Sobre letras y viajes: Un río que crece

El compilador y escritor Gabriel Chávez Casazola

Jackeline Rojas Heredia

Entre los aciertos y producciones literarias que han destacado en 2017 resalta el prodigioso regalo de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), una obra que resume la producción literaria nacional durante 60 años, igual tiempo de vida de la asociación.
La compilación estuvo a cargo del poeta y periodista Gabriel Chávez Casazola y fue elaborada por un selecto grupo de escritores que abordaron, década a década, lo relevante en las letras nacionales. 
Un río que crece, nada más acertado para la producción literaria boliviana, cuyas aguas amenazan desbordes, pero quizá no al mismo ritmo ni al denso caudal con el que crecen los lectores. 
Mariano Baptista Gumucio, Edmundo Paz Soldán, Mónica Velásquez, Magela Baudoin, Martín Zelaya Sánchez y Giovanna Rivero son los coautores de la importante producción.
Chávez Casazola presenta la obra como un aporte que pretende traer a la memoria la producción de autores bolivianos guiados a través de un lenguaje claro. Cada escritor introduce al lector a una década determinada, a hechos y pensamientos, un paseo por la historia de las letras. 
Estas formas de escritura variada y fluida se presentan a los  ojos como cortometrajes en los que se halla el contexto histórico tanto de Bolivia como del mundo, el entorno del escritor, sus preguntas, dudas, anhelos, toda suerte de sensaciones para experimentar a través de la palabra y aún más. El texto logra que quien la descubra perciba hasta el humor en el que fue narrado, la prisa, la delicadeza, la disponibilidad de tiempo o la escasez de éste. Sin duda un gran aporte para la producción literaria y para quienes, poco o nada, conocen aún lo que en Bolivia se ha escrito a lo largo de toda su historia o, como en el presente caso, a lo largo de seis décadas.
El libro de 196 páginas se divide de la siguiente manera: La Irrupción de la subjetividad (1957-1967), por Mariano Baptista Gumucio; Turbulencia y Escritura (1967-1977), por Edmundo Paz Soldán; Sobresaltos entre el silencio (1877-1987), por Mónica Velásquez Guzmán; Años de Transformación (1987-1997), por Magela Baudoin; Cambio de Ritmo (1997-2007), por Martín Zelaya Sánchez, y por último Descorriendo el tupido velo de la Mediterraneidad (2007-2017), por Giovanna Rivero.
En la primera parte, el maestro Baptista Gumucio comparte grandes joyas de la poesía, Del mar y la ceniza, de Yolanda Bedregal; Cifra de Rosas y Siete Cantares, de Oscar Cerruto. También menciona el notable aporte de Gamaliel Churata, y su obra Pez de Oro, quien fuera defensor de la educación indigenista, periodista y fundador, junto a Carlos Medinaceli y otros jóvenes del movimiento literario Gesta Bárbara.
A través de la antología del venezolano Aquiles Nazoa se destacan las obras de Augusto Céspedes, El Pozo, Augusto Guzmán, La Cruel Martina; Fernando Diez de Medina, El Llamo Blanco; Oscar Soria, El Saldo; Jaime Saenz, Sobre el Espanto en los jardines bajo la lluvia, además de mencionar a Raúl Leytón con Indio Bruto, y a Porfirio Díaz Machicao.
Siempre con menciones a obras concretas, hace un recuento de la producción de Eliodoro Ayllón, Pido la Palabra; Ignacio Callaú Barbery, Tierra Camba; Marcelo Quiroga Santa Cruz, Los Deshabitados; Néstor Taboada Terán, El precio del Estaño; Alcira Cardona Torrico, Rayo y cimiente; Wilson Mendieta Pacheco, Murmullos del Guadalquivir; Werner Gutentag, Bibliografía boliviana; Porfirio Díaz Machicao, Historia del Rey Chiquito, ésta última sobre la “apasionante historia de un indio casi niño, valiente como los príncipes”, y además comparte la producción de una poeta que dejó la vida muy pronto, Silvia Mercedes Ávila, hija de Laura Villanueva, más conocida como Hilda Mundy, con la obra dedicada a su madre: Tú Nominas los sueños. Baptista Gumucio revive también a Edmundo Camargo, otro en irse pronto, con su premonitoria obra: Del Tiempo y la Muerte. En este recuento de trabajos memorables destaca la edición y publicación de la obra de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, Historia de la Villa Imperial de Potosí, realizada por  Gunnar Mendoza y Lewis Hanke. (1965), y no es indiferente al pensamiento y a la crítica de Fausto Reynaga. 
La década a cargo de Paz Soldán inicia en 1967, año marcado, como él afirma, por la guerrilla del Che en Ñancahuazú. El trabajo entra en contexto con la aparición de la novela 100 años de Soledad, de Gabriel García Márquez, para de ahí pasar al surgimiento de la ‘narrativa de la guerrilla’. En el género  novela destaca a la primera obra ganadora del premio Guttentag,  Los fundadores del Alba, de Renato Prada, y Matías, el Apóstol suplente, de Julio de la Vega. Dedica un espacio para detallar la importancia del mencionado premio, hoy extinto, que distinguió a autores  como Yolanda Bedregal, Gaby Vallejo, Gonzalo Lema, Ramón Rocha Monroy, Juan de Recacoechea. 
Muchos otros autores y obras están incluidos por Paz Soldán, Tirinea, de Jesús Urzagasti, así como la literatura que se ocupó de narrar la situación de la mujer en la obra Bajo el Oscuro sol, de Yolanda Bedregal (1971), o ¡Hijo de Opa! (1977), de Gaby Vallejo.
En la década a cargo de Mónica Velásquez, quien nos permite cerrar los ojos y situarnos entre 1977 y 1987, es conmovedor hallar a Taboada Terán, ManchayPuyto, entender el significado del yaraví, además de hallar referencias sobre el arte teatral en figuras como Luis Bredow, Guido Calabi.
Y otras como la de Blanca Wiethuchter, Noviembre 79. La referencia histórica inevitable a Guevara Arce, derrocado por una junta militar de Natusch Busch (Velásquez invita a consultar los trabajos de Herbert Klein y de Pablo Ramos Sánchez). El espacio es breve para mencionar las décadas restantes. 
Si el ansia que germina en escritura fuese en la misma proporción al de la palabra leída, los cambios a los que aspiramos como sociedad acelerarían su curso por las aguas del desarrollo humano, amplitud mental, riqueza de criterios y elevación espiritual. La escritura nacional obra en consecuencia con el contexto en el que nace y se desarrolla, vale decir que literatura e historia van unidas a un mismo cordón umbilical en Bolivia. Gran regalo el de Asoban y excelente labor de Gabriel Chávez Casazola.