizado para su beneficio la causa marítima.

La reintegración marítima como política de Estado garantiza la continuidad en el tiempo de las acciones y definiciones que permitan a Bolivia volver a las costas del océano Pacífico.

No obstante, para que la estrategia marítima boliviana alcance su meta histórica precisa de objetivos claros, del compromiso con la patria, de un alto grado de institucionalidad y de cohesión social y política interna que, precisamente, asumió el gobierno del presidente Morales.

En ese contexto, el 24 de abril de 2013, Evo interpuso ante la Corte Internacional de Justicia la histórica demanda contra Chile, para que el más alto tribunal de justicia de las Naciones Unidas se pronuncie favorablemente y obligue a La Moneda a dialogar y negociar con el Palacio Quemado el retorno libre y soberano de Bolivia a las costas del océano Pacífico. 

Evo le encargó a Mesa la misión de ejercer como vocero del mar para que explique y reivindique en todos los foros y eventos internacionales las razones legales, diplomáticas e históricas por las que Bolivia demandó a Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

El 29 de abril de 2014, un día después de ser posesionado en el cargo, Mesa ponderó la política marítima y tuvo palabras de elogio para el actual Jefe de Estado. 

“Quiero establecer algo con absoluta puntualidad, quiero destacar una actitud que me parece elogiable del presidente Morales, que está asumiendo este tema como una política de Estado, y la prueba está en la reunión que ha sostenido hoy con nueve gobernadores, la reunión que sostendrá en las próximas horas con jefes políticos de la oposición con representación parlamentaria”, indicó.

Mesa, luego de valorar que el tema del mar no sea politizado, demandó que ni el Gobierno ni la oposición lo utilicen como un tema de campaña política y celebró la actitud “de una gran madurez” del presidente Morales.

El 25 de mayo de 2015, Mesa fue más allá. En declaraciones al diario Página Siete certificó que es “una visión correcta del presidente Morales de entender la cuestión marítima como una cuestión de Estado y no como una cuestión de Gobierno”.

Fueron tan claros los conceptos vertidos por Mesa respecto de la política exterior del presidente Morales que Página Siete, diario de marcada línea editorial opositora, alegó: “El vocero internacional de la demanda atribuye gran parte del mérito del éxito boliviano al trabajo del presidente Evo Morales, quien ha logrado la solidaridad y apoyo de varios países”.

Lo cierto es que Evo asumió la reintegración marítima como una política de Estado mucho antes de interponer la demanda contra Chile el 24 de abril de 2013. El primer paso concreto en esa dirección ocurrió el 4 de abril de ese año, cuando nombró como agente boliviano ante el Tribunal de La Haya al reconocido jurista y expresidente de la República Eduardo Rodríguez Veltzé. 

Entonces, Mesa calificó de acertado el nombramiento del también expresidente de la Corte Suprema de Justicia. “La acción ratifica la idea de que el tema marítimo es una política de Estado. Eduardo Rodríguez cuenta conmigo para lo que necesite en el tema”, escribió en Twitter.

Y Evo tenía mucha confianza en los atributos intelectuales, en el conocimiento de nuestra historia y en las facultades comunicacionales de Mesa. Esperaba de él un trabajo en beneficio de Bolivia.

En tanto y cuanto Mesa asumió la vocería marítima como política de Estado, cumplió su cometido. El punto más alto de su misión fue sellada el 29 de septiembre de 2015 en el programa El Informante de la Televisión Nacional de Chile. En una exposición magistral dejó bien sentado el derecho boliviano de retornar con soberanía a las costas del océano Pacífico.

Es más, ante la insistencia del periodista chileno que intentó establecer que la reintegración marítima es un tema recurrente de la política interna boliviana orientada a ganar simpatía en época de elecciones, Mesa dejó en claro que “Evo Morales no necesitó ninguna bandera marítima para ganar las elecciones anteriores”. 

Esa destacada participación le valió el unánime reconocimiento, y el expresidente que se había negado a promulgar la Ley de Hidrocarburos —que creó el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH)— y renunció a su cargo para no afectar las millonarias ganancias de las petroleras transnacionales, aprovechó políticamente su momento de gloria.

Con el respaldo del neoliberalismo, Mesa asumió el papel de político opositor con perspectivas electorales. Es decir, capitalizó para sí el reconocimiento a su tarea de vocero de la demanda marítima, a contrapelo de lo que él mismo había pregonado luego ser posesionado en el cargo por el presidente Evo: que la reintegración marítima es una política de Estado.

En los meses siguientes y en diferentes coyunturas, Mesa optó por el papel de político opositor, aunque cobijado bajo el estandarte de la demanda marítima. 

Los hechos señalan que su designación como vocero del mar rescató a Mesa del ostracismo político en el que había caído, luego de renunciar a la Presidencia sin haber cumplido la agenda de octubre y haber rechazado la Ley de Hidrocarburos que creó el IDH.

Ahora bien, en junio de 2005, Mesa renunció a la Presidencia en medio de sus propias contradicciones, y su designación en 2014 como vocero de la causa marítima le devolvió protagonismo político.

En ese contexto, es cierto que el expresidente tiene el legítimo derecho de hacer política partidaria y oponerse al gobierno de Evo, pero a lo que no tiene derecho es instrumentalizar para beneficio propio el cargo que, como vocero de la causa marítima, le confió el Jefe de Estado en el marco de una política de Estado, al que en su momento se había sumado Mesa. 

(*) Comunicador social y periodista. Fue profesor universitario.