Los agradecidos te acompañamos siempre

Carlos García Matos *

M i mamá me dijo, cuando era niño, que sin la Revolución que encabezó Fidel todavía los guajiros andarían con los pantalones llenos de parches y los fondillos zurcidos, desdentados y más brutos que los burros.

Mi mamá es una de las agradecidas porque fue premiada con una familia de profesionales, que sólo la nueva patria le pudo dar, porque ¿qué sería de ella y su futuro si se hubiese mantenido aquella República de ladrones que crió a guardias como el que le dio tres balazos a mi abuelo para que un señor le quitase el pedacito de tierra en disputa y dejar en el camino real a una mujer con cuatro niños pequeños sin hacienda ni casa ni esperanza?

“Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar“, dijo nuestro Héroe Nacional José Martí en proféticos versos. Su alumno más luminoso dejó riquezas, comodidades y posesión para luchar por los desposeídos de este mundo, el guajiro analfabeto, el negro avergonzado, la mujer olvidada, los jóvenes violentados, el obrero maltratado y la patria herida y hollada por los ladrones del histórico templo.

“Nací en una choza en las márgenes del Río Cauto, vivimos siete hermanos, todos apilados en dos cuartos con mamá y papá que apenas podían llevarnos una migaja a la boca, nadie iba a la escuela, que nos quedaba como a 15 kilómetros, así fue cuando triunfó la Revolución y vino el ciclón Flora en el año 1961, que mató a cientos de personas porque nadie sabía nada y las casas eran puras barracas”, rememora la hoy maestra Isabel Cristina.

“Fidel estuvo por allí, por poco se ahoga, montado en un jeep, dirigiendo las labores de rescate, y recuerdo que dijo esto: ‘Hay que cambiarlo, tenemos que construirles mejores casas a toda esta gente’ y la palabra de Fidel se cumplió, la Revolución se hizo realidad para darle más dignidad a los pobres, y eso es la mayor gratitud de mi vida”.

Alfredo Guerrero Laffita, Héroe del Trabajo de la República de Cuba, presidente de la Cooperativa 26 de Julio, de Flores en el holguinero municipio de Banes, conoce muy bien la pobreza y los sinsabores del capitalismo, el dolor y el oscurantismo de aquellos años.

“Hay algunos que olvidan y quieren echarle un montón de tierra a la historia, pero ella está ahí para recordarnos lo que fuimos y lo que somos, lo que teníamos y lo que tenemos”, evoca Alfredo, quien recalca cuánta gente de aquí podía estudiar, o un guajiro conseguía ser médico o llegaba a ser bachiller; sin embargo, “de por aquí hoy hay decenas de jóvenes profesionales que han viajado por el mundo, y eso gracias a la Revolución, gracias a Fidel”.

Pero agradecidos son también esos niños sonrientes, sanos y felices de los Círculos Infantiles o la enseñanza primaria, que tienen escuelas, pupitres y maestros en el sitio más intrincado, o los jóvenes que tiene abiertas todas las universidades para convertirse en profesionales.

Agradecidos son los campesinos que tienen su tierra, casa digna y no viven en el temor de que venga un mayoral a plan de machete a lanzarlo al camino real, como mi vecino Florencio. Es Antonio, el ciego, quien me dijo que sin Revolución él fuera un trapo sucio tirado en una esquina de la casa, o el negro Roberto, que ahora puede entrar a la Casa de la Cultura de Banes, antigua Colonia Española, sin que nadie lo ataje por el color de su piel.

Agradecido es mi colega periodista Óscar Morales, el boliviano, que siempre me reitera que Cuba le enseñó a ser mejor ser humano; es Genaro Rodríguez Jiménez, Nano, el combatiente rebelde, quien conoció a Fidel en la Sierra y juró ante aquel hombre inmenso serle fiel hasta la muerte por la justeza de sus ideales, los cuales cumplió, como le dijo en una noche muy lejana, allá de 1958, en el Oro de Guisa.

Agradecidos son esos hombres y mujeres que de todas partes del mundo llegan hasta el cementerio Santa Ifigenia para colocarle un flor a quien, como dijo el Maestro, echó suerte con los pobres de la tierra. (Tomado de http://www.radiobanes.icrt.cu)

* Periodista cubano.